Soberanía alimentaria

La sandez identitaria no es nueva en España, ni la han inventado los etarras, ni siquiera los etarras tuneados de Bildu, que ahora proclaman la “soberanía alimentaria”.

Carme Ruscalleda puede presumir de muchas cosas, y todas ellas merecidas. Incluida la aludida sandez identitaria. Ruscalleda podría limitarse a presumir de su mejor logro: ser la única mujer con cinco estrellas Michelin, tres por su restaurante en España y dos por el que posee en Japón. Pero quiso entrar en el terreno de la pulsión etnicista olvidando que lo suyo es el puchero y una gran simpatía. En declaraciones a El Mundo el 4 de enero de 2006 afirmó:

“Cataluña no es un invento; hay una lengua, una cocina. Por lo tanto, es una nación.”

Bildu hereda la tradición de todos estos ilustres “pensadores” étnico-gastronómicos, que dedican sus largas y generosas sobremesas a componer algo parecido a argumentos para demostrar que la identidad de sus nacioncitas pasa por la termomix.

A principios de 2009 colgué en BBS una somera antología de las estupideces identitarias nacidas al calor del fogón (y seguramente de bastantes botellas de vino). Lo que sigue es un resumen.

El nacionalismo culinario

La relación de los comedores con el nacionalismo viene de antiguo, porque cualquier fe que se precie debe abarcar todos los ámbitos de la existencia, desde las embajadas hasta el fogón. El afán nacionalista por  buscar señas de identidad hasta en la tortilla ha conducido a los teóricos del etnicismo a proponer curiosas exaltaciones del binomio patria-puchero.

El nacionalista profesor de la UPV Francisco Letamendia, notorio perseguidor de demócratas, contribuyó al restablecimiento de las señas de identidad euskaldunas y a la lucha por la liberación nacional de su imaginario pueblo con una impagable tesis sobre la cocina regional vasca:

“La cocina, fruto gozoso de la larga relación de los hombres con su entorno físico mediante la cual convierten la necesidad fisiológica de alimentarse en cultura, constituye una seña esencial de identidad de los pueblos. La cocina es un factor cohesionador de todos los vascos. La cocina vasca se ha convertido en el emblema de la ‘gran cocina’ en la capital del reino. Puede verse en ello una prueba más de la debilidad de la revolución burguesa en España, que no ha podido impedir el acceso en los últimos veinte años al rango de ‘gastronomía dominante’ de la cocina de un territorio, el vasco, algunos de cuyos otros elementos identitarios están implicados, como todo el mundo sabe, en el más agudo de los conflictos nacionales proseguidos tras la muerte de Franco.”

La notoria etnicista Isabel Clara Simó ha defendido en numerosas ocasiones la cocina “nacional” catalana de la intromisión española:

“Ferran Adrià es un genio es la persona más internacional de los Països Catalans (…) Sobre Adrià hay fuerzas que actúan con un afán y una laboriosidad máximos (…) La constante españolización de su nombre y de su cocina. La prensa española se lo ha apropiado, lo ha hecho suyo, le ha abierto los brazos y se ha apoyado en él. No olvidemos que no hay cocina española internacional de este nivel (…) Con respecto a la cocina culta, en la Península hay algunos cocineros vascos y algunos catalanes (y contando mujeres cocineras, obviamente). Así pues cuando aparece un genio como Adrià, se le hispaniza deprisa y corriendo.” (Publicado en Avui, 31.4.05)

Esta suerte de nacionalización culinaria también puede analizarse desde una óptica más izquierdista. Ignasi Riera, histórico de la izquierda catalana y nacionalista convencido, halla en los pucheros, como Ruscalleda, la raíz histórica de los supuestos “países catalanes”:

“El título del libro que tengo en frente: Thesaurus de la cuina catalana i occitana, con prólogo de Robert Lafont, la persona que más ha hecho por recordarnos que valencianos, menorquines, ibicencos, catalanes, andorranos e incluso mallorquines somos primos hermanos de los occitanos, hijos de una historia cultural mucho más sutil y jugosa que la marcada por las administraciones públicas que nos hablan de tres Estados y no sé cuántas comunidades históricas. Somos un país más grande del que nos creemos, marcados por una memoria de hambres seculares y por una búsqueda permanente de un paraíso al alcance: el de los cinco sentidos que conforman la memoria collectiva de un ágape compartido.” (Publicado en Avui, 31.3.05)

El nacionalismo se encuentra en los pucheros tanto como en la queja prepolítica del victimismo identitario, en la instrumentalización de las lenguas tanto como en el pepino étnico.

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Más información en:

Gastronomía nacionalista: la hora del puchero identitario

Facultad de Ciencias Gastronómicas: el nacionalismo culinario

 

Esto se acaba

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El mundo de mediados del XX, en cuyo caldo fuimos cultivados, está desapareciendo. Y el modelo que instauró la transición se está hundiendo sin remedio en medio de la indiferencia general. La pregunta ahora es si la hecatombe que viviremos se llevará por delante los pestilentes valores sobre los que hemos construido nuestra vida colectiva.

Llegaremos a las manos como los griegos de la plaza Sintagma o como nuestros abuelos de Belchite, pero llegaremos. Y los que alcancen esa circunstancia en mejor forma serán los que dirijan la sociedad del siglo XXI.

Todas las sociedades han avanzado gracias a, o por causa de períodos de violencia. La idea nos repugna: somos hijos de la decadencia de nuestro opulento y corrupto imperio romano y no queremos más sangre que la del circo de las teles o los estadios.

Pero caminamos con firmeza y rapidez, aunque quizá en la ignorancia, hacia la violencia de la que tendrá que nacer la sociedad que vivirán quienes nos sucedan.

En la medida de mis ínfimas posibilidades, trabajo para que el momento nos pille con mucho músculo moral. Porque la posibilidad de que la violencia que nos espera se lleve por delante los valores sobre los que hemos construido la sociedad que ahora se hunde, merece nuestro máximo esfuerzo.

El tiempo juega a nuestro favor. Y también la fortaleza de unas convicciones que no son precisamente las que ahora están en cuestión. De modo que, desde el pozo del desastre en el que nos sumergimos a velocidad imparable, me declaro profundamente optimista.

Cómo no sentirse esperanzado cuando asistimos al colapso de los valores que, en los últimos 30 años, han hecho de nuestra sociedad un lodazal.

Se hunden también las estructuras políticas sobre las que esos valores se han sustentado y de las que han vivido como alimañas carroñeras.

Empiezan a caer los mitos ideológicos y culturales que arrasaron nuestra mente en los años en que debíamos ser educados y no adoctrinados.

Se hace añicos la casta política, cultural, económica, mediática, responsable de nuestro empobrecimiento material y moral.

Empezamos a caminar sobre los restos de las instituciones con las que todos ellos pretendieron construir un mundo a la medida de sus intereses.

¿Por qué habría de preocuparme el hundimiento de un modelo de sociedad que se ha dedicado única y exclusivamente a abducirme y a tratar de acabar con mis valores desde que tengo uso de razón?

El caso de los jueces millonarios

¿Para qué necesita el CGPJ más de 12 mil millones de pesetas? En España algunos jueces parecen tener carta blanca con el dinero público. Los millonarios privilegios del Consejo General del Poder Judicial requieren una “lobotomía” urgente de la institución.

Alberto Ruíz Gallardón, que por tercera vez intenta pasar a la historia, ahora como el gran reformador, debería explicar por qué sigue habiendo jueces de primera y jueces de a pie.

Los miembros del Consejo General del Poder Judicial cobran 112.000 euros al año. Su presidente, 130.000€. Todos ellos disponen de coche oficial y gastos de representación sin apenas límite: no tienen que justificarlos, basta con presentar las facturas.

El CGPJ dispone de un presupuesto de 74.087.730 euros (más de doce mil millones de pesetas). No es necesario aplicar a esta institución criterios de rendimiento demasiado estrictos para juzgar qué hacen sus responsables con el dinero que les entregamos:

  • Miembros del CGPJ: 21.
  • Actividad: “Garantizar la independencia de los jueces en el ejercicio de la función judicial” (web del CGPJ).

La vileza cotidiana del Gobierno PP y el egoísmo de sus dirigentes críticos

Al PP de Mariano Rajoy le falta tiempo para apoyar las políticas más conspicuas del zapaterismo. Ahora en la ONU, de la mano de Bibiana Aído y con el aborto. Ayer con EpC. Siempre con su sumisión a los valores de quienes tienen como único objetivo destruir nuestro modelo de sociedad.

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Jamás compararía a UGT con Cáritas pero…

Gracias Caritas
Este es el correo electrónico que está enviando UGT para mostrar su apoyo a las personas que están padeciendo con mayor dureza las consecuencias de la crisis económica.

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10 mentiras sobre la limpieza lingüística en Cataluña

Plataforma per la llengua
Organizaciones racistas como el Ku Klux Klan consideran a las personas por el color de la piel y parten de este dato para organizar la sociedad. El nacionalismo ha cambiado la piel por el idioma. El resultado es el mismo: una sociedad enferma. El sueño de la lengua impuesta produce monstruos. 

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