Bertsolaris patriotas: la forma mamarracha de la lírica vasca

Seamos buenos niños, respetemos el fraternal ambiente navideño que va llegando y dediquemos aunque sea por una vez este sitio a la poesía.

Seguro que la inmensa mayoría de bertsolaris son gente sensible y de buen corazón, que dedica su tiempo libre a glosar cosas tan poéticas como las suegras o las borracheras con los amigos. Seguro que casi todos son así. Pero es que incluso echándole buena voluntad al asunto, no hay manera de librarse el chapapote étnico.

Sucede que los bertsolaris son personas que, además de hablar de la suegra y de las botellas que cada cual es capaz de beber, se ocupan también de asuntos tan trascendentes como los que a continuación reseñan los propios bertsolaris:

“La Universidad en euskara y su problemática. Las reacciones ante estancia en Cuba. La disputa entre alcalde y grupo de rock. El antimilitarismo. La inmigración y cultura euskaldún. Los conflictos políticos de Euskal Herria e Irlanda. La memoria de guerra.” (¿Que canta el bertsolari?)

Como resulta harto difícil sustraerse a la tentación de hincarle el diente a texto tan jugoso y prometedor, procedamos sin más miramientos:

“El bertsolarismo es una expresión cultural con su propio peso específico dentro de la cultura euskaldun. La comunidad euskaldun es una comunidad lingüística de cerca de 600.000 hablantes, repartida en cuatro provincias del estado español y tres provincias del estado francés.” (Ubicación del bertsolarismo: la comunidad euskaldun)

Inclito representante de la forma más patética de esta manifestación de la cultura tradicional vasca ( o sea, de su vertiente “patriótica”) es el bertsolari Xabier Silveira, habitual en las páginas del panfleto racista Gara, en las que da pruebas de la sólida formación cultural y de la sensibilidad que le adorna. La siguiente cosa lleva el poético y musical título de Me cago en la virgen:

“No sé qué día es hoy, ni me importa. Total. No sé por qué no trabajáis hoy, pero tomo nota. Igual… Y tomo también en mis manos, como si de papel higiénico se tratara, el calendario hispano-cristiano y acaricio mi esfínter con él después de haberme cagado en la virgen. Pero no confundamos mala educación con necesidades fisiológicas tales como la de cagarse en la virgen, sea o no lo defecado una inmaculada concepción.

“¡Ostia, qué retorcijón! Me cago en la virgen otra vez al recordar a De Juana, al imaginármelo en la cama enchufado a la vida por vía intravenosa o al reflexionar en torno a lo poco y lo mal que estamos respondiendo como pueblo ante tal barbaridad. Me cago en la virgen al ver desfilar en la Audiencia Nacional a Unai Romano, acusado ahora de pertenencia a ETA por la cara, cuando fue de este mismo modo como lo conocimos: por la cara. Impresionante.” Xabier Silveira, Me cago en la virgen.

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