El catalanismo amontillado

Montilla prometió prudencia y contención en los gestos identitarios. Aseguró que él y los suyos habían escarmentado. Luego colgó una bandera española en una consejería y la tribu étnica, que ahora permanece agazapada, aplaudió con cínico entusiasmo. A continuación…

A continuación esto: “Catalunya participa como Estado en una reunión cumbre de la ONU”. La información dice literalmente tal que esto:

“El secretario de Asuntos exteriores de la Generalitat, Albert Royo i Mariné, participará el próximo 11 de diciembre en Ammán (Jordania) en un encuentro de Donantes Internacionales organizado por la Agencia de las Naciones Unidas para la Ayuda a los Refugiados de Palestina. Es la primera vez que el Gobierno de Catalunya participa en un encuentro de Donantes de las Naciones Unidas al mismo nivel de otros estados. Royo ha declarado que ‘el Gobierno de Catalunya ha firmado acuerdos estables con varias agencias y fondos de las Naciones Unidas, y ha desplegado misiones de observación electoral en países inmersos en procesos de paz. De este modo se consolida como un actor comprometido a nivel mundial, hecho que se refleja en la participación llena a acontecimientos internacionales al mismo nivel de los estados’.” (Catalunya participa com a Estat en una cimera de l’ONU)

Montilla cuelga una bandera española en una consejería y a continuación esto otro:

“Los catalanes no pudimos hacer tratos con las colonias españolas de Sudamérica hasta el 1778, cuando el Imperio donde no se ponía nunca el sol tocaba a su fin. Paradojas de la vida, ahora hemos debido volver allá para encontrar el reconocimiento internacional que el catalanismo busca infructuosamente desde que España perdió las últimas colonias en 1898. La Federación Catalana de Patinaje ha ido a probar suerte y lo ha encontrado. Seminolas y catalanes, por una vez, hemos ganado.” Savador Cot, Els indians patinadors.

Y también esto: “ERC e ICV [miembros del tripartito] plantean recurrir el aumento de horas de castellano”.

“Esquerra, ICV-EUiA y CiU no aceptarán de brazos cruzados que las escuelas catalanas deban impartir tres horas semanales en castellano, una más de lo que ahora es habitual, por decreto del Gobierno español.” (ERC e ICV-EUiA plantean recurrir el aumento de horas de castellano)

Jordi Pujol parte 3, es decir, José Montilla, lleva semanas predicando la buena nueva: ya no habrá nacionalismo asilvestrado como en la etapa de Jordi Pujol parte 1 y Jordi Pujol parte 2, porque ahora llega el catalanismo amontillado, al que su creador ha dado en bautizar como “patriotismo social”.

Las víctimas incautas han empezado a buscar la bolita que el nuevo presidente regional catalán mueve de uno a otro cubilete sin parar. Las víctimas escarmentadas nos dedicamos a seguir el rastro del delito retórico, porque no estamos más que ante eso, otro truco lingüístico para seguir trasegando con lo mismo. Ahora no se llama tripartito sino Entesa blablablá, y no se llama catalanismo, o nacionalismo, sino “patriotismo social”.

La huella del delito aparece por todas partes. Por ejemplo, en las filas de los partidarios de las mil formas que adopta el tripartito en Cataluña:

“Patriotismo social, entendido. Todos lo hemos asimilado perfectamente: no habrá ningún progreso en la cuestión nacional y se acatará sin protestar el sistema simbólico del PSC (perdón, de España, quería decir). Es la ley Montilla (perdón, de España, quería decir otra vez). La contrapartida, dicen, al hecho que el Estado pueda dar por resuelto el problema catalán es una supuesta conversión de Catalunya al paraíso socialdemócrata, con mucho dinero para sanidad y enseñanza y una gran sensibilidad social.” Salvador Cot, Patriotisme i ensenyament.

O sea que si te quitan la bandera de la consejería, no te preocupes, que a cambio te van a soltar dinero por un tubo. Lo uno por lo otro. Tomemos nota.

El “patriotismo social” de Montilla no es un invento de Montilla sino de Carod-Rovira, que patentó tan casposa fórmula hace años para poder embaucar a progres llegados de otras regiones y afincados en Cataluña. Carod lo llamaba antaño, en tiempos de Jordi Pujol parte 2, “nacionalismo cívico” y últimamente lo ha definido como “nuevo catalanismo”:

“El catalanismo de este gobierno no será catalanismo de fin de semana, será un catalanismo de lluvia fina, un catalanismo de la cotidianidad, de construcción diaria, un catalanismo de autoestima y valoración positiva de las cosas propias, sin negar las que no lo sean, y sin complejo de inferioridad.” (Avui)

Lo cuenten como lo cuenten, el catalanismo amontillado que ahora nos va a tocar vivir consiste en vestir la mona de “un patriotismo social que abandone las proclamas identitarias”. O sea, me descuelgue la bandera de la consejería, que si no, en vez de llegar el dinero es capaz de llegar el PP. O Ciudadanos.

Mientras tanto, el nuevo presidente regional entrega la política de represión lingüística a Carod-Rovira, que de paso también se encarga de las “relaciones internacionales” del nuevo tripartito, mientras su colega Puigcercós, personaje de pasado dudosamente democrático, se encarga de Gobernación y Saura de la policía. De uno de los cuerpos de policía del nacional progresismo, puesto que hay muchos y de muy diferentes especies, aunque no todos lleven porra y vayan uniformados. Por ejemplo, el que se encarga de aplicar la antes mencionada política de represión lingüística. O el que se encarga de preservar las peregrinas iniciativas de otro siniestro con nómina pública, Huguet, que también defiende el “patriotismo social” y tiene en su haber la política de subvenciones en función del idioma.

El “patriotismo social” es la forma de llamar a la bazofia étnica de siempre cuando se acercan las legislativas y tras ver en el fondo de las urnas que la pulsión identitaria que ha empapado a la izquierda zapatera solo sirve para que la gente salga pitando.

Montilla cuelga y descuelga alguna que otra bandera y tal vez haga algún gesto más relacionado con la lengua. Pero no se aleja ni un milímetro del patrón marcado por el nacionalismo que se ha convertido ya en seña de identidad, esta sí, de una izquierda incapaz de levantar una propuesta ideológica con los tristes cascotes del muro de Berlín. El catalanismo amontillado es más de lo mismo. Las sedas no logran ocultar el alma peluda de la mona étnica.

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4 comentarios

  1. Sublime, como siempre. Qué pena que estas informaciones no lleguen, salvo a duras penas, al resto del país. Todavía me encuentro personas que me niegan que sea imposible estudiar en un colegio público catalán que imparta la docencia en Español (al margen de la asignatura de Lengua Española, claro está) .
    Además, el ciudadano medio español está cada vez más harto de que en los telediarios sólo se hable de Cataluña y País Vasco, y ni siquiera conoce una pequeña parte de lo que se está jugando allí.
    Mucho ánimo a los catalanes que no se conforman con el cuento de las banderas, los himnos y la historia inventada.
    Un saludo.

  2. Magnífico post Bye Bye Spain. Cuando los políticos no llaman a las cosas por su nombre malo, pero malo malo.

  3. Efectivamente, BBS, con la caida del muro de Berlín la izquierda se ha quedado en pelotas. Y no se le ha ocurrido nada mejor que tapar sus vergüenzas con…digamos… un “traje” nazionalista. Éste concretamente lleva barretina. Pero también lo hay con chapela. Para tener de quita y pon.
    Han caído muy bajo.

  4. rober juaristi · · Responder

    parece ser que el etnicismo imperialista español esta de nuevo en boga.
    Espero que sea menos fascista que hace sesenta años para que no corra tanta sangre.
    AGUR ESPAÑA!.-BETIRARTE!.-

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