¿Qué es ser español?

“¿Qué es ser español? ¿Entienden los españoles realmente quiénes son? La experiencia nos enseña que muchos de los que insisten en la importancia de «ser español» están usando la palabra «español» de una manera que es, a la vez, conflictiva y exclusiva.”

El historiador británico Henry Kamen acaba de firmar un análisis acerca de la crisis de la identidad nacional en el Reino Unido y de los paralelismos que esta situación tiene en España.

Hace unos días el líder conservador británico, David Cameron, proponía la creación de una nueva fiesta nacional con la que puedan identificarse los nuevos ciudadanos llegados al Reino Unido. La facilidad con la que, a lo largo de los siglos, los británicos han sabido adaptarse a la Historia y a las más cambiantes circunstancias no debería caer en saco roto a los ojos de los españoles, que en estos asuntos solemos manejarnos con bastante rudeza. La conclusión a la que llega Kamen con respecto a nuestro país resulta un tanto estremecedora:

“El fracaso para definir [la identidad española] adecuadamente puede ser un serio defecto. Como consecuencia, no será sorpresa alguna si generaciones futuras de ciudadanos de España, que tienen sus orígenes en otras religiones y otras culturas, no logran desarrollar ninguna lealtad hacia el país en el que han crecido. Cuando esto suceda, España no sólo tendrá el problema de ETA, tendrá muchos problemas, y muchas crisis de lealtad del tipo de las que los británicos están ahora intentando ocuparse.”

El artículo de Kamen resulta incómodo porque se interroga a propósito de la carencia de una definición identitaria de la nación española. Quienes nos enfrentamos a los nacionalismos tenemos claros los conceptos identitarios o, si se prefiere, patrióticos que se derivan de una interpretación constitucionalista de la identidad nacional. Pero seguramente nuestra visión del patriotismo y de la identidad adolece de exceso de elaboración teórica y de una desoladora falta de simbología, elemento indispensable en la configuración de cualquier identidad colectiva.

El patriotismo constitucionalista que hemos venido elaborando desde que comenzara el asalto nacionalista al Estado constituye una buena herramienta para enfrentarse al casposo panorama ideológico de los partidos etnicistas y a sus decimonónicos planteamientos. Pero no deja de ser una construcción teórica que, si bien resulta útil a la hora de diferenciarnos de ellos y de la herencia franquista, a la que tan próximos están, es poco adecuada cuando se trata de salir a la calle a exhibir nuestra maltrecha reclamación de unidad nacional.

Las circunstancias del Reino Unido y de España son distintas. Y seguramente nosotros estamos a punto de tirar la toalla en lo concerniente al intento de atraer a los nacionalismos, si es que no la hemos tirado ya. Nuestra adaptación a las circunstancias se llamó estado de las autonomías, y no ha servido para gran cosa. Ahora estamos en otra fase, en la de recuperar para el Estado las cesiones hechas a cambio de lealtades que jamás existieron más que en la retórica oportunista y circunstancial de los líderes etnicistas de los 70 y los 80.

Sin embargo Kamen tiene razón: prescindiendo del hecho de la persistencia de los nacionalismos, no tenemos una idea clara de nuestra identidad ni en el terreno simbólico, ni en una elaboración teórica al alcance de la mayoría. Sabemos lo que no queremos. Seguimos siendo a base de negar, nos definimos por lo que rechazamos.

También es cierto que nuestra brevísima democracia no ha dado para mucho más. Nos falta tiempo. Aunque a decir verdad, hemos avanzado más en la construcción de una identidad nacional y de un patriotismo actualizado durante estos años de zapaterismo que en el medio siglo anterior.

Mientras aguardamos a que aparezcan mentes más lúcidas que iluminen los caminos por los que debe transitar nuestra idea de nación, de patriotismo y de identidad no nacionalista, no estaría mal que se abriera el debate. Y en este sentido el artículo de Henry Kamen es muy adecuado:

“¿Qué es ser español? ¿Entienden los españoles realmente quiénes son? Cuando uno de los jóvenes que se pelearon recientemente con otros chavales latinoamericanos, provocando importantes disturbios en la localidad madrileña de Alcorcón, fue criticado por su conducta, respondió: «Esto no es racismo, es ser español y defender lo nuestro». Sería difícil encontrar defectos en su argumento. En cualquier país del mundo, patriotismo significa proteger la forma de vida autóctona contra los extranjeros. Este mismo principio lo manifiesta un escritor de derechas de hoy cuando dice que «es más importante ser español que europeo».

“Desafortunadamente, la experiencia nos enseña que muchos de los que insisten en la importancia de «ser español» están usando la palabra «español» de una manera que es, a la vez, conflictiva y exclusiva. Para ellos, un español vive en una tierra imaginaria e ideal que no sólo excluye a la mayor parte de la raza humana, sino también a secciones de la población de la España histórica (en su momento, por ejemplo, judíos y musulmanes). Prefieren olvidar el hecho de que este país siempre ha tenido problemas en cuanto a su propio carácter, y que muchas naciones no son realidades permanentes, sino que han de luchar constantemente para conservar sus identidades.

“Este hecho, allá en 1640, lo expresaba un perceptivo Baltasar Gracián, cuando observaba (refiriéndose sobre todo al imperio) que «en la Monarquía de España, donde las provincias son muchas, las naciones diferentes, las lenguas varias, las inclinaciones opuestas, los climas encontrados, es menester gran capacidad para conservar, asi mucha para unir». En otras palabras, es difícil alcanzar y mantener una identidad firme. En el siglo XXI eso se ha hace aún más difícil, y aquellos que insisten en el concepto de «ser español» tendrán que aceptar la realidad de que serlo no es una realidad fija, que las condiciones sociales ya han cambiado lo que representa, y que habrá todavía más cambios en el futuro.

“Este problema identitario ya es agudo en el Reino Unido, donde el concepto de «ser británico» o incluso el de «ser inglés» no es hoy lo que era hace 100 años. Un escritor reciente se lamentaba en The Times de que «la nación flota en busca de una definición donde agarrarse, ahora que todas las viejas características nacionales se han extinguido». Y, ciertamente, es verdad que «ser inglés» ha cambiado tan radicalmente que necesitamos mirar antiguos programas de televisión para visualizar la Inglaterra que una vez conocimos y creíamos que nunca cambiaría. Aquel país de tranquilos pueblos, de conversión educada con un acento inconfundible, de la iglesia de los domingos, del té con bollos de la tarde y de botes navegando por el río en tardes soleadas ha desparecido para siempre. En su lugar, la segunda mitad del siglo XX trajo cambios intensos y profundos: la secularización, la urbanización, la inmigración y, finalmente, el multiculturalismo, hizo volar el viejo sueño inglés y nos dirigió hacia un mundo que todavía no somos capaces de definir.

“En los últimos meses, han aparecido dos o tres libros (más recientemente, The English National Character, de Peter Mandler) que intentan examinar lo que ha ocurrido. El debate sobre la esencia británica ha llegado hasta el Parlamento, mientras los políticos intentan sugerir soluciones a la pérdida de identidad. El hecho es que el Reino Unido ha cambiado de manera tan fundamental que sus ciudadanos ya no saben si son británicos o qué son, y la nación -piensan muchos- ya no tiene una identidad clara.

“En circunstancias normales, los británicos aceptarían la situación y permitirían que se desarrollara la evolución lentamente. Sin embargo, como un reseñador del libro de Mandler apunta: «Su libro nos habla menos del carácter inglés que sobre pasadas autodefiniciones de identidad. Nos hace falta una nueva. Sin identidad, no puede haber lealtad. Y, sin algún reconocimiento de lealtad e identidad común, tenemos una sociedad en la que personas nacidas y criadas aquí pueden llegar a ser terroristas suicidas».

“Los británicos siempre estuvieron orgullosos de su capacidad para enfrentarse a Hitler en la Segunda Guerrra Mundial, al igual que lo habían hecho anteriormente contra Napoleón y, aún yendo más lejos, contra la Armada Invencible de Felipe II. La necesidad de autodefensa ayudaba a generar patriotismo e identidad. La supervivencia de Gran Bretaña reforzaba el orgullo nacional, porque demostraba que todas las clases sociales eran capaces de unirse en contra de las amenazas dirigidas contra su seguridad y su cultura. La supervivencia también daba más confianza, y ayudaba a fortalecer muchos mitos sociales, aunque éstos no eran en general conflictivos y con el tiempo se resolvían por sí mismos. Las distinciones de clases, por ejemplo, empezaron a erosionarse, y se puso rápido remedio a la exclusión de las mujeres de la vida pública. Del mismo modo, los británicos lograron absorber las muy difíciles décadas de la inmigración extranjera en el siglo XX, y fueron capaces de aceptar con considerable tolerancia una nueva sociedad en la que caras de color moreno y negro ocupaban un significativo lugar al lado de las blancas.

“Sin embargo, ¿aceptaban todas aquellas nuevas caras formar parte de la cultura nacional británica? ¿O, por el contrario, nunca se integraron en la nación y su cultura? ¿Y qué decir acerca de irlandeses y escoceses? ¿Estaban contentos con el estado de cosas? Comentaristas recientes parecen sugerir que los escoceses (que siempre han sentido que ellos eran más británicos que los ingleses) están consiguiendo la suficiente seguridad en sí mismos como para ya no necesitar identificarse con sus vecinos del sur. En absoluto son antiingleses, pero empiezan a apreciar que Escocia tiene su carácter distintivo. La consecuencia de los acontecimientos del último medio siglo, entonces, es que ya no estamos seguros de lo que significa ser británico. Efectivamente, la definición del ser británico ha tenido que cambiarse para hacer posible la cohesión social.

“¿Ha sido ése un desarrollo poco saludable? No necesariamente. De hecho, como Mandler enfatiza, «ser inglés», lejos de ser un juego identificable de atributos, ha sido siempre una variable e inconsistente noción, modificándose para venir bien con las necesidades del momento. En cada siglo y generación, hubo distintas maneras de definir las características nacionales. Lo que no ha cambiado, por supuesto, es la necesidad básica de la lealtad de los individuos y grupos multiculturales. Es la razón por la que, esta semana, el líder del partido Conservador, David Cameron, ha sugerido que debería crearse una nueva fiesta nacional para ayudar a que las nuevas comunidades se identifiquen directamente con la sociedad en la que viven.

“La voluntad de un pueblo tan tradicional como el británico de reconsiderar los atributos básicos de una identidad nacional debería dar cierto ánimo a los españoles, que nunca han disfrutado nada remotamente parecido a una identidad nacional. Es significativo que cuando algunos protagonistas del «ser español» intentan definirlo usan definiciones que evitan afrontar la compleja realidad de la Historia peninsular y buscan refugio en antiguos mitos o en una ideología política de la década de los 30 del siglo pasado. El resultado es que su punto de vista de «ser español» acaba siendo históricamente falso, demagógico e incluso racista. Sin embargo, al menos ellos han intentado, como Ramiro de Maeztu, definir identidad nacional.

“¿Qué podemos decir sobre el fracaso de otros para crear una visión alternativa de España? Es sorprendente que los liberales estén de acuerdo con la identidad de España pero jamás hayan hecho -que yo sepa- ningún intento para definirla. Como saben los sociólogos, la identidad no es algo que existe, siempre necesita que se la construya y defina.

“El fracaso para definirla adecuadamente puede ser un serio defecto. Como consecuencia, no será sorpresa alguna si generaciones futuras de ciudadanos de España, que tienen sus orígenes en otras religiones y otras culturas, no logran desarrollar ninguna lealtad hacia el país en el que han crecido. Cuando esto suceda, España no sólo tendrá el problema de ETA, tendrá muchos problemas, y muchas crisis de lealtad del tipo de las que los británicos están ahora intentando ocuparse.” Henry Kamen, El ‘ser español’ y la difícil convivencia social (€).

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22 comentarios

  1. No acabo de entender la diferencia entre patria y nación, nacionalismo y patriotismo. Según el diccionario de la RAE:
    nacionalismo.
    1. m. Apego de los naturales de una nación a ella y a cuanto le pertenece.
    2. m. Ideología que atribuye entidad propia y diferenciada a un territorio y a sus ciudadanos, y en la que se fundan aspiraciones políticas muy diversas.
    3. m. Aspiración o tendencia de un pueblo o raza a tener una cierta independencia en sus órganos rectores.
    patriotismo.
    1. m. Amor a la patria.
    2. m. Sentimiento y conducta propios del patriota.
    patriota.
    (Del gr. πατριώτης, compatriota).
    1. com. Persona que tiene amor a su patria y procura todo su bien.
    patria.
    (Del lat. patrĭa).
    1. f. Tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.
    2. f. Lugar, ciudad o país en que se ha nacido.
    Vaya, la patria está ordenada como una nación, ergo nacionalismo = patriotismo, además los dos términos (nación y patria) acaban vinculando al ciudadano de la misma forma.
    Eso sí, un nacionalista español nunca se definirá como un nacionalista, sinó como un no-nacionalista (curiosa definición a través de la negación, del todo absurda) o un patriota. Eso sí, un catalán o basco sí serán nacionalistas, pero no patriotas.
    Señor, las etiquetas que usted pone provienen de los intereses ideológicos de ciertas personas y del box populi castellano, pero etimológicamente son paupérrimas.
    Escribo éste post sin demasiadas esperanzas que el señor bbs me conteste, ya que leyendo otros temas de ésta web veo que solo contesta a sus allegados ideológicos, retroalimentándolos.

  2. Joan:
    Por fin me place leer un texto relativamente razonado. Pero debo decirte que los que son autenticos no-nacionalistas son aquellos que definen su patria como el mundo entero. Dado que hoy por hoy no existen humanos mas alla del planeta Tierra, no tiene sentido llamarle a alguien cuya patria es el mundo entero como ‘nacionalista’, ya que el concepto nacion solo se define diferenciandolo de otras naciones. Puesto que para un no-nacionalista (ciudadano del mundo) solo existe una ‘nacion’ (esperando todavia que nos instalemos en la luna o Marte) no se pueden definir otras ‘naciones’ aparte del mundo.
    Eso si, tienes toda la razon en que los nacionalistas espanyoles son nacionalistas, pero muchos siempre tendeis a negar la existencia de los no-nacionalistas, los de verdad, que somos unos cuantos aunque nos negueis la existencia. Pero negar la existencia de otros forma parte de la filosofia nacionalista al fin y al cabo, o sea que en ese sentido tambien te puedes considerar coherente en tu nacionalismo.

  3. Un articulo muy interesante,pero un parrafo me ha creado confusión.En el que hablas de los que fueron a pegarse con los inmigrantes y decian que lo hacian por España y que el escritor dice que quien le va a negar que lo hagan por eso,pero como tu dices en otros articulos lo importante es el respeto a la constitucion,entonces,la respuesta a esos grupos latinos(por llamarlo de alguna forma)¿no deberian haberlo hecho la policia y los jueces?.
    Por lo demas si es cierto que es dificil ver cual es la identidad que se tiene ahora mismo,pero en el futuro,los inmigrantes que vienen a España tb hay que tener en cuenta que estan muy agradecidos la oportunidad que tienen de estar en un sitio mejor,asi que creo que querran España tanto como nosotros,asi que al menos en un futuro proximo no creo que tampoco tengamos porblemas identitarios con los inmigrantes,creo.

  4. Agradecidos?
    Los inmigrantes no tienen que estar agradecidos de nada. Esa es una de las maximas nacionalistas, la que usan hasta la extenuacion todos los nacionalistas… Yo soy inmigrante, lo he sido en un monton de sitios, y no tengo porque agradecer mi situacion a otra cosa que no sean mi familia, mi trabajo y mis meritos propios. A cuenta de esa bondad y generosidad extrema me han admitido en sitios para luego echarme cuando ya consideraban qu no me querian mas. El hecho de que existan fronteras por cojones puede otorgar derechos por ley a los habitantes de un Estado pero derechos morales no tienen mas que cualquier otro. Mi derecho a trabajar en un pais es el mismo que el de cualquier otro ciudadano y no tengo que pagar canones de agradecimientos a burdos burocratas que normalmente no tienen un dedo de cerebro.

  5. No estoy de acuerdo con el tío este inglés. El Reino Unido adolece de más carencia de identidad nacional que España a pesar de haber sido tradicionalmente una nación más avanzada. Sólamente durante el siglo XIX los habitantes de las islas birtánicas han tenido conciencia de nación, cuando el imperio. Además, Gran Bretaña como entidad nacional es muy reciente, 1707 aunque Gales ya se había unido forzosamente al poder inglés en a finales del s. XIII. Y qué pasa hoy? Pues que el Reino Unido tiene una crisis identitaria precisamente por ser un imperio extinguido. A lo largo del siglo XX todas las colonias británicas terminaron por independizarse,incluso Irlanda en 1922, y a ojos de muchos británicos, los patriotas
    son vistos como nostálgicos de la era victoriana.Aquí, en España, nos hemos acostumbrado a estos cambios desde hace mucho tiempo, portque:
    1. En 1713 perdimos los territorios europeos, cambiamos dinastía y nos renovamos un poco
    2. En 1812 perdimos el imperio colonial americano, pero coincidió con el año de proclamación de la constitución de cádiz, que aportó un sentido nuevo a la manera de “sentirse español”
    3. con la pérdida de Cuba y demás, el sentimiento español se hizo más fuerte (aunque más pesimista) pues ya no había nada que defender fuera, con lo el patriotismo se convirtió en un sentimiento “de puertas para adentro”.
    Todo esto es lo que contestaría a este señor inglés.

  6. El problema de la “identidad española” es que aquellos pseudopatriotas que pretenden erigirla no hacen sino dinamitar cualquier atisbo de cimiento, inventando un concepto propio de España que para nada encaja con el sentimiento de una gran parte de aquellos a los que quieren incluir. Con ello, el españolismo ostenta el dudoso mérito de ser el nacionalismo mas antipatriota sobre la faz de la tierra.
    Dice BBS que “El patriotismo constitucionalista que hemos venido elaborando desde que comenzara el asalto nacionalista al Estado constituye una buena herramienta para enfrentarse al casposo panorama ideológico de los partidos etnicistas y a sus decimonónicos planteamientos” curiosa valoración, pues como él mismo nos pone de manifiesto diariamente en su blog, el nacionalismo no hace sino radicalizarse y extenderse por España día a día ¿No estará sembrando lo que en realidad pretendía exterminar? (A los resultados electorales de ERC bajo mandato del Sr. Aznar me remito).
    Si se fijan Uds. Todas las guerras civiles españolas (que ha habido varias) siempre se han desarrollado, en mayor o menor medida, con el trasfondo de la disputa territorial (Guerra de sucesión, guerras carlistas, guerra civil propiamente dicha). BBS, obviamente, pretenderá hacernos creer que esas guerras y cualquier otro enfrentamiento de índole territorial han sido fruto de las tensiones generadas por los intereses caciquiles provincianos… pero la historia no esta a su favor.
    Lo cierto es que los pueblos de la actual España han convivido pacíficamente durante varios siglos, sin mayores tensiones territoriales y con mutuo respeto, quizá incluso con la idea de formar parte de algo en común pero por nada excluyente de aquello que eran individualmente, pero hay un punto de inflexión: la guerra de sucesión. Desde entonces se impone la visión uniformizadora y centralista de España que no ha dejado de generar conflictos hasta la llegada de la situación actual: con movimientos que directamente optan por la independencia y algunos que lo hacen incluso de forma violenta.
    Es la paradoja del españolismo: se devora a sí mismo hasta la muerte.
    Por otro lado, si pretende hacerse un estudio de “patriotismo comparado” hágase bien… por ejemplo, los españolistas acostumbran a recalar, de forma mas que superficial, en la comparación tópica de una gran “nación patriota” cual lo es EEUU, no sin expresar cierto anhelo reprimido. Sin embargo, como digo, el análisis acostumbra a ser superficial, pues los españolistas obvian que a ningún ciudadano de Washington se le ocurre criticar la reforma constitucional de Florida y ese mismo ciudadano, desde luego y precisamente porque sabe que lo contrario seria ser antipatriota, se le ocurre entrometerse en la soberanía de ningún otro estado, ése respeto es la base de su patriotismo y sin el cual, no se podría construir un estado mas grande.

  7. Yo no veo que España tenga un problema de identidad. Más bien dentro de España hay personas que tienen, o más bien se crean ellos solitos, problemas de identidad.
    Unos días quieren ser Autonomías, otro día ser Estados, otro día federarse con otras CC.AA. Al día siguiente ser una nación, al otro un país, pero al dia siguiente un estado libre asociado y al otro una nacionalidad histórica.
    A pesar de esto, es decir, que cada región dedique más o menos tiempo a averiguar qué es, lo que permanece inmutable es la identidad de España, el concepto Nación y lo que implica ser español.

  8. hegumszrilisk · · Responder

    Está claro que España se hunde en un cenagal cada día más profundamente. Divide y vencerás, y es lo que se está haciendo actualmente. Echando una cortina de humo sobre los problemas cotidianos, cuestinándonos algo, que debería haber estado claro hace años. Pero como tontos que no vemos más allá del terruño, nos convertimos en votantes descerebrados para que las burocracias autónomicas aumenten su poder; encima nos cuestionamos lo que somos, algo vano y que no conduce a nada. La unión hace la fuerza, y esto en España ya está desterrado. Las civilizaciones y los grandes países no se desaparecen por enemigos exteriores, sino cuando un pueblo quiere suicidarse, y esto es lo que pasa en este país. La futura confederación de naciones libres asociadas terminará como el imperio autrohúngaro, yugoslavia o checoslovaquía (sin violencia alguna,se supone). Fragmentada y cuarteada en países pequeñitos, que cometerán los pecados, excesos, de las que se acusa a España (que somos todos, incluidos lo que no quieren serlo); y otras cosas inimaginables ahora en esta península. Ya nos echaremos la mayoría la cabeza, exclamaremos en alto en que situación dejaremos a los que nos siguen. En vez de ocuparnos de los problemas graves, dejamos que nos echen los políticos y demás burocratas cortinas de humo sobre cuestiones que no llevan a ninguna parte, y todos a la gresa. Así es como le va a este país.

  9. Lo siento, espero no resultar borde o que os sienten mal mis comentarios pero, ¿De que os quejais? ¿es que a alguno de vosotros os falta el plato encima de la mesa cada dia? las fronteras solo hacen daño, igual que las banderas. Todos hemos nacido en la misma pelota, y eso es lo que realmente importa. No os voy a engañar a mi me importa mucho mas que la gente se muera de hambre a que Catalunya tenga un estatuto, o que los nacionalistas españoles digan que su nacion se divide. Realmente eso no tiene ninguna importancia. Tenemos Trabajo, tenemos salud, y lo mas importante, tenemos algo que llevarnos a la boca cada dia y un sitio donde poder dormir.
    A mi lo que me preocupa es que haya gente que realmente tiene problemas, y que no seamos capaces de verlos, que esa gente lo que realmente echa en falta son problemas tan triviales como los nuestros. Somos todos hijos de una misma tierra, y tenemos que ayudar a los que realmente lo necesitan, no luchar por que esto o aquello se llame España o Catalunya o Euskal Herria.
    Hay que ver mas alla.
    Gracias. Un saludo a todos los que respetan y les gusta ser respetados.

  10. Gracias, Mikel, comparto 100% tu texto. Ojala fuesemos unos cuantos mas asi..

  11. Mikel, lo que dices es muy bonito, pero vamos tocar un poco de pies en el suelo:
    Los que piensan como tu creen que las fronteras son malas. Yo diría que ciertos tipos de fronteras son malas, no generalizéis. No es lo mismo la frontera entre México i EE.UU. que la frontera entre Andorra i Francia, digo yo. Estas fronteras separan realidades diferentes en diferentes contextos (NAFTA, UE, realidad social, económica, flujo de personas, relaciones culturales…).
    Así mismo, nuestro mundo tiene muchos problemas: hambre, guerras, enfermedades… Pero una parte relevante de los problemas se dan cuando las fronteras se quieren imponer a ostias: sea el militar español de turno o el terrorista de ETA, o quien sea. Así que nunca está de mas solucionarlo hablando, aunque sea discutiendo. Ignorándolos poco resolveremos.
    Dónde hay más problemas en el mundo? En África, no? Mira un mapa de África y dime qué opinas de ésas maravillosas fronteras hechas con una regla de medir y un compás. Si sabes analizar la situación entenderàs el porqué y las consecuencias de ésto.
    Acaso poner una frontera entre Somaliland y Somalia es malo? Yo creo que no, pero para discursos fáciles de “fuera fronteras” ésto no tiene cabida…
    Así que analizad el porqué de las fronteras y encima de todo, cómo son las fronteras y qué implican. O acaso todo el mundo se ha de meter ostias como en Palestina para que se pongan unas fronteras que el militarismo estatal del siglo XVIII a XX han impedido surgir?
    Menos demagogia, aunque sea de izquierdas.

  12. Publicidad
    (Alegato contra una supuesta maravilla que ningún político quiere cuestionar)
    Las autonomías, el celebrado Estado de las autonomías es el cáncer de la democracia española, la carcoma de su economía, la hemorragia por la que se desangra la Constitución y el pozo negro por el que día tras día se precipitan los elementos de cohesión, el concepto de ciudadanía, los principios de solidaridad y hasta el sentimiento de formar parte de una misma Nación. El Estado de las Autonomías ha supuesto el más absoluto fracaso y lejos de resolver el problema para el que fue “inventado” lo ha exacerbado hasta límites que nadie de sus “fundadores” hubiera ni siquiera sospechado.
    El Estado de las Autonomías es el peor desastre en que se ha podido meter España pero nadie se atreve a decirlo. Al contrario no hay discurso en que no se pregone su excelencia y todos asistimos complacidos al espectáculo clamando enfervorecidos lo maravillosamente bien que funciona sin querer ni siquiera ver la evidencia de su auténtico fiasco y de la bomba de relojería en la tripas de la Nación en que se ha convertido. Descuiden, no habrá un solo político que ose decir tal cosa ni que deje de cantar loas al sistema. La razón de mayor peso es que a ellos les va muy bien como clase y como casta. En todo suelen estar muy enfrentados. Los Estatutos es lo que mas pactan. La Constitución puede reformarse. El Estado de las Autonomías es intocable. Aún más: irrefutable.
    El Estado de las Autonomías tuvo como esencial función propiciar que determinados territorios con “hechos diferenciales” tuvieran un mejor encaje y pudieran desarrollarlos en la normalidad de una Nación … El disparate del “café para todos” inició la senda del desastre. Porque habrá que considerar desde luego como el más atroz de los fracasos que lejos de sentirse integrados hoy las voces de secesión e independencia son cada vez más claras y más potentes. Y nadie negará, en su sano juicio, ese hecho. Aunque haya quienes pretendan convencernos y a algunos convencen de que la mejor manera de unir es separándolo todo y que como mejor se vertebra es deshaciendo y desvertebrando. El Estado es residual en Cataluña proclamó Maragall. Los que sabían que era así o que le faltaba muy poco se lo tomaron a broma para que nadie se lo tomara en serio. Pero es serio.
    Pero no es la cuestión ahora las peculiaridades del caso catalán o las sangrientas del asunto vasco, la reflexión es en conjunto, es al dislate general y viene a cuento siempre pero hoy tiene la percha de que ayer, por lo visto, hubo un referéndum en Andalucía
    Para aprobar un nuevo estatuto que lo mismo que todos los otros nadie desde la sociedad ha pedido (el catalán cuando empezaron con el lío no interesaba ni a un 5 por 100), ni nadie siente como necesidad, ni en realidad necesita nadie excepto los políticos. Dos de cada tres andaluces no fueron a votar. No hace mucho en el catalán tampoco acudió a las urnas, a pesar del enorme revuelo, el 52 por ciento y al final fue aprobado con un exiguo 33 por 100 del censo electoral.
    Los Estatutos, las apetencias de poder autónomo de los políticos, las proclamas de identidad nacionalista, los blindajes de competencias y el largo etcétera de deseos de la clase política, no tienen nada que ver y así lo percibe la mayoría de la ciudadanía con las verdaderas necesidades de la población, ni con sus problemas reales.
    Pero las autonomías son el gran, inmenso, total, indescriptible, maravilloso e inagotable pesebre de la clase política.
    Las autonomías no han vertebrado la Nación española. La están desvertebrando cada día más, y no lo digo sólo por casos de evidente síntoma de separación y ruptura que pretenden los nacionalistas radicales y no tan radicales, sino por el disparate que alcanza a todos y da igual que se trate de agua, de fuego, de sanidad o hasta de geografía. Ya no digamos si es de historia lo que se habla o de lengua lo que se discute.
    Las autonomías, amén de romper y hacer añicos los conceptos de ciudadanía compartida, de bien publico común de todos los españoles, de volvernos al territorio, a la tribu y enaltecer como señas identitarias en muchas ocasiones al patetismo mas atroz, pero eso si tremendamente subvencionado , han convertido el Estado en 17 taifas, con boato de reyezuelos (este es el país de las dos decenas de presidentes), con pléyades de visires (hay más ministrillos que hormigas) , miríadas de funcionarios y constelaciones de “clientes” fijados a las ubres. Y todo con un estado que, encima, sonríe bobaliconamente, cada vez mas raquítico, sólo gestiona ya el 19 por 100 mientras que las insaciables criaturas exigen “más, más y más” y cuando llega el problema, sea fuego, agua, luz, chapapote o la última carretera no dudan en quitarse el muerto de encima y echárselo encima al que han dejado sin resortes ni recursos.
    Diecisiete sistemas sanitarios diferentes, diecisiete sistemas educativos contradictorios y todos casi por igual de malos, peleas entre territorios porque el “agua es mía”, disputas por ver quién no acude a apagar los incendios y, a un paso estamos, diecisiete fiscalidades, diecisiete justicias. Pero eso si, algo unificador: ¿cuántos centenares de miles de cargos públicos? ¿Cuántos? ¿Se atreve alguien a contarlos y a contárnoslo?
    El Estado de las Autonomías, dicen los políticos, no tiene marcha atrás. Ese parece ser nuestro sino y nuestra sima. Pero ¿por qué no ha de tenerla? Será solo si al pueblo soberano no le da un día la real gana de cambiarlo. Y ¿por qué no puede el pueblo español un día parar y corregir ese camino?, que por mucho que nos digan que nos lleva a no se sabe que paraíso donde nos esta acercando cada vez más es a un callejón de muy malas salidas.

  13. Con respecto al texto que ha puesto Posnik, completamente de acuerdo. Sólo apostillar que en estos casos siempre es conveniente hacer referencia al autor, Antonio Pérez Henares. Mucho se ha hablado de las imprevisibles consecuencias que podría tener habrir el “melón constitucional”, pero a lo mejor resulta que los que promocionaban tales reformas aduciendo que el pacto constitucional había sido poco menos que un acto de prostitución en el que comunistas e independentistas habían cerrado en falso la herida de la dictadura, se llevan la sorpresa de que la mayoría moderada de este país manda a freir espárragos el estado autonómico para fundar un estado centralista en el que, de una vez por todas, todos seamos iguales y se acaben los privilegios regionales. Sólo hace falta que uno de los dos partidos mayoritarios lo proponga y, con el apoyo del otro, sea sometido a referéndum.
    Y entrando en el tema de la utilidad de las fronteras, el discurso de Mikel es difícilmente refutable. Forma parte de ese conjunto de ideas de la izquierda profunda que enamoran con sólo oirlas, dulzonas y bonitas, pero que a la luz de la realidad, se caen por su propio peso. La teoría que expones forma parte de otra mucho más amplia que cuestiona el derecho a la propiedad privada. Hemos heredado el mundo y un señor A no tiene por qué tener más ventajas que uno B en función de su nacimiento, todo es de todos, para que no haya pobres inocentes. Muy bonito, pero hoy, a la luz de la historia, sabemos que tal sistema degenera en una situación en la que los honrados trabajan y los sivergüenzas se aprovechan. No voy a relatar aquí la fábula de la hormiga y la cigarra porque todo el mundo la conoce ya, pero espero que nadie cuestione el derecho de la hormiga a cerrar la puerta de su casa a los deseos de la cigarra de aprovecharse de su trabajo (comida, calor…). El establecimiento de naciones con fronteras supone la extensión del derecho de propiedad privada del individuo a la comunidad. Cinco individuos se reunen para establecer un territorio común que puedan proteger y hacer prosperar con los esfuerzos conjuntos de todos. Cuando en vez de ser 5 son 1.000.000, se hace necesario dotarse de una autoregulación en forma de sistema legal, sistema fiscal, y muchos otros, y la nación se convierte en una entidad capaz de generar derechos sociales. Mira tú por dónde que este sistema tan aparentemente frío y capitalista de defensa de la propiedad privada puede ser capaz de establecer sistemas de compensación que posibiliten que con los impuestos de los ricos en mayor medida (son los que más impuestos pagan), se construyan infraestructuras que disfruten fundamentalmente los pobres (hospitales públicos, enseñanza pública, transporte…).
    No creo que a día de hoy exista un modo de organización social mejor que las pseudodemocracias occidentales, con sus economías de mercado y sus sistemas de protección social, con todos sus defectos también. La justicia social y el bienestar en el interior de estas naciones han alcanzado cotas desconocidas en la historia de la humanidad, pero el siguiente escalón ha de ser extender estos beneficios al resto del mundo, por su bien y por el nuestro. ¿Y cómo lo hacemos, derribando las fronteras que nos han permitido prosperar para que nos invadan? Si das un pescado al hambriento, sacias el hambre por un día, y te quedas sin pescado. Si le enseñas a pescar como tú, solucionas su problema de por vida, y te puedes dedicar a otras cosas. Derribar las fronteras no es una buena idea, lo correcto es ampliarlas. Que cada vez haya menos pero más extensas, para que desaparezcan paulatinamente. Sería bonito construir la aldea global, pero no puede ser de la noche a la mañana, sino en un proceso paulatino. Eso es lo que hacen las uniones como EEUU o la UE, aglutinar esfuerzos en una dirección común. Los ricos subvencionan a los pobres (para que se desarrollen, no para que vivan del cuento toda la vida) y los pobres participan del mercado de los ricos; bueno para todos.
    Lo que hay que hacer es unir paises, ampliar fronteras, que el mundo desarrollado crezca… Todo lo contrario que lo que piden nuestros queridos nacionalistas: generar nuevas fronteras para ser más independientes aunque más pequeños. Que los catalanes resuelvan los problemas de los catalanes, a mí los andaluces no me importan; que los alemanes resuelvan los problemas de los alemanes, los mauritanos (o los españoles) no me importan. Pues los alemanes se han dado cuenta de que los mauritanos importan mucho, y que es mejor para todos relacionarse en armonía. A ver si los catalanes (por poner un ejemplo de los que en nuestro país hay muchos) se enteran algún día de que es mejor para todos unir España a otras naciones, armonizar nuestra legislación y nuestros sistemas fiscales, invertir conjuntamente… y no dividir España en Taifas con legislaciones distintas, sistemas educativos distintos, administraciones distintas… Despierten señores nacionalistas, miren el mundo fuera de sus aldeas.
    Yo siempre veo con ilusión la cesión de soberanía hacia arriba, dotar de más competencias al Parlamento Europeo en detrimento del Nacional, pero las cesiones hacia abajo, hacia los Parlamentos Regionales… como que no.
    Perdón por el ladrillo.

  14. Igual la sospresa te la llevas tu, la ultima encuesta del CIS sobre el estado de las autonomias poco más de un 8% quiere suprimirlas, alrededor del 50% ya le está bien, un 26% quiere más poder para las autonomias y un 6.5% que se reconozca el derecho a la independencia de las autonomias. No parecen muchos mimbres para reinstaurar un estado centralista.
    Tampoco estaría mal que despiertes tú y mires el mundo fuera de tu aldea, cualquiera que sea, te encontraras estados mucho más descentralizados que España, como tus bien considerados Estados Unidos y Alemania, con el principio de subsidiariedad de la Unión Europea, o con estudios que muestra que en una economía globalizada y de estructuras políticas supranacionales los estados pequeños se manejan mejor, y ya de paso tienen un porcentaje de PIB dedicado a la ayuda a la cooperacion superior a España.

  15. Sr. Ferodo, Seguro que cualquier independentista firmaria ahora mismo: “Yo siempre veo con ilusión la cesión de soberanía hacia arriba, dotar de más competencias al Parlamento Europeo en detrimento del Nacional”. Y es que el sistema español parte de la soberania por derecho de conquista y efectivamente, las autonomias se conciven como graciosa cesión a los pueblos de España… hagalo al reves, que las que Ud. llama “regiones” decidan libremente en que condiciones, como y porque forman parte de España (si es que quieren y el resto de los españoles tembien) y verá desaparecer todas las tensiones.
    Ud., como he dicho en mi intervención anterior, encaja a la perfección en el perfil de aquellos españolistas que “acostumbran a recalar, de forma mas que superficial, en la comparación tópica de una gran “nación patriota” cual lo es EEUU, no sin expresar cierto anhelo reprimido”. Y fijese, ya he dicho antes y ahora se lo repito a Ud. de forma personal que ese es un analisis superficial: EEUU es lo que es (desde el punto de vista del derecho politico) porque lo patriota es, precisamente, respetar la diferencia, la ideosincracia y, sobretodo, la soberania particular de cada estado, algo que, desde luego, los españolistas no estan dispuestos a respetar en España, con la consiguiente deriva independentista fruto del repudio.
    Vote Ud. por eliminar las autonomias si quiere. Las autonomias son algo aparecido a mediados del siglo XX pero el nacionalismo nació en el siglo XIX… ¿Como puede ser que las autonomias creen division si la division comienza antes? ¿No estara Ud. confundiendo causas y resultados?.

  16. Un inglés llamado Paul, con el que mantuve una estrecha amistad el año que pasé viviendo en Londres, por poco me parte la cara una noche de mucha niebla y muchas pintas porque se me ocurrió gritar Gibraltar español en pleno Trafalgar square. Hasta Nelson me miró como si hubiera visto el proyectil que lo dejó tuerto. Paul era un tipo simplón, de familia pobre, las 4 reglas, devoto del Arsenal y del Exeter Arms, el pub donde desperdiciaba su juventud absurda cortejando a una camarera con carita de golfa laborista. Quiso partirme el careto, a mí, por una simple frase de coña. Quiero decir con esto, que los ingleses son capaces de cualquier cosa cuando se les toca la fibra patriótica. Antes los compadecía. Ahora, en vista de lo que hay y de lo que viene, los admiro.

  17. ¿Como se puede estar orgulloso de ser español, de un país asesino entre asesinos, encargado de genocidar a millones de indigenas, a base de espada y cañonazos? ¿De un país en el que se mantienen sus fronteras solamente gracias a un ejército? ¿De un país en la que la tortura se consiente y se tapa? ¿En el que no hay más que corrupción desde los ayuntamientos hasta las más altas esferas del gobierno y las empresas constructoras? ¡Vaya mierda de país que tenéis! Vergüenza me daría a mí. Respetad los pueblos, sus culturas, costumbres, y aportad lo bueno que tengáis, en vez de aplastar, negar y prohibir lo distinto, y entonces puede que haya más gente que querrá unirse en vez de separarse.

  18. ser español significa vivir naciones bajo el yugo de el centralismo de madrid y sus gobernantes

  19. las autonomias nos cuestan miles de millones de euros al año.
    yo las abolía.
    y en un futuro si procede abolía los estados dentro de la ue y los dejaba en regiones ( o autonomías) del la union europea.
    seriamos mas ricos, mas agiles, mas dinámicos, tendríamos mas prestaciones sociales,mas movilidad geográfica…
    el sueño se desvanece al ver que en lugar de ir a lo supranacional, vamos al cantonalismo.
    pero bueno, si es lo que quiere la mayoría, hacia allí debemos ir, aunque no lo comparta:
    estamos creando un mounstruo burocrático y muy caro.

  20. No tiene porque Karl, yo firmaría ya mismo ser una “autonomía”, pero de Europa.

  21. Hoy en día hay muy poquitas personas que cuestionen la bondad del sistema autonómico.
    El sistema autónomico no solo sirve para autogestionar los intereses propios, la parte más importante es el pprincio de solidaridad.
    Cuando un señor de Pamplona da parte de su dinero a la provincia de Lleida para hacer carreteras o infraestructuras allí no es ha fondo “perdido” ni LLeida es una lacra para nos Navarros.
    Estos discursitos falaces son los que más molan a los nacionalistas,
    El ppo, de solidaridad esconde paradojicamente un ppo práctico y puramente egoista. Si yo me aseguro que las regiones más pobres del Estado crezcan, estén bien comunicadas, haya empleo y riqueza, consigo que mis productos tengan salida.
    No le deis más vueltas. No sirve de nada “producir” si el vecino no te compra.
    No sirve de nada “fabricar” un producto de calidad y competitivo e intentar que te lo compre un señor de Lugo si hasta allí no hay buenas carreteras o lo que es más importante, riqueza para compralo. Lo cual viene asociado al empleo… Por eso se procura pontenciar el empleo donde no lo hay.
    Cuando una CC.AA. contribuye al desarrollo de otra, su acto caritativo esconde un acto egoista.
    No se crece como Pais centralizando la riqueza en cuatro provincias y dejando a su suerte el resto que son actualmente menos desarrolladas.
    Se crece y se progresa en conjunto, cohesionando un pais, su territorio y su pueblo.

  22. “Hoy en día hay muy poquitas personas que cuestionen la bondad del sistema autonómico.”
    yo lo hago
    hace poco más de ocho meses los italianos votaron contra este sistema, ya que les costaría un 2% del PIB. Mucho dinero.
    a los residentes en españa nos cuesta cerca de un 3%.
    Y más que nos va a costar.
    Yo miro el punto de vista económico.y este sistema puede que sea algo mas eficiente pero terriblemente caro. Y en un mundo globalizado lo vamos a pagar bien caro.
    es más, en poco más de un año entraremos en una gran recesión. y este sistema no ayudará a capear el temporal.
    Y donde no hay de comer, el amor ( a la “tierra” p.ej.) salta por la ventana

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