De cómo el nacionalismo ha comprado a la izquierda en cómodos plazos

En el haber de este PSOE abducido por Rodríguez figura el exacto cumplimiento de las seculares exigencias del terrorismo nacionalista, incluidas aquellas que jamás logró por sus propios (y sanguinarios) medios.

En un olvidado decálogo que los socialistas difundieron en el Congreso de los Diputados hace 8 años, se podía leer:

  • “No participaremos en negociaciones o mesas donde esté un partido como HB, que gradúa la violencia para hacer de ella la táctica más adecuada a sus intereses.”

  • “La gestión de la tregua y la consecución de la paz no pueden pasar por una revisión de nuestro modelo político.”

  • “Los rebrotes de la violencia nos inducen a creer que la tregua puede acabar siendo una estrategia para imponer soluciones políticas que no concuerdan con la voluntad de la mayoría.”

Este curioso texto, que llevaba por título Los socialistas ante la paz, no difiere gran cosa de las afirmaciones que el Partido Popular sostiene en estos momentos, pero se aleja de los planteamientos del actual PSOE. La descarada contradicción entre 1999 y 2007, ¿responde únicamente a que entonces Rodríguez estaba en la oposición? ¿A que era el PP quien estaba gestionando una tregua? ¿Sucede acaso que hoy, a diferencia del 99, Rodríguez no tiene ya necesidad de disimular sus verdaderas intenciones?

En todo caso, cuanto ha acontecido en España desde entonces y los distintos pasos que el socialismo y su gobierno han ido dando en relación con el nacionalismo, marcan una dirección clara y decidida de convergencia del actual PSOE con quienes antaño eran condenados por la izquierda.

Las medidas políticas concretas a favor del nacionalismo etarra, las declaraciones más o menos programáticas coincidentes con el discurso etnicista periférico, los gestos de aproximación al terrorismo y las inequívocas muestras de acuerdo con los planteamientos del nacionalismo han ido jalonando la legislatura de Rodríguez. Hoy hablamos de ANV, pero si repasamos las hemerotecas nos llevaremos la sorpresa de comprobar hasta qué punto los argumentos y las razones esgrimidas para permitir el acceso del PCTV a las instituciones se están repitiendo hoy con esta nueva tapadera del nacionalismo etarra.

Siguiendo esa suerte de guía Michelín del triunfo de ETA que son los documentos incautados a Mikel Antza y también los sucesivos zutabes y las declaraciones públicas de los etarras y asimilados, que la fiscalía sigue permitiendo (¿para qué demonios sirve el delito de prevaricación?), se puede comprobar cómo el gobierno socialista ha ido entregando pieza a pieza sus principios programáticos, su programa electoral y su política al nacionalismo etarra.

ETA, insaciable y voraz, ha ido dando cuenta de todos los platos que Rodríguez le ha servido sin ofrecer el menor gesto de correspondencia y sin tomarse la molestia de anunciar el fin de la tregua el 30 de diciembre de 2006, como hizo en anteriores ocasiones. La realidad, a fecha de hoy, pasa por el reconocimiento de tres hechos difícilmente contestables:

  1. Con el gobierno del PP acabaron los asesinatos de los nacionalistas etarras y con el gobierno del PSOE han regresado.

  2. El gobierno y su partido han sido secuestrados por el nacionalismo, al que solo le queda ya poco menos que recoger los muebles de ambas sedes.

  3. El “alto el fuego permanente para impulsar un proceso democrático en Euskal Herria”, que anunciaron los nacionalistas etarras el 24 de marzo de 2006, terminó en diciembre de ese mismo año. La novedad en esta ocasión es que Rodríguez quiere hacer creer que la tregua continúa porque esa es la única forma de mantener a su partido y a su electorado unidos tras el señuelo de la paz.

En el haber de este PSOE abducido por Rodríguez figura el exacto cumplimiento de las seculares exigencias del terrorismo nacionalista, incluidas aquellas que jamás logró por sus propios (y sanguinarios) medios.

En primer lugar, el gobierno socialista sometió al Congreso de los Diputados a una primera humillación política, previa a todo lo que ha sucedido después: la exigencia de una votación en mayo de 2005 sobre un supuesto proceso de paz del que se desconocían los detalles y que no ofrecía la menor garantía. En el zutabe nº 108, de julio de 2005, el nacionalismo etarra se frotaba las manos:

“El Gobierno del PSOE parece buscar el apoyo del Congreso de los Diputados de cara a un proceso de conversaciones. Esto «de facto» da otra dimensión a cualquier logro que se pudiera conseguir, enciende con fuerza el debate en el Estado español y engrandece las expectativas.”

Segundo paso parlamentario: la “internacionalización del conflicto”, ancestral aspiración del nacionalismo. El gobierno de Rodríguez actuó de padrino, de introductor de embajadores de ETA en el parlamento europeo.

La exclusión absoluta del PP, que suponía el cambio radical en la correlación de fuerzas que ha venido funcionando desde la transición, se fraguó en Perpiñán, entre ETA y ERC, y de la mano de los republicanos llegó a Moncloa, donde se aprestaron a extender a toda la nación la política de marginación de una parte de la sociedad española. Se forjaba así el tercer cimiento de aquella vieja “casa común” de la izquierda de la que hablaba Felipe González, el edificio sobre el que la izquierda pretende garantizarse la eternidad política a base de sumar a su proyecto al nacionalismo terrorista, que se reclama asimismo de izquierdas.

Para disimular las grietas que empezaban a aparecer en semejante tinglado, el gobierno socialista intento una aproximación a las víctimas, que corrió paralela al intento de destruirlas vía estrangulamiento económico por un lado, y división por otro. Se abrieron paso de esta forma las campañas de difamación, tan características de la izquierda allí donde ha gobernado desde los tiempos de Stalin. Así, José Antonio Pastor, secretario general del Partido Socialista de Vizcaya, declaró en noviembre de 2006:

“El presidente de la AVT, Francisco José Alcaraz es un sinvergüenza que utiliza perversamente el sufrimiento de las víctimas”.

A fecha de hoy, Pastor sigue estando al frente de los socialistas vizcaínos. Y como él, José Blanco:

“Al PP se le nota tanto que quiere que salga mal el proceso hacia el fin de la violencia que no les importa simular víctimas del terrorismo en cabeceras de manifestaciones para desgastar al Gobierno” (Levante, 17.12.06).

Las declaraciones del secretario de organización del PSOE se produjeron a raíz de una manifestación de la AVT en Sevilla. Al ayuntamiento de aquella ciudad le cabe el dudoso honor de ser el primero en recurrir a audímetros para tapar la boca a los ciudadanos. En vísperas de la manifestación de las víctimas, en octubre 2006, el delegado del Gobierno en Andalucía, Juan José López Garzón, limitó el espacio que los ciudadanos podían ocupar y también los decibelios que podían alcanzar con sus gritos de protesta.

Mientras tanto, el Ayuntamiento madrileño de Getafe (PSOE e IU) vetaba un acto convocado por víctimas del terrorismo que se iba a celebrar en el club de atletismo de la localidad. En él, personas a las que el terrorismo nacionalista había dejado en silla de ruedas querían dar a conocer un manifiesto en favor de la supresión de las barreras arquitectónicas.

Y si esto sucedía en el resto de España, en el parlamento regional vasco socialistas y nacionalistas rechazaban (marzo de 2006) una proposición del Partido Popular para incluir en todos los textos y documentos de la cámara el lema “ETA no“. Poco después, los nacionalistas (con la abstención de los socialistas) aprobaron una moción que defendía una “solución dialogada sin vencedores ni vencidos”. Y más recientemente, de nuevo socialistas y nacionalistas han aprobado conjuntamente que se destine una parte de los presupuestos del gobierno regional vasco a financiar las actividades de las asociaciones de familiares de presos etarras.

La campaña de persecución de las víctimas del nacionalismo terrorista se ha ido extendiendo a todo aquel que discrepe de la carta de enajenación que la izquierda ha extendido al etnicismo. Así, el “intelectual” orgánico del zapaterismo, Suso de Toro, escribía en La Vanguardia el 3 de noviembre de 2005:

“Un discurso agresivo y claro: España es Madrid. Lo expresan desde el arzobispo de Madrid hasta profesores de las universidades madrileñas. Lenguajes distintos en superficie, pero igual agresividad. Ese nacionalismo defiende intereses de burócratas, buscavidas, políticos, intelectuales y funcionarios llegados de otras ciudades, los de directivos de empresas privatizadas por el PP, véase Endesa” (Suso de Toro, La caverna no bebe cava).

Para aumentar la presión, el nacionalismo armado anunció en marzo de 2006 su última tregua (es la décimo cuarta vez en su historia que ETA habla de tregua) y Batasuna reclamó inmediatamente la desactivación “de todas las medidas represivas”. A partir de esa fecha la persecución del terrorismo entró en fase de hibernación, tanto si se compara con el volumen de detenciones y desarticulaciones del período anterior, como si se atiende a la actividad de la fiscalía, que se podría calificar como mínimo de complaciente desde la llegada de Conde Pumpido y la “expulsión” de Fungairiño (una exigencia de ETA, según este fiscal). En este contexto, el Fiscal General del Estado se permitió afirmar (febrero de 2006) que “ETA está en el momento más bajo de su historia, fruto de una labor de jueces, fiscales”.

Transformada la realidad, alterada la percepción de los hechos y manipulado el lenguaje, todo ello con la intención de disimular la entrega de los muebles al nacionalismo, los líderes del socialismo zapatero inauguraron su etapa de asimilación del lenguaje étnico y se esforzaron en adoptar idénticas pautas de lenguaje y de comportamiento político:

  • Gemma Zabaleta: “Tenemos la obligación de pactar y luego debemos acordar cómo se expresa lo que es nuestro derecho a decidir: de qué manera, en qué tiempo, para qué, etcétera. Son cosas que tienen que ser resueltas en el entorno de esa obligación de pactar.” (Deia, 22.5.05)

  • J.J. Ibarretxe: “Los vascos tendrán que decidir su relación con los Estados español y francés. Hemos vivido demasiados años con decisiones impuestas por otros.” (Deia, 31.7.05)

  • Arnaldo Otegi: “Las soluciones de hoy deben garantizar que todos los proyectos sean realizables mañana” (Gara, 18.11.06).

La entrega de la izquierda al nacionalismo, incluso en sus formas más visibles (la gestualidad, el lenguaje), se percibe desde hace tres años en casi todas las declaraciones oficiales y mediáticas de sus líderes. Y en ocasiones, los más proclives a la OPA de ETA incluso se adelantan a los deseos de sus nuevos mentores ideológicos. En julio de 2005, el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, declaraba a El Mundo:

“Zapatero está siendo audaz y hay que seguir en esa dirección. Entiendo que el Gobierno español podría adoptar medidas de humanización, humanitarias, de alcance progresivo, en la cuestión de los presos de ETA.”

Unos meses después las mujeres socialistas y las etarras batasunas creaban una plataforma conjunta para reclamar un cambio en la política penitenciaria y el etarra gourmet, Ignacio de Juana Chaos, recibía privilegios exclusivos tras su enésima huelga de hambre (la diferencia esta vez es que quien pesaba las raciones alimenticias era Rodríguez y no Mayor Oreja). Las dirigentes socialistas integrantes de la plataforma filoetarra Ahotsak aplaudían su documento fundacional:

“Si la sociedad vasca, la ciudadanía del País Vasco o Euskal Herria desea transformar, cambiar o mantener su actual marco jurídico-político, todos y todas deberíamos comprometernos a respetar y establecer las garantías democráticas necesarias y los procedimientos políticos acordados para que lo que la sociedad vasca decida sea respetado y materializado y, si fuera necesario, tuviera su reflejo en los ordenamientos jurídicos.”

Cuando el nacionalismo etarra decidió terminar la tregua “permanente”, Rodríguez volvió a dar muestras de perseverar en su empeño vendedor y no condenó el atentado de Barajas. De hecho, el presidente del Gobierno no ha condenado ninguno de los actos terroristas llevados a cabo por el nacionalismo vasco en los últimos tres años. Es más, su partido ha hecho un verdadero esfuerzo para justificar los asesinatos:

Gemma Zabaleta “Las bases sólidas del proceso no han debido volar al mismo tiempo que la T4” (Gara, 4.3.07).

Y cuando no han podido justificar el crimen y la violencia de ETA, los dirigentes socialistas y los miembros del Gobierno han negado la mayor, es decir, que hubiera crímenes y violencia:

  • Diego López Garrido: “En estos momentos no existe en España ningún tipo de actividad terrorista” (El Mundo, 23.6.06).

  • Joan Mesquida: “No hay datos que hagan pensar ahora mismo ni que ETA se está rearmando ni que pueda existir un comando operativo en el interior” (El Mundo, 26.12.06).

Una de las expresiones más humillantes de la entrega de la izquierda a ETA ha sido el episodio de De Juana Chaos. El nacionalismo, como siempre, ha señalado el camino:

Josune Ariztondo, secretaria del EBB del PNV: “Los familiares de presos deberían ser considerados como potenciales agentes de paz y de reinserción” (Tiempo, 19.8.05).

Y los líderes socialistas se han apresurado a recorrerlo. El periódico oficial de la izquierda publicaba esta crónica referida a la posición del presidente del gobierno socialista en el caso De Juana Chaos:

“En una conversación informal con periodistas en Soria, el jefe del Ejecutivo ha dicho que la actitud exhibida por De Juana al comienzo del juicio, contestando de manera educada y en castellano a las preguntas del fiscal, es coherente con las informaciones de las que dispone el Ejecutivo en el sentido de que es uno de los presos de la banda favorable al proceso de paz” (El País, 27.10.06: Zapatero dice que De Juana Chaos es uno de los presos de ETA a favor del proceso de paz).

¿En qué fundamentaba Rodríguez fundamentaba sus afirmaciones? Tal vez en este texto de De Juana aparecido poco antes en el panfleto etarra Gara:

“Más allá de campañas intoxicadoras y de la permanente reescritura de la historia desde el poder, la izquierda abertzale ha mostrado qué es la honradez y el valor de la palabra dada” (Gara, 10.6.06).

De Juana Chaos ha sido la entrega hasta ahora más costosa del PSOE de Rodríguez al nacionalismo, pero no la única. El episodio de la fiscalía ante Arnaldo Otegi no se ha quedado atrás. Y junto a los fiscales, en este caso también aparecieron los dirigentes del PSOE:

Miguel Buen, dirigente del Partido Socialista en Guipúzcoa: “Arnaldo Otegi es la cara amable y razonable de la izquierda abertzale y tiene el mérito de buscar soluciones a los gravísimos problemas que hemos tenido en Euskadi y que todavía no han desaparecido totalmente” (El Correo, 11.8.06).

Vivimos ahora una nueva fase de esta OPA, el caso de ANV, cuyo presidente rinde homenaje a los terroristas muertos, mientras el juez de guardia del zapaterismo mira para otro lado. Quedan otras para después de las elecciones (legislativas): Navarra, la autodeterminación. El nacionalismo no ha dejado de recordárselas al jefe de ventas de la izquierda, residente todavía en Moncloa:

  • Asamblea nacional del PNV (mayo de 2006): “La normalización política de nuestro pueblo pasa inexorablemente por el reconocimiento de la existencia del pueblo vasco y de su derecho a la libre determinación, así como por el ejercicio pactado de dicho derecho.”

  • ETA, zutabe nº 108, julio 2005: “Queremos enviar un mensaje claro a las autoridades francesas y españolas: la llave del conflicto es el respeto a la palabra de los vascos y el derecho de autodeterminación.”

Los tontos útiles y los compañeros de viaje de esta venta de la izquierda a los nacionalismos jalean la operación:

Javier Madrazo (EB): “Creo que ya ha llegado la hora de la verdad para la política de Zapatero. Está en una encrucijada, y la política del talante y la sonrisa, que le ha acompañado durante todo este tiempo, ya no es suficiente. Le hace falta un plus. Veo a la izquierda abertzale en una posición pragmática” (Deia, 11.9.05).

Toda OPA tiene sus obstáculos. Los de esta se llaman reacción ciudadana, asociaciones de víctimas, plataformas cívicas. Sin las masivas manifestaciones convocadas a lo largo de estos tres años por la AVT y por el Foro Ermua, y sin la última del PP, la liquidación de la izquierda habría avanzado a mucha mayor velocidad. Y el precio habríamos sido nosotros, la ciudadanía, la nación. Porque finalmente ese es el precio último que el nacionalismo está esperando cobrarse. El precio sin el cual no hay trato. El que recuerdan cada día a través de sus medios y de sus voceros:

  • Arnaldo Otegi: “El marco geográfico de la solución es el conjunto de Euskal Herria; la geografía humana es toda la ciudadanía vasca; y la geografía política de la solución se llama autodeterminación” (Gara, 2.7.06).

  • Begoña Errazti: “Eusko Alkartasuna no va a permitir que se interrumpa o desvirtúe el proceso de emancipación que se ha iniciado en este país. El derecho de autodeterminación es irrenunciable” (El Correo, 6.8.05).

  • J.J. Ibarretxe: “Los vascos tendrán que decidir su relación con los Estados español y francés. Hemos vivido demasiados años con decisiones impuestas por otros” (Deia, 31.7.05).

En la compra de la izquierda por parte de los nacionalismos, nosotros estamos incluidos. Somos parte del paquete ofertado. Porque solo enajenando a la nación, desmantelándola, se darán por satisfechos. Y satisfacerles al precio que sea es, desde que llegó a Moncloa, el único objetivo al que Rodríguez se ha dedicado.

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2 comentarios

  1. Hoy es un día de felicidad. Sobreseimiento de la causa contra rubianes, que obliga a los demandantes a pagar las costas, y nueva flatulencia de BBS. Libertad de expresión en todos los frentes.

  2. Pena da como la izquierda está abducida por los nacionalistas. Al haber perdido todos sus ideales han adoptado lo que más tenían a mano en España: los nacionalistas periféricos

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