Falsos ciegos nos llaman catastrofistas

“«Aquí no pasa nada, estos analfabetos de los nazis estarán pronto otra vez en los agujeros del lumpen de donde salieron», se decía la altiva burguesía alemana como se dicen ahora quienes con el nacionalismo catalán y el Gobierno de España consideran que las cada vez más abiertas agresiones al Estado y a su jefatura como «incidentes menores».”

¿Cambiar las reglas del juego sin consulta previa no tendrá consecuencias? Los que las han modificado, socialistas, comunistas y nacionalistas, niegan la mayor, que las hayan cambiado. Y cuando se ven apurados, sostienen que las consecuencias serán positivas y mejorarán nuestra vida colectiva.

¿En qué han cambiado las reglas? En todo lo que concierne a la igualdad ante la ley. Por ejemplo, a la hora de repartir los recursos públicos. Hasta la llegada de Rodríguez, el gobierno de la nación se reunía con todas las administraciones regionales para abordar este asunto. Ahora para repartir el dinero de todos (de todos porque cada ciudadano paga/contribuye individualmente, no tributan los territorios), el gobierno socialista se reúne con algunos. De esta forma los asuntos económicos se ventilan entre el Estado y algunas de las regiones de igual a igual, como si fueran entidades semejantes.

Lo mismo sucede con los recursos naturales, que el PSOE y sus socios etnicistas han decidido “nacionalizar” a favor de determinadas autonomías, de modo que pasan a ser propiedad de algunas regiones. Y con los derechos individuales, que se redactan ex novo en los preámbulos de los nuevos estatutos a pesar de que los derechos del ciudadano solo pueden ser unos y unívocos, e iguales para todos. Por ello están recogidos en la Constitución. Pero frente a ella se alzan ahora los derechos particulares de los territorios.

Quienes sostenemos que este tipo de modificaciones encierran el germen de la división y el enfrentamiento y la balcanización del país somos tachados de catastrofistas. Como si nuestro temor, nuestro pronóstico, no se estuviera ya constatado, no se palpara día a día. Porque hoy los ciudadanos de este país estamos más divididos y enfrentados que hace cuatro años.

“Cuenta Dionisio Ridruejo en una gran recopilación de textos autobiográficos que acaba de editar con calidad y mimo prodigiosos Jordi Amat («Dionisio Ridruejo: Casi unas memorias. Editorial Península»), cómo, al estallar la Guerra Civil, uno de los jóvenes de su círculo de amistades en Madrid, Pedro Maldonado, un intelectual alegre, muy simpático, algo manirroto y abusón, «que era el optimismo en estado gaseoso», se escapó de un hospital donde lo habían escondido para su protección otros amigos y poco después apareció, como tantos otros en ambas retaguardias, «acribillado contra un muro». «Nadie como él -dice Ridruejo- simboliza para mí aquella impresión del «tan largo me lo fiáis» que, en el subconsciente de millones de españoles, resistía a la evidencia cuando la suerte estaba echada».

“Esta constatación de la facilidad con la que su amigo se negaba a reconocer la absoluta excepcionalidad de la situación política de su entorno se encuentra fácilmente en las biografías de tantos contemporáneos suyos en otros países. En los diarios del rumano Mihail Sebastián o los no menos terribles de Víctor Klemperer, Sebastián Haffner o Joachim Fest se revela la desesperación que generaba en sus autores la necesidad que declaraba su entorno social, unas veces en forma angustiosa, otras de indolencia, por simular normalidad y cotidianeidad en situaciones de total excepcionalidad y colapso de convivencia social. No era sólo «optimismo en estado gaseoso». Era falta de lucidez, cobardía, indolencia, indiferencia o todo a un tiempo.

“No haremos paralelismos directos entre situaciones de la Europa de los años treinta y la España actual aunque debiera ser ya evidente que cada vez requieren menos esfuerzo de imaginación, especialmente en lo que a algunas partes del territorio nacional se refiere. Las libertades son cada vez más precarias y menor la disposición del poder a defenderlas.

“Cuando nada menos que una ministra del Gobierno considera que la víctima de una amenaza de muerte es responsable de serlo, hemos llegado a la lógica perversa que llevaba a los niños alemanes a apedrear al judío Klemperer como culpable de ataques aliados contra Alemania. Y cuando el Estado de Derecho ha hecho dejación de su deber de garantizar la seguridad y los derechos de sus ciudadanos y de la vigencia de las leyes, habrá que pensar que el Gobierno considera que la persecución, intimidación y merma de los derechos de ciudadanos que le son críticos es una realidad no sólo aceptable sino beneficiosa para sus fines.

“Resulta fascinante y terrible estudiar la pasividad, la indiferencia o la insólita falta de percepción del riesgo de las sociedades europeas del siglo XX ante los avances de los abusos de los diferentes totalitarismos nacionalsocialistas, fascistas y comunistas. «Aquí no pasa nada, estos analfabetos de los nazis estarán pronto otra vez en los agujeros del lumpen de donde salieron», se decía la altiva burguesía alemana como se dicen ahora quienes con el nacionalismo catalán y el Gobierno de España consideran que las cada vez más abiertas agresiones al Estado y a su jefatura como «incidentes menores».

“Pero igual de inquietante es comprobar como en unas circunstancias totalmente nuevas y en un contexto europeo actual, puedan surgir líderes que puedan acabar en muy poco tiempo con los controles internos propios de un partido de larga tradición democrática, liquidar toda crítica interna y agitar en el seno del mismo instintos que ofuscan toda la templanza en la pugna política. Y todo desde una negación de la evidencia y una masiva utilización de un aparato devoto a la mentira al que nada importa que la realidad desmienta todos los días sus mensajes.

“Ya poco importa que todos los anuncios que el Gobierno hace sobre sus intenciones sean torva desinformación o astracanadas que un pobre vicepresidente parece desmentir ya tan sólo por puro pudor ante sus amigos o su propia familia. Lo grave es que el cuerpo social no parece, como el amigo de Ridruejo, percibir que la normalidad pretendida no existe. Y que hace tiempo que los acontecimientos desencadenados por la llegada a La Moncloa del torvo timonel y gran negador ya no están bajo su control si acaso lo estuvieron alguna vez.

“El negador seguirá aparentando normalidad mientras en su entorno todo será cada vez mayor y peor excepcionalidad. Su partido no ha cumplido con la labor democrática y patriótica de poner fin a los desmanes del negador. Los principales beneficiarios de su política en el antisistema no lo harán por lógica. Si no lo hace la ciudadanía, no sentará precedente. Muchas sociedades en un pasado no lejano se dejaron hundir por negadores desde posiciones de respetabilidad que unas han tardado décadas en recuperar y otras aun recuerdan con añoranza.” Herman Tertsch, Apoteosis del gran negador.

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4 comentarios

  1. Enorme entrada. Un saludo.

  2. Te hemos concedido un premio, te esperamos en nuestra bitácora
    Un saludo

  3. Los que se quedan solos votando en el Congreso y son los cruzados en defensa de la aparentemente frágil unidad de Españñññña tenían hasta hace bien poco a un senyor mandando en Galícia con un pasado fascista mayúsculo, magnífico ejemplo de reciclaje “made in transición”. Supongo que por analogía se podría escribir «Aquí no pasa nada, estos analfabetos de los franquistas estarán pronto otra vez en los agujeros del lumpen de donde salieron». Lo malo es que en España no había burguesía que pensara esto. Pero de estos fascistas reciclados y convertidos en presidentes honoríficos nadie se acuerda. Sin embargo los partidos políticos que amenazan a la unidad de Españññññña (curiosamente todos menos uno) sí que merecen el adjetivo de fascistas. Esto parece el mundo al revés!

  4. Una conexión recurrente
    MILITARES Y POLICÍAS ENTRE LOS AGRESORES FASCISTAS Diagonal
    “La verdad es que muy habitual que cada vez que hay una redada o una actuación contra grupos fascistas o parafascistas, alguno de ellos sea militar o directamente policía”. Es lo que afirma Jorge del Cura, uno de los responsables del Centro de Documentación contra la Tortura de Madrid, que desde hace años sigue muy de cerca las actuaciones de los cuerpos de seguridad del Estado.
    Y es que la implicación de militares, sobre todo soldados profesionales y oficiales de baja graduación en grupos ultras organizados es antigua. El considerado primer crimen por motivos raciales en el Estado español, en 1992, fue organizado por un guardia civil. El agente, acompañado de un grupo de neonazis, disparó su arma en una discoteca abandonada de Aravaca, Madrid, a la que iban a dormir inmigrantes, acabando con la vida de la dominicana Lucrecia Pérez. Igualmente, en 2003, en Valladolid, fueron detenidos tres fascistas cuando, según la policía, iban a atacar las sedes de diferentes organizaciones sociales. Llevaban cócteles molotov, y gasolina. Entre los detenidos estaba Alberto Aparicio, militar formado en la Academia de Zaragoza y destinado en el cuartel leonés del Ejército de Tierra de El Ferral del Bernesga. Según colectivos antifascistas, la policía nunca ha intentado investigar su relación con los neonazis de León destinados en este mismo cuartel. Ultras como, por ejemplo, David Miguel Galán Da Costa, alias ‘Cholo’, destinado en ese cuartel que destaca entre los nazis responsables de las agresiones en León.
    En el Levante, una de las zonas de mayor actividad de grupos ultras, también son sonados algunos casos. Como la desarticulación, en 2005 en un operativo de la Guardia Civil del grupo Frente AntiSistema (FAS), al que le fue requisado armamento de guerra. Entre sus miembros había dos militares. El local del FAS continúa abierto ahora como sede de AN en Valencia.
    Ni siquiera la conmoción social tras el asesinato de Carlos ha mitigado la actividad de los grupos neonazis. En la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) el 15 de noviembre, 15 neonazis amedrentaban a estudiantes en la facultad de derecho y poco después agredían a una persona en la estación de Cercanías del campus. Según afirman estudiantes, se trataba de militares que provenían del cercano cuartel de El Goloso.
    Abusos de uniforme
    En Almería, en septiembre, varios cientos de inmigrantes denunciaron públicamente malos tratos y abusos policiales al amparo de supuestos controles rutinarios de documentación en una zona de Níjar con gran presencia de temporeros inmigrantes. Los testigos apuntan a un agente “rubio y joven” como uno de los más agresivos. Según el Sindicato de Obreros del Campo, el agente ha sido reconocido “como un miembro de un grupo neonazi de la hinchada del equipo de fútbol de Almería. Ya teníamos denuncias previas de que hay neonazis metiéndose en la Guardia Civil. Eso explicaría un poco su manera de actuar”.
    Como remacha Del Cura, “Es evidente que si un grupo de estos tiene contacto con la policía se entera de cosas. No es que toda la policía esté detrás, pero en los grupos fascistas es evidente que hay muchos”.
    De Diagonal

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