Montilla llega a Itaca

Desde que llegó a la presidencia de la Generalidad, este cordobés hecho a sí mismo nacionalista se ha convertido en paradigma del perfecto proceso de asimilación etnicista.

Punto por punto, el presidente regional catalán convirtió su reciente viaje a Madrid en una exhibición de sus logros. Montilla no estuvo en Madrid para conceder un premio que, como el Sabino Arana del gobierno regional vasco, tiene un prestigio perfectamente descriptible. Fue a lucir el resultado de su completa y absoluta integración en el sistema que impera en Cataluña. Desde que llegó a la presidencia de la Generalidad, este cordobés hecho a sí mismo nacionalista se ha convertido en paradigma del perfecto proceso de asimilación.

Por origen y por ideología, nada hacía presagiar hace veinte años que este hombre terminara donde está: sentado frente al espejo probándose capirotes. Su proceso de asimilación es el que sueñan desde hace décadas todos los etnicistas para “los de fuera”, el que pasa por la asunción acrítica de todos los principios que conforman el pensamiento reaccionario del nacionalismo. De la cruz a la raya, Montilla ha asumido todo el argumentario étnico catalanista, todo el chapapote del nacionalismo. Por el camino ha dejado socialismo, igualdad, idea de España y sentido de pertenencia a una nación basada en leyes y no en sentimientos. Y en su reciente viaje a Madrid se ha exhibido como lo que realmente es en la actualidad. El y todo su partido. Y me refiero al Partido Socialista Obrero Español, con todas sus franquicias regionales incluidas.

Calcando los tics mentales, y por tanto el discurso, de los nacionalistas, el presidente regional catalán ha recurrido en su visita a Madrid a la jerga argumental del etnicismo para despejar balones. Lo que sucede en Cataluña no es la consecuencia de tres décadas corrompiendo el concepto de gestión pública, y por lo tanto deteriorando la política. No es tampoco consecuencia de una administración central plagada de errores, de ministros y altos cargos chapuceros, sin experiencia en los ámbitos de su competencia y aun en la propia actividad pública.

Para Montilla, todo lo que está pasando en Cataluña es que se evidencia “el desapego”. Lo mismo pasa cuando, desde posiciones críticas (eso que el alcalde de San Sebastián llamaría posiciones “fachas”), se ponen en evidencia los errores, las carencias y las barbaridades que llevan a cabo las instituciones regionales catalanas: no se escuchan los argumentos que fundamentan esas críticas, ni las evidencias que las sustentan, ni los testigos que las viven, sino que se presentan como ataques a Cataluña.

No hay pues posibilidad de crítica política para Montilla, ni es posible el análisis de su actuación. Porque todo ello se convierte en “el desapego” y/o en el insulto a los catalanes. De modo que, siguiendo su digamos “argumentación“, que es idéntica a la de todos los partidos etnicistas, lo único que nos cabe es decir que sí, que hemos insultado a Cataluña, que la hemos marginado, que como ciudadanos españoles hemos tenido el propósito deliberado de apoyar a partidos cuyo objetivo era el saqueo y el expolio de Cataluña. Y que ahora, para evitar “el desapego”, no nos queda otra que entregar cuanto se nos reclame. Sin rechistar. No vaya a ser que se nos “desapeguen” todavía más.

Montilla estuvo en Madrid exhibiendo su ya por fin acabado traje de nacionalista perfecto. Es decir, su condición de chantajista.

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4 comentarios

  1. Sí, a eso le llamamos estómago agradecido. Montilla busca el poder por el poder, sin más ideología que esa: decir todo aquello que le pueda mantener en el poder, lo piense o no (si es que epiensa algo).
    El cinturón industrial, lo que debe entender, es que no se puede meter a nacionalistas en el gobierno, porque son nazis, y porque en España comienzan a pasar desgracias continuamente. En el cinturón no se debe votar al PSC-PSOE, porque pactan siempre, y meten a los nazionalistas en el gobierno. Eso no interesa al pueblo trabajador. Los catalanistas odian a la gente del cinturón, e insisto, coinciden con los nazis en casi todo. Que voten a Ciudadanos o a UPD, pero no a esa casta de brahmanes que se pasa el día exclamdo desde el govern: Fora xarnegos!! Fora espanyols!! Y es Zapatero, y también Montilla, quienes permiten que estos pinten algo en el panorama político.
    La ideologia de Montilla y ZP no existe, no tienen, o consiste tan sólo en buscar el poder, ganar unas elecciones con la cabeza completamente vacía y esperar a que la llenen de ideas ajenas sus socios de des-gobierno.
    ZP y Montilla son exactamente iguales: la ideología de la búsqueda del poder por el poder, y esperar a que algún “contenido” surja dependiendo de las alianzas políticas del momento. Alucinante.
    Estos son los que meten a Carod y al independentismo en las instituciones.
    Debemos gobernarnos nosotros.
    Nosotros no tenemos libertad para educar a nuestros hijos en la lengua del estado, no tenemos libertad para rotular negocios, no tenemos libertad para acceder a según qué trabajos que exigen niveles de catalán hostiles a la ciudadanía, nosotros no tenemos libertad para aparecer en los medios, nosotros no tenemos libertad para expresar según qué en público, nosotros no tenemos libertad para sentirnos orgullosos de nuestra cultura familiar, etc, etc, etc…
    Y que nadie me llame nacionalista español por decir todo esto.
    El término nación, en el sentido en que hoy lo utilizamos habitualmente, surgió en el discurso político de la Revolución francesa, pero el concepto se iría desarrollando a lo largo del siglo XIX.
    En siglos anteriores, durante toda la Edad Media, nación tenía un sentido derivado de su etimología latina, nascere, que recoge san Isidoro de Sevilla y definía a un grupo de personas que tienen o a quienes se atribuye un mismo origen.
    En el contexto medieval, el término tenía pues el sentido de comunidad étnica cuya Lengua y costumbres la distinguen de la población autóctona entre la que se ha establecido, ya sea de manera provisional o permanente.
    EL concepto moderno de nación fue objeto de numerosas definiciones a lo largo del siglo XIX, época en la que se asiste al surgimiento de los nacionalismos en diferentes países europeos. Inspirado principalmente en el discurso de Herder y de Fichte, el concepto de nación alemana se define como una unidad lingüístico-cultural y étnica, mientras que el concepto de nación francesa define a ésta sobre todo como un territorio, con límites precisos, cuya unidad no se basa en la lengua ni en la raza, sino en el consentimiento, «la voluntad de vivir juntos», como decía el escritor francés Ernest Renan.
    Estos dos conceptos de nación, muy diferentes, servirían de base a los desarrollados, con diversos matices, en otros países europeos y no europeos. El primero, llevado a sus extremos, tendría en el siglo XX derivaciones peligrosas en países como Alemania, en donde el nazismo recurrió a la Lengua y a la raza para el expansionismo del Tercer Reich en los países de Europa oriental con importantes minorías de lengua alemana, y para el exterminio de grupos étnicos, considerados no germánicos, como los judíos y los gitanos.
    Para mí, España no es un mero Estado, sino una Nación (no en sentido nacionalista, sino francés) que además es Estado. Por nación española entiendo aquella cuya unidad no se basa en la lengua ni en la raza, sino en el consentimiento, «la voluntad de vivir juntos»
    (Un estado podría estar formado por territorios que nunca han tenido voluntad de vivir juntos, y a eso no se le podría llamar Estado Nación, sino sólo Estado)
    España es una Nación, en ese sentido, pero en el momento en que surgen individuos que ya no dan consentimiento, ya no tienen voluntad de vivir juntos, la nación ha muerto para ellos y sólo ven a España como mero Estado. Montilla se apunta a ese carro, como buen estómago agradecido…
    España no es sólo un Estado, sino mucho más, para todos nosotros, es decir, para los que continuamos con la voluntad de vivir juntos, dando nuestro consentimiento. Entonces España deja de ser un mero Estado, y es contemplado como Nación (por todos nosotros) sin ningún problema (siguiendo la definición francesa, no la definición nacionalista, claro está.
    Ergo, como nuestra Nación es entendida de modo francés y no de modo nacionalista fichteano, la ÚNICA nación que hay es la española. Como el resto de nacionalidades peninsulares se definen como nación en el sentido fichteano, no estoy obligado a reconocerlas, puesto que para ello hay que compartir valores subjetivos nacionalistas, que no son mi ideología y nada me puede forzar a reconocerlas. Son naciones en sentido romántico, desvinculadas por completo del mundo real.
    Por todo ello, si digo que soy español (en sentido francés) no soy necesariamente nacionalista, porque no se trata de la nación herderiana ni nada eso. Así que ya no digan más que si no se es nacionalista catalán, se es forzosamente nacionalista español (es decir, español en el sentido alemán romántico del término).
    Mslcolm K. Español y de izqierdas.

  2. Ulises de Gataca · · Responder

    Y lo peor de todo, que despues de tanto alarde nazionalista, los nazionalistas de verdad,ERC,CiU, lo seguirán considerando un charnego. Que poca dignidad tiene.

  3. Exacto… nunca entrará en su círculo de amistades.
    No por mucho lamer el culo, le verán como a uno de ellos.
    Pero creo que poco le importa. Sólo quiere el poder.
    Menudo ser.

  4. Dios mio, ésta es la página web más facha y más nazi que he visto en mi vida. Habría que ilegalizaros!!! Bye bye spain!!

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