Tomapoder

“Como mis habituales enfermedades no me permiten sustentar por más tiempo la pesada carga del gobierno de mi reino, he decidido abdicar a favor de mi bien amado hijo, el Príncipe de Asturias.”

A finales de enero de 1808, cuando el tribunal dictamina la absolución de todos los acusados (Fernando VII, el rey golpista), la primera fase del tratado de Fontainebleau ya ha concluido y Portugal ha caído en manos del ejército francés de Junot con la colaboración de los reyes de España. Pero en la Península, estratégicamente situadas, sigue habiendo fuerzas del Emperador y la segunda parte del tratado secreto, el reparto de Portugal y su imperio colonial entre Francia y España con la zona meridional para Godoy, no se ha cumplido.

Los informes que los embajadores y agentes de Napoleón envían a París son unánimes: el Rey apenas cuenta y el pueblo espera que las fuerzas francesas que han entrado en España acaben con el poder de Godoy y lleven al trono a Fernando. Napoleón despliega su Ejército.

A semejanza de lo sucedido en Portugal, cuyo regente ha buscado refugio en Brasil, los reyes españoles, que se encuentran en Aranjuez, se plantean huir hacia América. Godoy se muestra partidario del viaje pero Fernando lo rechaza y empieza de nuevo a mover sus peones.

La maquinaria de propaganda del partido fernandino se moviliza y la noticia de que los Reyes salen de España llega pronto a Madrid unida a otro bulo: el que señala la intención de Godoy de desplazar en la sucesión a Fernando a favor de su hermano menor, Francisco de Paula, de quien aseguran que es hijo ilegítimo de Godoy.

Ante las noticias, el pueblo, liderado por falsos campesinos y criados bajo cuyos disfraces se ocultan los nobles de la camarilla del Príncipe de Asturias, toma el camino de Aranjuez para impedir que el choricero se salga una vez más con la suya.

La noche del 17 de marzo de 1808, tras pasar el día junto a los reyes, Godoy se retira al palacio que tiene en Aranjuez. En su habitación le espera una mujer. Probablemente no es su amante oficial, Pepita Tudó, ni la que, según los rumores, es su nueva concubina, la hermana menor de la Tudó. Se trata de una mujer a quien despide hacia la media noche. La desconocida se dirige al exterior de la casa frente a la que le aguarda un carruaje, se acomoda en el interior y el cochero se dispone a partir.

A pesar de lo tardío de la hora, una multitud rodea la casa de Godoy. Se oyen gritos, imprecaciones, alguien insulta al Príncipe de la Paz, un grupo intenta asaltar el carruaje y finalmente se escuchan disparos. La muchedumbre se convierte en una avalancha imparable. Los guardias que custodian la propiedad de Godoy desobedecen a sus oficiales y se suman a los amotinados. El asalto ha empezado.

La casa de Godoy sufrirá el saqueo durante toda la noche. Los asaltantes encontrarán a su esposa, la condesa de Chinchón, sobrina de los reyes, y a la hija de ambos. Entre vítores a la que también consideran víctima del choricero, algunos la conducen al palacio real y la dejan en manos de la guardia.

Se empiezan a escuchar gritos a favor de Fernando y arrecian los insultos al favorito de los reyes. La multitud crece en número y agresividad a medida que pasa el tiempo y Carlos IV finalmente cede. Firma el decreto de destitución de Godoy antes de la llegada del nuevo día y cuando poco después le visita en embajador francés, le asegura que no piensa abandonar España.

Mientras tanto, en la casa de Godoy la gente sigue buscando al odiado personaje. Pero el Príncipe de la Paz permanece oculto bajo los restos del saqueo durante más de treinta horas. Cuando el día 19 finalmente sale de su escondrijo sediento, tembloroso y agotado, uno de los guardias le reconoce y le detiene.

La noticia corre enseguida de boca en boca y la gente, que todavía le busca en la casa y por los alrededores, se agolpa tras el detenido. Algunos le golpean, recibe varias cuchilladas y cuando llega al cuartel apenas se sostiene en pie.

Fernandovii

Mientras los agentes de Fernando arengan a la multitud que rodea el cuartel en el que Godoy queda detenido, frente al palacio la gente sigue vitoreando al Príncipe de Asturias y los cortesanos que están en el secreto de la conspiración empiezan a presionar al Rey. Su esposa, la reina María Luisa, describe los acontecimientos de aquella noche:

“Mi hijo Fernando era el jefe de la conspiración; las tropas estaban ganadas por él; él hizo poner una de las luces de su cuarto en una ventana para señal de que comenzara la explosión. (…) Al momento los guardias de Corps, los de Infantería española y los de la valona se pusieron sobre las armas y sin recibir órdenes de sus primeros jefes convocaron a todas las gentes del pueblo y les condujeron adonde les acomodaba.”

Carlos IV, que se ha quedado sin Godoy, su principal apoyo, sin el hombre que manejaba todos los resortes del poder, se siente solo y débil. Al final del día convoca al Consejo y anuncia su voluntad de abdicar:

“Como mis habituales enfermedades no me permiten sustentar por más tiempo la pesada carga del gobierno de mi reino y necesitando para mi salud gozar, en un clima más templado, de la vida privada, he decidido después de muy madura deliberación, abdicar a favor de mi bien amado hijo, el Príncipe de Asturias.”

La reina justifica la abdicación y señala el comportamiento de su hijo a partir de aquel momento:

“Desde el momento de la renuncia, mi hijo trató a su padre con todo el desprecio que puede tratarlo un rey, sin consideración alguna para con sus padres. (…) Manifestando gran contento de ser ya rey y de que nosotros nos alejemos de aquí (…) Mi hijo ha hecho esta conspiración para destronar al Rey su padre. Nuestras vidas hubieran estado en grande riesgo y la del pobre Príncipe de la Paz lo está todavía.”

La multitud que vitorea la entrada en Madrid del nuevo Rey es tal que la comitiva tarda seis horas en recorrer el trayecto entre el Jardín Botánico y el Palacio Real. La primera decisión de gobierno de Fernando VII será confiscar todos los bienes de Godoy. Había pasado más de una semana desde su detención cuando Fernando ordenó nuevas medidas:

“El Rey no ve inconveniente en que se permita a Manuel Godoy afeitarse y cortarse las uñas, ni en que se le dé un cubierto para comer.”

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2 comentarios

  1. Ay, Pilines, en los territorios de España habeis cortado justo cuando iban a decir Cuba!!! No, si sois unos acomplejados. Si por vosotros fuera, la reconquistabais, junto con las otras colonias. Tanto criticar el 11 de septiembre catalan, y el 2 de mayo es exactamanete lo mismo: Resistencia popular patriotica espontanea contra el enemigo invasor, en el caso catalan franceses y castellanos. Seguid, que me divierto mucho

  2. Corred, que vienen. · · Responder

    Cuando veas a la cabra entrar por la Diagonal te vas a reír mucho más, ceporrón.

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