Nacionsoberania

“Es indispensable una autoridad suprema que reúna la dirección de todos los ramos de la Administración pública; es preciso juntar las Cortes en quien resida la regencia del reino, la autoridad suprema gubernativa y la representación nacional.”

 

Mientras Fernando expresaba su colaboración con el Emperador (Los peores políticos en el peor momento), en España, durante los largos años de la guerra, su nombre seguía en boca de todo el “pueblo ciego y furioso”. Sus súbditos creían que era él quien les había librado del odiado Godoy y pensaban en los sufrimientos que padecería a manos de los franceses. Por aquellos días corría de mano en mano un Catecismo civil, y breve compendio de las obligaciones del español, conocimiento práctico de su libertad, y explicación de su enemigo, muy útil en las actuales circunstancias, puesto en forma de diálogo. El panfleto reflejaba los sentimientos populares hacia el Rey ausente y deseado, pero también nuevos conceptos como el de nación y el de una soberanía basada en el pueblo:

 

– Dime, hijo, ¿quién eres tú?

– Soy español, por al gracia de Dios.

– ¿Quién es nuestro rey?

– Fernando VII.

– ¿Con qué ardor debe ser amado?

– Con el más vivo y cual merecen sus virtudes y desgracias.

– ¿Quién es el enemigo de nuestra felicidad?

– El emperador de los franceses.

– ¿Quién es ese hombre?

– Un malvado, un ambicioso, principio de todos los males, fin de todos los bienes y compuesto y depósito de todos los vicios. (…)

– ¿Cuántos emperadores hay?

– Uno verdadero en tres personas engañosas.

– ¿Cuáles son? –

Napoleón, Murat y Godoy. (…)

– ¿Qué felicidades debemos esperar?

– Las que los tiranos no nos pueden dar.

– ¿Cuáles son?

– La seguridad en nuestros derechos, el libre uso de nuestro santo culto, el restablecimiento monárquico con arreglo a las constituciones españolas y las relaciones con la Europa.

– Pero, ¿no las teníamos?

– Sí, padre; mas degradadas por la adulación de las autoridades que nos han gobernado.

– ¿Quién debe restablecerlas y asegurarlas?

– La España reunida en Cortes, a quien solo compete este derecho, tan luego como tenga sacudido el yugo extranjero.

– ¿Quién nos autoriza a esta grande empresa?

– Fernando VII, que deseamos a todo nuestro corazón ver entre nosotros por los siglos de los siglos. Amén.

 

Josei

 

Durante los años que median entre la llegada a Francia de Fernando VII, en 1808, y el retorno, en 1814, las instituciones españolas viven una profunda transformación. Tras la salida de la casa real, el Gobierno de España se organiza en torno a las Juntas Supremas, que tienen un origen popular muy alejado de la tradición monárquica de los Borbones. Y aunque las Juntas siempre actúan pensando en el que consideran Rey cautivo por el enemigo, afirman en todo momento la nueva legitimidad de sus orígenes. La Junta Suprema de Sevilla proclama:

 

“El pueblo reasumió legalmente el poder de crear un gobierno.”

 

Afirmaciones de esta índole proliferan en todas las Juntas Supremas, que desplazan las estructuras de poder del Antiguo Régimen, incapaces de evitar la invasión. La guerra transformaba las mentalidades pero también sumía al país en el hambre. Mesonero Romanos escribía en sus memorias:

 

“Hombres, mujeres y niños de todas las condiciones, abandonando sus míseras viviendas, arrastrándose moribundos a la calle para implorar la caridad pública, para arrebatar siquiera no fuese más que un troncho de verdura, que en época normal se arroja al basurero; un pedazo de galleta enmohecida, una patata.”

 

A los tres meses del primer alzamiento popular en Madrid, las Juntas Supremas han organizado el Gobierno de la nación y se van a dar un organismo supremo, la Junta Central. La iniciativa parte de la Junta de Valencia:

 

“Es indispensable dar mayor extensión a nuestras ideas para formar una sola Nación, una autoridad suprema que en nombre del soberano reúna la dirección de todos los ramos de la Administración pública; en una palabra, es preciso juntar las Cortes o formar un cuerpo supremo compuesto de los diputados de las provincias en quien resida la regencia del reino, la autoridad suprema gubernativa y la representación nacional.”

 

Mientras el Rey vive su dorado exilio en Valençay a costa del erario francés, aires renovados recorren España, donde surge un nuevo Estado. Se impone una nueva legitimidad basada en la soberanía popular y en paralelo nace entre los españoles la primera conciencia moderna de carácter nacional. Hemos visto ya el Catecismo civil… pero hay más textos, anónimos muchos de ellos:

 

“Franceses, idos a Francia,

dejadnos con nuestra ley;

y en tocando a Dios y al Rey,

a nuestra patria y hogares,

todos somos militares

y formamos una grey”.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s