La destrucción del Estado

“La víctima siempre es la misma: la solidaridad entre los españoles, una de las piezas que justifican nada menos que al Estado moderno, construido precisamente para fabricar cohesión entre las clases sociales y entre los territorios.”

“En Italia, tras las recientes elecciones, se está cociendo el mismo guiso y ahí está el Norte poderoso desafiando al Sur menesteroso. Pero, en aquella península, las banderas de la insolidaridad y del egoísmo las enarbola la derecha más reaccionaria mientras que, en estos pagos, ¡encima! llevan vitola de progreso.”

La política del agua, la financiación regional, la sanidad, las políticas sociales, la educación, la justicia, en suma, el Estado todo se quiebra, se divide en 17 administraciones enanas, incapaces de garantizar los servicios a los ciudadanos. Empieza a hacerse evidente la falacia de las bondades de la descentralización. Se aprecia cada día mejor en regiones que en este terreno llevan la delantera, como Cataluña, donde se convierte en sólida realidad el principio de que, a mayor autonomía, peores servicios.

El profesor Francisco Sosa Wagner analiza la descomposición y ruptura del Estado y propone caminar rápidamente hacia un estado federal para superar el marasmo actual:

“Se nos sermoneará que España está más cohesionada que nunca, pero la realidad se aleja de esta suerte de hipnotismo que se viene administrando desde los púlpitos de la corrección política, con sospechoso tesón.

“Precisemos: España, esa compleja entidad colectiva plena de esencias y presencias, va a su aire: productiva, inquieta, creadora, cada vez más ajena a los discursos políticos, siempre a medio camino entre la fábula y la ficción tragicómica. A esa España, que por supuesto no se rompe ni se desgarra, no aludo. Me refiero al Estado que, sometido al pulso de la fragmentación, ofrece las trazas de un astro menguante.

“Los ejemplos a exhibir son tan abundantes que emiten ya sonoras alarmas. Así, en el problema del agua chapotean conflictos derivados de la política de obras hidráulicas, pero también las previsiones de los nuevos estatutos que han tenido la mano larga a la hora de apropiarse de ríos enteros, incluso de aquellos que tienen la osadía de traspasar las fronteras españolas y adentrarse en algún país extranjero.

“Hay ya incluso alguna provincia que pretende quedarse con su río, emulando así en avidez hídrica a sus hermanas mayores, las comunidades autónomas. Sólo falta que los municipios se apunten al festín. De ahí que se amontonen los pleitos y se llame a las puertas del Tribunal Constitucional para que éste enderece los desaguisados que esparcen por doquier políticos tan largos de ambiciones como cortos de mesura en la administración de la res publica.

“Por su parte, los dineros públicos han desatado una guerra entre comunidades, enfrentadas hoy ya las ricas con las pobres, las del este con las del oeste, y las del sur con las del norte. Se lanzan entre ellas balanzas como proyectiles, o se recurre a acuñar criterios de inversión del Estado en función de los intereses de cada cual: quién blande la población, joven o envejecida, castiza o inmigrante; quién la superficie forestal; quién el turismo. Sólo falta que se invoque el consumo de sidra o el de paella para allegar recursos y construir fortunas regionales.

“Un deslizadero éste que amenaza despeño, bendecido -de nuevo- por el Parlamento, por el Gobierno, incapaces de administrar el sacramento del orden y la disciplina en asunto de tanta sustancia. Ya veremos cómo se encarrila todo este embrollo y si será también el Tribunal de la calle de Domenico Scarlatti de Madrid el que al final se vea obligado a concertar lo que los políticos han desconcertado. Y veremos qué secuelas deja: de agravios no satisfechos, de rencillas entre vecinos, de afrentas, todas a la espera de ser saldadas en algún combate próximo.

“La víctima siempre es la misma: la solidaridad entre los españoles, una de las piezas que justifican nada menos que al Estado moderno, construido precisamente para fabricar cohesión entre las clases sociales y entre los territorios.

“En Italia, tras las recientes elecciones, se está cociendo el mismo guiso y ahí está el Norte poderoso desafiando al Sur menesteroso. Pero, en aquella península, las banderas de la insolidaridad y del egoísmo las enarbola la derecha más reaccionaria mientras que, en estos pagos, ¡encima! llevan vitola de progreso.

“Pues ¿qué decir de la Sanidad? Acaba de aparecer un libro -Integración o desmoronamiento. Crisis y alternativas del sistema nacional de salud, firmado por Juan Luis Rodríguez-Vigil Rubio, político socialista que tuvo significadas responsabilidades en Asturias-, donde se analiza sin vacua palabrería la situación en que se halla el que quiso ser modelo sanitario.

“Para Vigil, «el sistema nacional de Salud tiende cada vez más a configurarse como un sistema no excesivamente articulado, poco armónico y de creciente heterogeneidad que, además, carece de instrumentos eficaces para fortalecer su cohesión, dado que para funcionar depende casi en exclusiva de la mejor o peor voluntad que en cada caso y momento tengan los gobiernos autonómicos… por lo que no resultan en absoluto extrañas las decisiones y los actos de descoordinación que emanan de los distintos integrantes del servicio nacional de Salud y que favorecen claramente la fragmentación del conjunto».

“Un camino por el que se llega a situaciones tan pintorescas como la que ofrecen los distintos calendarios de vacunaciones o la más inquietante del gasto farmacéutico, pues en algunas regiones se restringe la dispensación de unos fármacos que en otras se recetan con largueza.

“De igual forma, son manifiestas ya las diferencias que existen entre comunidades en relación con las listas de espera, con la salud bucodental, con los servicios de salud mental y otras especialidades y superespecialidades. El riesgo, para Vigil, es claro: se está a un paso del «descoyuntamiento del actual servicio nacional, el cual podría llegar a mutar en 17 sistemas sanitarios diferentes».

“Por su parte, la Ley de Dependencia, estrella de la política social del Gobierno, se proyecta sobre la realidad de forma renqueante y, por supuesto, a 17 velocidades distintas pues todo queda al albur de la voluntad política, del dinero y los medios personales empleados, de las prioridades de cada región…

“Si pasamos a otro servicio público vertebrador, el de Educación, las conclusiones son las mismas, sólo que en este ámbito nos encontramos en un estadio más maduro de fragmentación, agravado por la vuelta de tuerca que se percibe en la política lingüística de las comunidades bilingües.

“Pero hay más. En el caso de la enseñanza superior y respecto de los títulos universitarios, una responsabilidad indeclinable del Estado -artículo 149.1.30 de la Constitución-, la ley reciente de universidades opera con una agresiva frivolidad: se suprime el modelo general de títulos por lo que el panorama que se avizora es el de una diversidad abigarrada de títulos de libre denominación en cada universidad, vinculados tan sólo a directrices mínimas del Gobierno, válidas para vastas áreas de conocimiento, y a la intervención -más bien formal- de la Comunidad Autónoma y del Consejo de Universidades, que siempre habrán de preservar «la autonomía académica de las universidades».

“A todo esto hay que añadir la amenaza, que pende sobre el empleo público, de aprobar 17 leyes de funcionarios y sobre la Justicia que, si el Todopoderoso no lo remedia, verá nacer en breve 17 consejos regionales judiciales, como si no fuera castigo suficiente el general de Madrid. Etcétera, etcétera.

“De verdad, ¿exige la diosa de la autonomía que ardan en su pebetero tantas y tan variadas ofrendas?

“Para sortear la angustia se impone una pregunta final: ¿Tiene todo esto remedio? Creo que sí. En mi opinión, enderezar los pasos dados de forma tan atolondrada exige retomar el camino y señalar una meta que, a estas alturas, no puede ser otra que la del Estado federal.

“Un Estado que, cuando está asentado y produce frutos cuajados (EEUU, Alemania, etcétera), no es sino una modalidad de Estado unitario, con potentes instrumentos de cohesión y con junturas bien engrasadas.

“Lo demás es crear poderes neofeudales y facilitar la consolidación de redes clientelares. Es decir, asumir el riesgo cierto de la esqueletización del Estado.” Francisco Sosa Wagner, La vacuna como síntoma (€).

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5 comentarios

  1. Miguelinho · · Responder

    Unas aclaraciones para el autor de un blog que insulta a gallegos, nos llama “suevos” de manera despectiva, como si fuese algo malo tener un nacionalismo fundamentado. Es que le jode al autor? Es normal… que historia tiene España? Cual es su origen? En realidad el origen son los decretos de nueva planta, durante la regencia de MªCristina. Todo lo que hay antes no es España, si no las Españas, una especie de aliannza Castellano-Aragonesa que en ningún momento fue considerada nación. Entonces, los gallegos, catalanes, vascos y andaluces tienen que aceptar como suya, una nación con esacos 200 años de historia, cuyo mayor periodo de estabilidad fue un régimen franquista y asesino? Coherencia caballeros. De Santiago a Barcelona, de Bilbao a Cádiz, es obvio que no existe la misma cultura, ni la lengua, ni las tradiciones ni prácticamente nada en común…
    Es OBVIO y NO HACE FALTA SER DEMASIADO LISTO para darse cuenta de que en el circo de España hay NACIONALIDADES -definición de nación de la RAE: f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.-
    Lo que pasa que los españolistas a ultranza no saben ni lo que quieren. O mio o de nadie? Que problema hay en crear un estado federal? O en dejar que esas NACIONES de inependicen pero seguir tieniendo buenas relaciones con ellas? Lo que no se puede hacer es modificar la historia y intentar borrar hechos innegables. España es un invento reciente y en al peninsula iberica hay varios pueblos diferentes PUNTO.

  2. Parece claro que los nacionalismos en Galicia, vascongadas y Cataluña existen porque los respectivos políticos nacionalistas anhelan el poder supremo en sus Autonomías.

  3. La fragmentación del estado es un hecho, a este paso va ser más fácil irte a vivir al extranjero que irte a la región del al lado. Es una desgracia tener políticos tan necios y corruptos, ignorantes y cortos de miras. Vamos a una situación neofeudal, donde la cohesión va ser ciencia ficción,y vamos a tener que fastidiarnos y soportar a todos los corruptos y sus redes clientelares. Es hora de reaccionar y formar un movimiento ciudadano para impedir una fragmentación que solo beneficia a esos politicos de mierda

  4. Ese movimiento ciudadano que anhelas ya existe, es un nuevo partido político denominado: Unión Progreso y Democracia y está representado en las Cortes por la diputada Rosa Díez. Salud.

  5. UPD es un grupo de amigotes de chiste, laicistas quita cruces aliados con IU y ERC. Son unos engañabobos miserables que no defienden a los ciudadanos, sino a sus egos de curas casposos.
    Gorriarán es un nuevo aparachik que censura toda opinión crítica.

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