Cuando el obrero extremeño explota al obrero catalán

Según los cálculos del socialismo sindical, las balanzas fiscales demostrarían que la secular explotación española de Cataluña pasa por quitarle dinero al trabajador catalán, que por este motivo cobraría mucho menos que sus compañeros del resto de España.

El socialismo zapatero, contaminado de tics nacionalistas, empieza a echar las cuentas de las balanzas fiscales para comprobar cuánto le tocará a cada uno. Y la franquicia sindical del PSOE no podía quedarse atrás.

El dirigente de UGT Josep María Alvarez, secretario general del sindicato socialista en Cataluña, ofrecía en el diario Público sus cálculos para demostrar la explotación del obrero catalán por parte del obrero extremeño.

Según Alvarez (Josep), la prueba de esta nueva forma de opresión reside en las balanzas fiscales. Y el procedimiento que propone para calcular la cantidad exacta de expolio obrero es, por lo menos, pintoresco:

“Es el resultado de aplicar al salario medio de cada comunidad el Indice Regional de Precios Relativos y, posteriormente, sumarle el denominado Fondo de Suficiencia.”

Agítense los parámetros indicados y sírvase una ración de secesionismo que asciende a la bonita suma de 23 euros. Esa es la cantidad, según Alvarez, que pilla el obrero explotador extremeño de su camarada catalán.

De acuerdo con cálculos elaborados de manera tan peculiar, el esforzado obrero catalán cobra cuatro mil pesetas menos que el extremeño y muchas menos que los de Cantabria, Aragón, Castilla y León, Asturias y, por supuesto, Madrid. El obrero madrileño, como no podía ser de otro modo, es el que más dinero le quita al obrero catalán.

Por si cabían dudas acerca de cuál es la finalidad de toda esta basura étnica, el secretario general de UGT en Cataluña añade:

“La desafección [de España] de la que habla el presidente [Montilla] no es una premonición. Podemos afirmar, sin equivocarnos, que es un sentimiento constatable que crece a buen ritmo, y que se ampara en la percepción ampliamente compartida de que tan sólo formamos parte de España en términos fiscales.

“Si Catalunya no logra los instrumentos y los recursos financieros suficientes para afrontar con éxito nuestros propios retos de crecimiento como país, la distancia será mucho más que 23 euros” (el texto completo puede leerse en 23 euros).

En declaraciones a El Periódico, el 6 de junio de de 2005 este mismo ¿sindicalista? afirmaba:

“La terminología identitaria va en paralelo a los derechos sociales.”

Los vericuetos a través de los cuales la izquierda española ha terminado defendiendo lo mismo que personajes tan reaccionarios como Pujol y Carod resultan tan insólitos como variados. En otros tiempos el PSUC se esmeró en la tarea de hacerles tragar a los trabajadores catalanes el nacionalismo. Tontos útiles como Paco Candel inmolaron su buena fe en semejante tarea.

Hoy el PSOE y la UGT han tomado el relevo de los viejos comunistas en la labor de convertir las ruedas de molino etnicistas en coloreados espejitos progresistas.

__________________

Sobre el orígen y el carácter de las balanzas fiscales acaba de escribir Mikel Buesa (el artículo completo se puede leer aquí):

“Fue Ramón Trias Fargas, Catedrático de la Universidad de Barcelona estrechamente vinculado, a través del servicio de estudios del Banco Urquijo, con la promoción en España de la economía regional —antes, naturalmente, de engrosar las filas de Esquerra Democrática de Catalunya, partido que se integraría en la Convergencia de Jordi Pujol—, quien, en 1972, publicó una Introducció a l’economia de Catalunya que se tradujo dos años más tarde al español y tuvo una indudable difusión entre los economistas y políticos de la época.

“En su obra, el profesor Trias Fargas, partiendo de algunos trabajos anteriores sobre la balanza de pagos de Cataluña, realizados dentro del ámbito académico de la Universidad Central de Barcelona, sostuvo que el ahorro generado en la región superaba a la inversión y que tal situación perjudicaba el desarrollo económico catalán.

“En vez de razonar el los términos de una economía abierta —y, en consecuencia, constatar que ese desequilibrio se tenía que compensar necesariamente con un superávit comercial—, prefirió hacer caso omiso de la relación externa de la región con los demás territorios de España; es decir, ignoró el verdadero motor de los negocios catalanes que estaba en la base del superior nivel de desarrollo de Cataluña: la venta de las mercaderías manufacturadas en la que ya entonces era la «fábrica de España» en un mercado interior protegido de la competencia internacional.

“Trias Fragas parecía más bien imbuido de una idea autárquica. Y, por ello, sostuvo que, para impulsar el crecimiento catalán, era necesario «ahorrar más y procurar perder el mínimo posible de nuestro ahorro fuera de Cataluña».

“Cómo lograrlo era, en su singular análisis económico, muy sencillo: bastaba disminuir al máximo el déficit fiscal regional que, con dudoso rigor contable, estimaba en el 48 por 100 de los ingresos obtenidos por la hacienda del Estado. O sea, se trataba de que los impuestos pagados por los catalanes se gastaran exclusivamente en Cataluña y no se transfirieran al resto de España.

“Note el lector que esta propuesta —que ha pasado sin variación alguna al pensamiento político común de las diversas variantes del nacionalismo catalán— lleva implícita una idea falsa pero muy atractiva para las personas ignorantes de las florituras del análisis económico: la promesa de hacer ricos a los catalanes sin que éstos tuvieran que hacer nada.

“Y, sobre esa base, Trias pretendió asentar un «nuevo regionalismo» de carácter populista en el que confluirían los intereses de «la Cataluña de los ricos y la Cataluña de los pobres», pues «cuando decimos que el ahorro catalán debe permanecer en Cataluña, decimos algo que le conviene al empresario… y decimos algo que igualmente conviene al asalariado».

“Ni que decir tiene que el profesor barcelonés, como todos los demagogos de esta especie, eludió el incómodo problema de la distribución de la riqueza diciendo que «una vez incrementada la renta regional, (ya) veremos cómo la repartimos». Y proclamó, con euforia irrefrenable, que «el catalanismo como exclusiva de la burguesía ha terminado».

“Dicho de otra manera, es obvio que, en las ensoñaciones de este intelectual, la lucha de clases, el conflicto de intereses entre capitalistas y asalariados, se desvanecía en la armonía universal de la nación reencontrada, de la etnia aislada y libre de las ataduras que, de momento, la mantenían unida a una España concebida como poder opresor ajeno a la tradición catalana.

“La propuesta del profesor Trias Fargas tuvo un indudable impacto entre las minorías políticas catalanas que, en aquellos años, se afanaban en la lucha contra el franquismo; y dado que esa propuesta impregnó tanto a la derecha como a la izquierda catalanista, no sería sorprendente que, en el imaginario nacionalista, la eliminación del déficit fiscal se identificara con el derrocamiento de la dictadura.

“Se expandió así un sentimiento victimista, una idea de expolio, el delirio de haber sufrido un despojo legendario, como si el resto de los españoles se hubieran aprovechado siempre de la laboriosidad de los catalanes.

“Quien con mayor claridad ha expresado esta idea es el también distinguido economista académico Xavier Sala i Martin, para el que «un argumento importante que se tendría que utilizar para valorar los costes y beneficios de la independencia —se refiere a la de Cataluña— es el déficit de la balanza fiscal… El beneficio principal, según dicen, es la “solidaridad interregional”. Pero una cosa es la solidaridad y otra que te roben la cartera».

“Pues bien, a partir de estas ideas simples y demagógicas, la cuestión de la balanza fiscal se convirtió en uno de los tópicos más relevantes en los que confluyeron los programas políticos de la derecha y la izquierda catalanista, incluyendo más tardíamente al socialismo.

“Y, puesto que, a partir de ellas, lo que se pretende argumentar es el saqueo de Cataluña, no sorprende que, como ha destacado el profesor Ángel de la Fuente, «exista la tentación de utilizar las balanzas fiscales de manera demagógica, manipulándolas para excitar la indignación ciudadana ante agravios reales o supuestos con la esperanza de obtener rendimientos electorales».” Mikel Buesa, Las balanzas fiscales de las Comunidades Autónomas: una concesión al nacionalismo.

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6 comentarios

  1. Los impuestos del trabajador catalán obviamente no van directamente al bolsillo del extremeño pero si en su beneficio, cosa que me parecería perfecto si en extremadura el nivel de vida fuera mucho más alto y no tuvieran los servicios de los que se disponen en catalunya. El problema reside en que eso no es así, sinó al revés, ya que quien dá el dinero no tiene el nivel de vida del que se disfruta en extremadura, ni los mismos servicios como por ejemplo un ordenador por estudiante o libros de texto gratis en todos los ciclos.
    La solidaridad entre comunidades tiene de base “ideológica” que las comunidades “ricas” ayuden a las “pobres” a llegar al nivel de “desarrollo y riqueza” de las primeras y por eso puse el ejemplo de la enseñanza ya que una buena educación es la base para llegar a un mayor “desarrollo”. Pero este sistema, a parte de no tener en cuenta los factores anteriores, el nivel de vida de la gente ni los servicios que se prestan a los ciudadanos, crea otro problema, que es que de esa ayuda en educación por mucho que parezca que es extremadura quien se beneficia, no lo es. Fijense en la mayoría de los doctores, licenciados, gente emprendedora, y demás que salen de extremadura donde trabajan o donde tienen la sede. En Madrid, porque tienen buena educación pero no pueden trabajar de lo que estudiaron ya que no existen esos puestos de trabajo. ¿Entonces que pasa? que llegamos a la situación actual, ya que todos los principales activos de la comunidad extremeña no trabajan en su comunidad sinó que engrandecen las arcas de otra por lo que la situación de “ricos y pobres” se eterniza en un bucle sin fin.
    Y si a eso le sumas una de las comunidades que dá más dinero al fondo común “por cojones” y que tendrá que suministrarlo por los siglos de los siglos como ya he comentado vé como el nivel de vida de los que han ayudado durante años sirve para mejorar la educación del vecino, la calidad de vida en general ya que reciben ayudas y tienen mucha más facilidad en comprar una casa ya que no es tan cara como en su comunidad y los sueldos son casi los mismos, es facil llegar a la conclusión de porqué pueden estar tan cabreados y se quejan de una situación realmente injusta.

  2. Hay un pequeño error, hace unos años si que el muy cuestionado contraargumento por parte de los anticatalanistas castellanoexpansionistas era que los negocios catalanes se beneficiaban del mercado español. Actualmente esa balanza comercial está equilibrada en la compra-venda de Catalunya con el resto de España y además gran parte de los negocios catalanes se hacen con el exterior del Reino de España con la Unión Europea o con otras partes del mundo.
    Los obreros extremeños no roban a los obreros catalanes ni mucho menos. El problema es de los dirigentes españoles. La competencia de Barcelona y los Països Catalans en conjunto motor económico único de España, a la capital centralista de Madrid, duele a muchos de los que tienen intereses muchas veces no de estado sino personales. Por lo tanto como tienen el poder se trata de eliminar la competencia con fuerza bruta, para sustituir la inteligencia claro…
    Los impuestos que paga una persona qualquiera en Catalunya están invertidos en todo el estado mientras que los demás no. Tener que subencionar los servicios de todo el reino nos provoca un déficit cuando además no se invierte en las infraestructuras catalanas como carreteras, trenes o redes eléctricas. Claro, soportar una crisis con buenas infraestructuras es una cosa, soportar una crisis com unas infraestructuras de mierda porqué cuatro empresarios madrileños se estan quedando con el dinero es otra.
    Sala i Martí tiene toda la razón, una cosa es ser solidário que es voluntario y otra es que te roben que es impuesto…

  3. Los argumentos de estos dos señores son una muestra clara del perjuicio que provoca el nacionalismo con respecto a Catalunya. Lo que critican no es otra cosa que la justicia redistributiva, el fundamento básico del Estado del Bienestar, ni más ni menos. Las partidas económicas se deben debatir, por supuesto, y comprobar dónde se necesita el dinero y por qué. Pero son precisamente los nacionalistas quienes no están en condiciones de argumentar cuando ellos son los reyes del despilfarro. Montilla llegó a afirmar hace un año que se sentía orgulloso de que el primer gobierno tripartito en la Generalitat hubiera destinado 80 millones de euros ¡sólo! en política lingüística -quedan fuera las embajadas de Carod y otras chorradas no directamente relacionadas con la lengua- cuando resulta que hace poco el secesionista Puigcercós estimaba el supuesto déficit fiscal en 32 millones. Me parece que no hace falta decir más. Los mismos nacionalistas son quienes mejor pisotean sus propios argumentos.
    Amigos: la riqueza es un producto social, y más todavía en una nación que pasó del Estado liberal al Estado social, en el que tanto la izquierda como la derecha liberal saben que la exigencia de redistribución económica es innegociable y constitutiva del propio Estado. Fue el interludio fascista impuesto por el general Franco el que más se ajustó a lo que defienden los separatistas teniendo en cuenta que no existía el Estado del Bienestar y que, principalmente durante los primeros años de la autarquía, las medidas proteccionistas endogámicas permitieron enriquecerse a su gusto a las burguesías vasca y catalana que posteriormente se han hecho pasar por antifranquistas.
    Las “balanzas fiscales” inventadas por los nacionalistas son un fantasma. ¿Qué pasa si utilizamos los mismos parámetros con respecto a Barcelona y el resto de las provincias catalanas? Es entonces cuando los mismos que despotrican contra Extremadura se ponen a mirar hacia otro lado. ¿Cómo se pueden criticar las subvenciones y no sólo no criticar sino aspirar a los regímenes forales y de concierto que se disfrutan en el País Vasco y en Navarra. Amigos nacionalistas: demócratas no sois, pero desde luego de izquierdas lo sois mucho menos todavía. Tenéis más cara que espalda, eso sin duda alguna.
    Cualquier argumento razonable se convierte en basura en manos de los nacionalistas. Es imposible que el Estado pueda confiar y negociar con aquéllos que por activa y por pasiva amenazan con la secesión, con un delito de sedición que ya están cometiendo, negociar con los que trafican con la sangre de las víctimas del terrorismo entre otros muchos chantajes. Así que mientras tanto, Catalunya abandera la crisis económica y social en España, los caciques étnicos se pulen nuestros impuestos, las grandes fortunas eluden pagar los suyos, nos abstraemos de una más necesaria que nunca reforma fiscal a fondo, y ni rechistamos ante el deterioro de las relaciones laborales y la falta de inversión en el campo tecnológico. Aquí, lo que nos preocupa es el catalán y si “som una nació”.
    Poner a los obreros catalanes en contra de los extremeños con argumentos demagógicos propios de Le Pen es cosecha habitual de un partido ultraderechista como es ERC, pero oírlo en boca de un dirigente de UGT es una muestra más de la corrupción ideológica de la socialdemocracia en España. En cualquier caso, hace ya mucho tiempo que Marx y Engels hubieran escupido encima de este falso socialismo.

  4. Si antes de criticar leyera un poco lo que está criticando y diera argumentos en vez de lanzar consabidas proclamas antinacionalistas puede que entendiera un poco lo que he intentado explicar.
    Claro que estoy en contra de la “justicia” redistributiva, y da la casualidad que me baso en una consigna repetida hasta la saciedad por los “no nacionalistas”: Los ricos no son los territorios, son las personas.
    No se puede tolerar de ninguna manera que una persona que trabaje en un mismo puesto de trabajo y que cobre lo mismo gracias a los grandes convenios nacionales, que por vivir en extremadura tenga más facilidad en conseguir una casa o cualquier cosa, una cerveza por ejemplo, o que no tenga que pagar los libros a sus hijos, que disfrutarán de un ordenador personal para cada uno en la escuela y una pizarra digital. Y eso gracias a muchísimos “ricos” que cobran igual que él y trabajan en lo mismo y que no podrán disfrutar de lo que él se beneficia. En una cosa tiene usted razón, Marx y Engels hubieran escupido encima de este falso socialismo.
    Que los nacionalistas despilfarran, pues a mi parecer si, pero no mucho más que los “no nacionalistas” subvencionando la Real Academia de la lengua española, las pagas de por vida al Rey, a su familia, a su familia segunda, tercera, cuarta y quinta, la puesta en escena del 12-0 y el ejercito en general, las banderas españolas gigantes, en investigaciones fantasma o mil casos más que no voy a citar por vergüenza ajena. Aquí todo el mundo gasta en nimiedades, nacionalistas y no nacionalistas.
    ¿Quien pisotea sus propios argumentos?
    La riqueza es un producto social por eso su beneficio tiene que ser también para toda la sociedad, no solo para unos pocos todo y que obviamente, la mayor parte tiene que ser para las PERSONAS más desfavorecidas vivan donde vivan.
    Y sobre las burguesías vasca y catalana le doy la razón, se enriquecieron en la última mitad de siglo, pero ojo, igual que la madrileña o de otros sitios de españa, que eso nunca se dice. Como bien ha dicho usted, el señor caudillo que eso de la igualdad y la justicia no lo llevaba muy bien, nunca hubiera “favorecido” a nadie si él y sus amigos no hubieran tenido los bolsillos a rebosar. Ah, y parece que hay que recordar ahora que ni todos los catalanes son burgueses, ni todos los extremeños pobres. Como dato objetivo, el hombre más rico de españa, el señor Inditex, proviene y vive en galicia, una de las comunidades más “pobres”.
    Las balanzas fiscales, simplemente me importan un comino ya que como se pueden hacer de mil maneras diferentes y teniendo en cuenta mil factores más, seguro que no reflejarán nada, o lo que se quiera reflejar. Pero eso de que un extremeño con igual trabajo y salario que un catalán vive mejor seguro que no.
    ¿Y que pasaría si se hicieran de Barcelona y el resto de catalunya? pues que Barcelona tendría tendría un gran déficit, claro. Pero con la pequeña diferencia de que TODOS los catalanes que trabajaran en lo mismo, fueran de donde fueran, gracias a lo que usted denomina sistema “justo” tendrían los mismos servicios, todos pagarían libros de texto, y todos tendrían que pagar casi lo mismo por una casa de 3 habitaciones.
    El sistema Vasco y Navarro claro que es insolidario con la GENTE que no procede de ahí y los que si pagan, y claro que lo critico, pero una cosa si que es verdad; si este sistema se implantase en cada comunidad autónoma estoy seguro que los poderosos y la gente más rica de cada comunidad se esforzaría en crear dinero y puestos de trabajo en ella, simplemente porque la mayoría de beneficios repercutirían en ellos y en su familia. ¿Que pasa cuando dejas de darle la paga a tu hijo? que se apaña él y busca trabajo.
    Me ha sorprendido la frase donde anuncia que cualquier argumento razonable lo deja de ser simplemente porque quien lo pronuncia no tiene sus mismas ideas. No, eso no es así, lo que le pasa a usted es que antes de decirle a una persona que no piensa como usted que tiene razón se cortaría la mano, porque para usted si le da la razón en una cosa querría decir que sería posible que la tuviera en otra, cosa a la que no está dispuesto. Esta consigna lo único que ha creado en el mundo es guerra y desigualdad, aparte de ser una fabrica de independentistas.
    Como bien dice, los ricos eluden pagar sus impuestos, los caciques siguen siendo lo que son, y la falta de inversiones en campos importantes están abandonadas, pero cabe decir que no solo en catalunya, sino en toda españa.
    Los obreros simplemente por ser lo que son, aunque la conciencia de clase ha dejado de existir, tendrían que unir sus intereses más que nunca pero eso no será posible mientras unos salgan favorecidos y otros no, empezando por los propios sindicatos y su gente y siguiendo por las diferencias de calidad de vida entre obreros que realizan el mismo trabajo.
    Finalmente quiero pedir disculpas por este texto tan largo y pesado pero nada más leer su comentario me he visto obligado a contra-argumentar cada uno de los puntos expuestos para dar ejemplo de lo que predico y le he dicho en el primer párrafo.
    atentamente,

  5. Harum, Barcelona subenciona todo el campo catalán, que el centralismo de esta sea muy fuerte es criticable por supuesto pero las balanzas estarían a favor del motor de ESPAÑA!
    Exacto se debe debatir en que se gasta el dinero, en grandes banderas españolas, en carreteras para un solo coche o en autopistas para acceder a una ciudad como Barcelona, al desarrollo de la industria en otras partes de España (en vez de promoeter ayudas a la gente que cobre menos de 3000 euros etc…)
    Ni en contra de los extremeños ni en contra de nadie, yo no tengo nada en contra de la gente de otras naciones tanto de España como de Europa, pero claro, si el gobierno de sus territorios nos insulta y nos roba directamente, des del poder que ejerce el gobierno central se tiende des de la sociedad catalana al independentismo…
    Ni derechas ni izquierdas, el independentismo tiene que ser apolítico.
    A pesar de eso la derecha catalana siempre se ha bajado los pantalones en Madrid y la izquierda, la española no, la catalana es decir ERC y otros partidos sobiranistas no.
    “con un delito de sedición que ya están cometiendo”
    Padece usted de enfermedad nacional…

  6. Cual parte no entienden se entiende todavia?
    Existe en justicia un problema de entendimiento respecto a las balanzas fiscales.
    El valor de las cosas no reside en las materias inertes, sino en la capacidad del ser humano de obtener un plus de energia.
    Es un hecho que en Catalunya la capacidad del ser humano ha de soportar ademas de su propio peso, parte del peso de los que piden solidadridad por decreto.
    Es momento de pedir amablemente al resto de comunidades que mejoren en sus propios medios de manera que cuando se comienze a retornar en la misma proporción en la que se contribuye nadie se sorprenda y tenga la oportunidad de haber preparado una dependencia contructiva de Catalunya en lugar de comportarse como sanguijuela resentida.
    Francamente considero que oponerse a una balanza mas justa es retrogrado.
    Sería cerrarse al futuro.

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