Cuando los ilustrados inventaron la guillotina

Nuestra izquierda anuncia nuevos derechos para todos los ciudadanos, pero en cuanto los pone en práctica se descubre su verdadera esencia: solo sirven al poder y se manifiestan como instrumentos para cercenar las libertades.

La primera comparecencia en el Congreso de los Diputados de la vicepresidenta del gobierno de los socialistas fue para anunciar, entre otras cosas, la reforma de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa.

Poco después conocimos que el nuevo director general de Asuntos Religiosos, José María Contreras, trabaja en la sustitución de la actual ley por otra de carácter aparentemente más difuso relativa a la libertad de creencias y convicciones. Su labor está basada en un documento patrocinado por la Fundación Alternativas, titulado Estatuto de laicidad y Acuerdos con la Santa Sede: dos cuestiones a debate, en el que enuncia sus propósitos políticamente correctos:

La discriminación entre creencias religiosas y no religiosas injustificada que supuso la aprobación de la Ley Orgánica de Libertad Religiosa exige la superación de la misma, y la aprobación de una ley de libertad de creencias y convicciones. La ley debe contener unos principios informadores, claros y precisos, que no puedan ser interpretados en clave de confesionalidad, privilegiando a un grupo religioso sobre los demás, o a los grupos religiosos sobre los no religiosos, o viceversa.

Desde su mismo origen, el propósito de la reforma de la Ley de Libertad Religiosa, como el de tantas otras medidas del socialismo zapatero, persigue diluir la religión mayoritaria en España a base de trasladarla al magma jurídico de lo que denomina las “creencias”, en las que la Iglesia quedaría situada al mismo nivel que los miembros de la secta Moon.

El empeño del PSOE zapatero en suprimir las barreras entre “creencias religiosas y no religiosas” no oculta su intención de avanzar un paso más en la limitación de las libertades. Durante la primera legislatura el objetivo pareció centrarse en empujar a los católicos de regreso a las catacumbas: la religión, sostenían los dirigentes socialistas, debe mantenerse en el ámbito privado.

Ahora hemos dado un paso adelante: ya no basta el ocultamiento, es necesario además la confusión. Y el mejor procedimiento es equiparar a la Iglesia con la bruja Lola.

Los ilustrados del XVIII llegaron para aprehender la naturaleza y sentar las bases teóricas de la futura democracia. Sus intenciones no podían ser más políticamente correctas El naturalista inglés John Wilkins, primer secretario de la Royal Society, las definía así:

El estudio experimental de la naturaleza es el medio más efectivo para suscitar en los hombres la veneración hacia Dios.

Sin embargo los ilustrados terminaron inventando la guillotina y proporcionando las bases teóricas de los totalitarismos fascista y comunista.

La izquierda anuncia hoy en España nuevos derechos para la ciudadanía pero cuando los pone en práctica, todos se desvelan instrumentos del poder para cercenar las libertades.

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