El Defensor del Pueblo y las m áquinas expendedoras de abortos

El año pasado la oficina del Defensor del Pueblo decidió ocuparse del aborto en España. Pero el señor Múgica, tan sensible al Holocausto, decidió que su actuación debe pasar por reforzar la práctica del aborto, no por defender a los seres humanos más indefensos. La preocupación del Defensor de un pueblo, como se ve, con bastantes matices, reclama el “derecho” a abortar al pie de casa.

No se trata de cantidad sino de “calidad”. La diferencia, el matiz cualitativo, radica en el hecho de que el aborto se convierte en un derecho por el procedimiento de sustraer los derechos del abortado, reduciéndole así a ser no humano. A excrecencia. (más en ¿A partir de cuántos millones es genocidio?)

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