Somos como Leire Paj ín

No recuerdo que la ciudadanía se haya dedicado a escarnecer ni a la señora Jiménez, patrocinadora del multiorgásmico Zerolo, ni a Pajín. Y aunque así hubiera sido, para quienes viven del dinero público, va en el sueldo escuchar las manifestaciones de hartazgo de quienes se lo pagan.

De un tiempo a esta parte la sociedad española padece el chaparrón de personajes a cuál más singular. Aunque de ello no es responsable esta legión de extravagantes sobrevenidos, sino quienes los elegimos.

Tratando de hacer de ello una alabanza, y no un insulto, Trinidad Jiménez acaba de declarar que “Leire Pajín se parece a los ciudadanos”. No hace mucho su jefe político, el hacedor de patrias, sostenía que su partido es la formación política que más se parece a la sociedad española.

Pero la tanda de insultos a los contribuyentes/electores no acaba en la izquierda. En la acera de enfrente, Mariano Rajoy proclama solemnemente que a los ciudadanos no nos interesa el aborto, ni las repetidas agresiones laicistas, ni la eutanasia, que esas son cosas que “no le quitan el sueño a nadie”.

Exceptuando a algunos periodistas (y me incluyo) en días de adjetivo desmadrado, no recuerdo que la ciudadanía se haya dedicado a escarnecer ni a la señora Jiménez, patrocinadora del multiorgásmico Zerolo, ni a la “joven” Pajín. Y aunque así hubiera sido, para quienes viven del dinero público, va en el sueldo escuchar las manifestaciones de hartazgo de quienes se lo pagan.

A ninguno de los tres, Jiménez, Zerolo y Pajín, se les conoce actividad laboral remunerada de ningún género. Por ello es particularmente insultante y supone una agresión en toda regla que, en plena no crisis económica, con centenares de miles de personas sin trabajo, se pretenda establecer un paralelismo entre estos personajes, que siempre han vivido de la política (lo que en muchos casos equivale a decir de la nada), y los ciudadanos.

Sin duda también el señor Rajoy nos debe considerar deleznables a tenor de su insólita declaración. Debe considerar que los españoles tenemos la misma catadura ética que algunos de nuestros políticos. Es decir, que somos partidarios de la moral a la carta. Una carta bastante indecente y acomodaticia, a juzgar por sus declaraciones.

Aunque lo peor no es el insulto a nuestra inteligencia y a nuestra decencia, sino lo que se vislumbra tras esa digamos “reflexión”: a Mariano Rajoy “no le quita el sueño” el laicismo radical que propone el PSOE, ni el aborto, ni la eutanasia.

En el peor momento de nuestra historia reciente, cuando nos enfrentamos a los momentos más delicados desde 1981, henos aquí con la peor generación de políticos de los últimos cincuenta años. Con los líderes políticos actuales no habíamos hecho la transición.

Es cierto, no nos sucede solo a nosotros. En Europa y en Estados Unidos el panorama es igualmente desolador. Pero al menos allí los ciudadanos no tienen que aguantar las agresiones de las personas que, por algún motivo cada día más difícil de entender, hemos votado.

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