“El mero hecho de vestir un burqa”

El panfleto progresista Público, uno de los pocos periódicos que dedica sistemáticamente páginas a la información (?) relacionada con la Iglesia, prosigue su campaña en favor de la alianza de civilizaciones, especialmente en lo que concierne a los derechos de las mujeres.

La información relativa a la Iglesia es escasa en los medios convencionales españoles, pero no es el caso de Público, ese bien engrasado libelo del progresismo zapatero que dedica una especial atención a vilipendiar directa e indirectamente a cuanto tenga relación con los católicos. (Por cierto, el panfleto aludido no tiene excesiva difusión pero, ¿qué sucedería si dejara de regalar todo tipo de cosas a cambio de su adquisición?)

La ocasión que aprovechan esta vez los, digamos, “periodistas” de Público es la sentencia judicial del tribunal supremo francés y la posterior ratificación del Consejo de Estado de aquel país, que han decidido rechazar la concesión de la nacionalidad a una mujer, en opinión del redactor, “por el mero hecho de vestir un burqa”:

La larga historia de escándalos en Francia relacionados con el velo islámico vivió hace unos días un episodio más, tras la polémica decisión del Consejo de Estado de privar de la nacionalidad francesa a una inmigrante marroquí por el mero hecho de vestir un burqa. (Francia echa el cerrojo legal al velo islámico)

El mero hecho de llevar un burka, según la poco afortunada expresión de este medio, que trata de quitar hierro a la humillación, quiere decir lo que se aprecia en la fotografía. ¿Es una mochila lo que lleva una de estas mujeres?

Una mochila, un bolso, posiblemente un móvil… y el signo del esclavo. Esta es la imagen de la mujer que defiende el progresismo español. Mujeres modernas, iguales en derechos, porque lo del pañuelo de la sumisión no es más que "el mero hecho de vestir un burqa".

La crisis de valores en Occidente y el desarme moral de nuestra civilización se refleja perfectamente en la actitud de este complacido portavoz mediático de la ignorancia y en su particular corrupción: la de considerar que todo es válido en nuestra sociedad porque para cualquier cosa, incluso la más desafortunada, siempre hay algún partidario. Aunque eso signifique un retroceso en los derechos ciudadanos y aun en el grado de civilidad de las sociedades democráticas.

Por supuesto nada de todo esto es casual. Este representante del pensamiento único tiene una función muy específica en la cadena de producción del relativismo: la de socavar los cimientos de nuestra identidad cultural. A ello se presta con entusiasmo cuando desvela los motivos por los cuales convertir a las mujeres en nada le parece un hecho fortuito, trivial (“el mero hecho”):

Resulta curioso que nunca se haya aplicado en Francia el mismo principio de “incompatibilidad” a una de las numerosas monjas de clausura de los conventos católicos. (Francia echa el cerrojo legal al velo islámico)

Sancho, con la Iglesia hemos topado. La complacencia progresista y aun su complicidad con las expresiones más soeces de una denominada “cultura” basada en la barbarie solo tienen un fin: presentar como propia de mentes retorcidas cualquier cosa que tenga que ver con el cristianismo, único nexo que une a todas las sociedades occidentales (por cierto las más civilizadas del Planeta) y que constituye su origen y su auténtica seña de identidad.

En la reciente Conferencia Mundial para el Diálogo celebrada en Madrid a instancias de Arabia Saudí y la Liga Mundial Musulmana, el rey de aquel país, Abdulá bin Abdelaziz al Saud, pidió combatir “el vacío espiritual y la pérdida de valores”. No aclaró con qué valores propone que Occidente llene ese vacío que tanto le preocupa, pero en Arabia lo ha resuelto con meridiana claridad.

La reacción de las instituciones francesas es, a mi modo de ver, envidiable. Mientras tanto, en nuestro país, los burkas se pueden ver ya en las calles sin que, al parecer, ningún juez considere que ofenden la dignidad humana. En cuanto a los políticos, en este asunto ni están, ni se les espera, ocupados como están en comprar el voto inmigrante. Esta fotografía, cuyo autor es Quique Hidalgo, apareció en El Mundo. Fue tomada en la localidad madrileña de Alcobendas.

La podredumbre avanza con entusiasmo en el pensamiento progresista. En nombre de la igualdad con ministerio y de los derechos de las mujeres, adoptar las ropas del esclavo se convierte en “el mero hecho de vestir un burqa”. ¿Pero qué se puede esperar de un régimen cultural, académico, político y mediático que considera un derecho fundamental el asesinato de seres humanos y que lo subvenciona en la red sanitaria pública?

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