Dame un sondeo de opini ón y demostraré tu grado de corrupción

La zafiedad gubernamental a la hora de manipular y engañar a la opinión pública empieza a resultar más burda y casposa que los telediarios de La Sexta. En tiempos de Felipe González, los Calviño, Miró, Solana y García Candau tenían oficio y a la hora de mentir, o sea, a las tres de la tarde y a las nueve de la noche, lograron dar el pego durante nada menos que tres legislaturas. Estos, en cambio, solo dan pena. Y a veces risa.

Cuando engañaban, cuando manipulaban la información, cuando tergiversaban, los Sotillos y Sopena, los Campo Vidal y García Campoy,  los Piqueras y Estévez lo hacían con una cierta eficacia. Una eficacia de catorce años, que nos proporcionó espectáculos tan descarados como la venta al por mayor del ingreso en la OTAN, el camuflaje del crimen de Estado, o la elección como modélicos servidores públicos de grandes delincuentes instalados en el gobierno y adyacentes. ¿Cuánto tardamos en conocer a Roldán? ¿Y a Barrionuevo? Por el contrario ahora…

"La confianza de los consumidores registra su peor dato desde 1986", nos asaltaban los titulares hace cuatro días.

"La confianza económica cae a mínimos", machacaban los telediarios.

"España registra en julio la mayor subida de paro de la UE."

"España sufre el ajuste más drástico de Europa."

"El paro se dispara en agosto y crece más rápido que en la crisis de 1993."

El Instituto de Crédito Oficial señalaba hace un mes que el Indice de Confianza del Consumidor español había caído hasta los 46,3 puntos, el registro más bajo de la historia de este indicador.

Pero no pasa nada cuando se gobierna un país sin opinión pública y con una opinión publicada dispuesta a alquilarse cada mañana. "Hay que mantener el optimismo", dijo el presidente del Gobierno, y salió a buscar cámaras y micrófonos hace un par de días para contarnos que lo nuestro va viento en popa.

Dicho y hecho. Además donde hay patrón, no manda marinero. El ICO manda al cuerno sus datos de julio y hete aquí que los ciudadanos hemos vuelto de las vacaciones, o lo que sea que hayamos hecho este mes de agosto, la mar de tranquilos y confiados en las portentosas medidas (?) tomadas por el Gobierno para acabar con nuestros problemas:

La confianza de los consumidores españoles mejoró en agosto después de sufrir una racha de seis meses consecutivos de caídas. El índice elaborado por el ICO remontó hasta los 51,4 puntos. Este organismo cree que la mejora se ha producido por las recientes descensos del petróleo. (La confianza de los españoles sube en agosto)

Es lo que tiene el español: todo es tumbarse en la playa y empezar a reflexionar acerca de las fluctuaciones del precio del crudo y su repercusión en el presupuesto familiar de septiembre.

– ¡Ahíva, Mari, pero si el Brent está bajando! ¡Y también los futuros del intermedio de Texas!

– Lo ves, Manolo, yatelodecíayo. ¡Qué confiados nos sentimos!

Y junto al permanente insulto a la inteligencia en que se ha convertido la política del gobierno de socialistas y/o nacionalistas, la maniobra tantas veces repetida durante la anterior legislatura: por si no cuela la mentira descarada, ¡una de Garzón! ¡Y media de aborto!

¡Hala! ¡Todo el mundo a hablar de la guerra civil!

Y a mirar para otro lado en lo que concierne al aborto.

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