¿Estaremos haciendo propaganda de aquello que quiere destruirnos?

Nuevo capítulo en la campaña de desprestigio y acoso a los
católicos, que en esta ocasión elige uno de los caminos favoritos de los
"intelectuales y artistas" progresistas de nuestro país: el ataque por
la espalda. El laicismo de apariencia democrática prefiere la agresión a
individuos particulares, a asociaciones, a movimientos, antes que el
enfrentamiento abierto y directo. ¿Por qué será?

La batalla de las ideas en nuestro país pasa para la izquierda, en
primerísimo lugar, por limitar las libertades individuales. Y es la
libertad religiosa la piedra angular del edificio de nuestras libertades
civiles. De ahí la proliferación de artículos periodísticos, reportajes
de televisión, tertulias radiofónicas, libros y películas, como es el caso estos días,
destinados únicamente a presentar la religión como una suerte de
atavismo propio de intolerantes o, en el mejor de los casos, de
imbéciles.

No he visto la película de la que tantos hablan, que al parecer ya se
ha estrenado, ni es mi intención dejar dinero en la taquilla para
apoyar de ese modo a un sector que, en España, está dedicado desde hace
décadas a destruir los valores que nos han permitido a todos, también a
ellos, llegar hasta aquí. No opinaré pues al respecto. Pero sí me
cuestiono acerca de la multitud de artículos, opiniones, reflexiones,
etc., aparecidos estos días destinados a rechazar la historia que esa
cinta presenta.

Sucedió lo mismo hace algún tiempo con otro famoso libro, también
dedicado a desprestigiar por la espalda a la Iglesia: alcanzó una
impresionante difusión a la que tal vez, y solo tal vez, contribuyó el
impacto mediático que tuvieron las críticas, o mejor, la defensa cuasi
personal a que se vieron sometidos tantos católicos con relevancia
pública. ¿Se hubiera convertido aquel panfleto en un producto de consumo
masivo en todo el mundo si lo hubiéramos tratado estrictamente como lo
que fue, es decir, como un subproducto del mediocre supermercado
cultural contemporáneo? ¿Habríamos hecho millonario a su autor si lo
hubiéramos ignorado, como ignoramos tanta de la basura que la industria
del entretenimiento presenta hoy con la etiqueta de cultura?

¿Cuántos espectadores estamos mandando a las salas de cine criticando
la película de la que estos días tantos hablan?

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