La Reina y el aborto

"El derecho al aborto debe ser respetado, se trata de una
conquista de las mujeres que ha costado mucho, comprendo a los que se
oponen, pero estamos hablando de un derecho democrático propio de
sociedades modernas como la nuestra." ¿Y si S.M. hubiera pronunciado
estas palabras? ¿Se hubieran apresurado a desmentirla?

El peso del pensamiento políticamente correcto es tal en nuestro país
que nadie, ni siquiera en las más altas magistraturas del Estado, se
sustrae a semejante dictadura ideológica. La Reina dijo ayer a
través de terceros lo que tantos estamos deseando escuchar de algún
representante político desde hace tanto tiempo. Pero la desmintieron
inmediatamente. Y con la refutación, los servicios de la Casa Real se
han convertido en correa de transmisión del asfixiante pensamiento
políticamente correcto que, como una losa, pesa sobre nuestra libertad.

La dificultosa digestión que la
izquierda
, en sus diferentes versiones y franquicias, está haciendo
desde el siglo XIX del concepto de libertad, acaba de provocar un
colosal eructo, una pestilente arcada ideológica, producto de su propia
incapacidad para digerir determinados valores. Sucede lo mismo cuando
habla algún representante de la Iglesia, o simplemente cuando un
ciudadano anónimo se santigua al pasar frente a una iglesia.

Frente a ello, algunos alzan la voz en todo momento y circunstancia, y
por ello les estamos infinitamente agradecidos:

Hay quien pretende evitar la palabra “moral” en la vida
pública. Incluso hay quien parece excusarse empleando muletillas como
“sin ánimo de moralizar”. Sin embargo, acaban sustituyendo la moral por
otros conceptos como “lo políticamente correcto”, que en el fondo no son
sino un particular “catecismo ideológico” fabricado a veces incluso en
contra de la moral.

Tampoco son palabras de ningún político sino del Cardenal García-Gasco, que tanto ha escrito acerca de la libertad y las imposiciones
del pensamiento único. En cuanto a los que deberían hablar de estos
asuntos, afirman que el único tema de importancia en España es el
económico.

Quizá siguiendo ese procedimiento ganen las elecciones, o recorten la
habitual distancia que les separa de la izquierda. Pero por ese camino
el único destino político que les espera es la renuncia ideológica. Su
única  aspiración es ya convertirse en correa de transmisión, con otros
ropajes, del pensamiento políticamente correcto.

En cuanto a S.M., qué buen señor si hubiera buen vasallo… ¡Pedazo
de Reina! ¡A ver si cunde el ejemplo por esos y otros andurriales!

(Entre paréntesis, querido republicano, hete aquí que quien no ha
sido supuestamente elegida democráticamente le da un buen repaso a los
que viven tan pendientes del sondeo de turno, que olvidan la obligación
que contrajeron con el votante.)

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