OPINION ¿Subvenciona Carod o lo hacemos tú y yo?

Hoy verá usted muchos dedos mediáticos y políticos señalando a este hombre. Es lo más fácil. Lo más previsible. Pero no se  confunda. El responsable de las barbaridades que la Generalidad catalana comete a la hora de gestionar el dinero público no es

su actual vicepresidente. Ni Carod-Rovira es el único nacionalista que utiliza los recursos de todos para comprar voluntades, ni malgastar el presupuesto es un hábito que empezó en Cataluña hace cinco años.

Josep Lluis Carod es la guinda del pastel etnicista que padecemos en España desde que nuestra timorata transición, protagonizada por una izquierda incapaz de reconocer la realidad (mucho menos de cambiarla) y una derecha absurdamente autoinculpada, decidió regalarle a los cuatro nacionalistas mal contados que aparecieron por aquel entonces el avión, el combustible, la tripulación y hasta el pasaje, o sea, nosotros, los ciudadanos, para que se dedicaran a volar por encima de los intereses generales pillando cuanto encontraban a su paso.

Hoy encontrará usted montones de fotografías de Carod y su nombre será objeto de vivas polémicas en radios y televisiones. Pero no se confunda. El responsable de las peculiares subvenciones que el vicepresidente del gobierno regional catalán reparte de acuerdo con sus exclusivos intereses empezó su andaura hace ya treinta años.

Cuando PSOE y PP, a finales de los años 70, decidieron que los nacionalistas habían sido víctimas del franquismo a las que era preciso proteger, pusieron las bases del sistema clientelar de gestión económica que hoy practican todos los partidos nacionalistas (y algunas franquicias socialistas) en las regiones de nuestro país. Pero tampoco son los partidos mayoritarios los responsables exclusivos de las barbaridades que se comenten con el dinero público en la España actual. Como no lo es el chivo expiatorio habitual, es decir, la ley electoral en vigor.

El primer responsable de que Josep Lluis Carod se atreva a destinar casi 6.000.000 € a promocionar cosas como la federación "nacional" catalana de una cosa llamada "fistball" es el ciudadano que vota, a menudo tapándose la nariz, en favor de un sistema que le hurta su capacidad de decidir en el mismo momento en que deposita su voto en la urna.

Después de treinta años de espectáculo nacionalista no vale lanzar pelotas fuera, ni señalar a Carod como el gran derrochador del país, convirtiéndole en el muñeco diabólico de nuestro sistema político. El vicepresidente catalán es la consecuencia de lo que hemos venido consintiendo todos estos años, es tan solo el símbolo, la caricatura si se quiere, de aquello en lo que hemos convertido a nuestra nación.

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