¿Quién defiende el aborto?

Durante varios días he animado a intervenir en este sitio a los
defensores del aborto. He colocado algunos cebos, he buscado
interlocutores con los que poder intercambiar ideas, he suprimido las
intervenciones zafias, que no aportaban nada, y he dejado las que podían
suscitar al menos un intento de diálogo. Las conclusiones que he
podido extraer son más bien pocas. Y un tanto descorazonadoras. 

Las argumentaciones favorables al aborto que se han ido exponiendo
aquí estos días se debaten entre la pobreza argumentativa y los intentos
seguramente bienintencionados de dialogar, que fallan ante la pobreza
del propio discurso.

La verdad que si el aborto asegurara que muchas
personas de pensamiento como lo que he leido acá, que se sienten con
derecho a juzgar y a analizar una problemática tan profunda como el
aborto de manera tan limitada, no nazcan, la verdad que estaría a favor.
Jajaja (es un nick, no una
intervención de quien escribe C. y A.)

Ha habido pocas exhibiciones de ignorancia y agresiones de este calibre,
pero no han faltado. En cuanto a las aproximaciones más respetuosas
(siempre dentro de las limitaciones que tristemente tiene la red y su
habitual anonimato), la más significativa fueron los comentarios que se
colgaron como texto en el post (intento de) Diálogo con una defensora del aborto.

Doy por concluido mi debate con los abortistas que se escudan bajo el
anonimato. Pero sigo preguntándome quién defiende el aborto y por qué, y
extraigo algunas conclusiones (tan precipitadas como seguramente
simples) de lo leído estos días.

En primer lugar, nadie con dos dedos de frente defiende el aborto,
salvo los políticos integrados en partidos de izquierda (los de derecha solo miran
para otro lado). Los que nos dedicamos a la comunicación sabemos por
experiencia que resulta absolutamente imposible invitar a un defensor o
defensora del aborto, por ejemplo, a un debate de televisión. Ni
siquiera aunque se le garantice un trato privilegiado, ninguna
interrupción, o que acuda acompañado de personas de su libre elección
que le apoyen públicamente. 

Nadie defiende el aborto, salvo los profesionales de la política cuyo
medio de vida depende de un partido de izquierdas. Y a veces, ni esos
se atreven a hacerlo en público (casi nunca si son mujeres). ¿Alguien
recuerda una defensa pública del aborto hecha por una persona conocida
(no política)? Dejemos a un lado los friquis de la tele, ¿desde cuándo
no se emiten en público opiniones de ese tipo?

Pero sí, hay defensores del aborto. Y en general se encuentran
entre aquellas personas que, por edad o formación, carecen de los dos
dedos a que aludía más arriba. El devastador paso por la LOGSE, incluso
por tantas de nuestras universidades, causa verdaderos estragos.

Nuestros jóvenes, que son los que más utilizan la red y los más
osados a la hora de expresarse en todo tipo de foros (otra vez la
ventaja del anonimato), salen del sistema educativo sin haber entendido
una sola línea de Sófocles, en el extravagante supuesto de que lo hayan
leído alguna vez.  Así que, incapaces de leer, actividad que no
significa juntar letras, es difícil que logren otros objetvos propios de
su especie: entender, expresarse. Y así sucede que resulta imposible
dialogar con la mayoría de los defensores del aborto en la red porque
carecen de comprensión con respecto al mismo concepto de diálogo.

¿Y con los adultos que no hayan sido víctimas del penoso sistema
educativo de nuestro país?  Imaginemos que damos con adultos formados y
provistos del don del lenguaje propio de su condición. Aun así se hace
casi imposible establecer un diálogo razonable. Porque junto al páramo
cultural e intelectual, nuestra sociedad padece otra lacra no menos
importante: la absurda, ridícula hiperpolitización sectaria de la
convivencia.

Aquí todo es o de izquierdas o de derechas, y le colocamos las siglas
a cuanto se mueve, desde los bichos del campo (ecologistas, etc.) hasta
algo tan prepolítico como el derecho a la vida. Y por ese camino lo
hemos corrompido todo.

¿Si la izquierda no apoyara el aborto habría tanto insensato
defendiéndolo? Hubo un tiempo en que la izquierda destruía las máquinas
de las fábricas porque se oponía a su instalación.  Y en otro momento
aplaudió la dictadura del proletariado y al propio Stalin. ¿Cuántos se
quedarán colgados de la brocha cuando la izquierda, con esa alegría
rumbosa con que suele cambiar de camisa, decida que abortar ya no es
progre?

Aunque esa no es la pregunta. La pregunta es: ¿cuántos muertos más
hacen falta para que eso suceda?

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