Las torpezas del PP con EpC llenan las calles

Gracias a las… (¿cómo calificarlo? ¿Bobadas? ¿Remilgos?) del PP con
EpC, la izquierda se hace con la  calle en Valencia por primera vez en
10 años. Es lo que tiene andar tonteando con las ideas.  La torpeza es
muy peligrosa en algunos terrenos.

En Madrid Soraya Sáenz de Santamaría se disponía a pasar un magnífico
fin de semana tras  pronunciar la siguiente estupidez:

Si no fuera porque el PP ha levantado la voz, ahora
mismo tendríamos los carteles de las gasolineras en ruso.

¿Por qué se empeñarán algunos en insultar tan reiteradamente la
inteligencia del elector? Pero ahí no acabarían las bofetadas al
ciudadano en este fin de semana. Mientras la dicharachera portavoz
popular se retiraba ufana a sus habitaciones, en Valencia el gobierno
regional que preside Francisco Camps seguía dedicado a la mayor de sus
aficiones: intentar pasar desapercibido.

En su momento, el PP valenciano fue absolutamente incapaz de adoptar
una postura firme en torno a la asignatura de Educación para la
Ciudadanía. No es que ignoraran lo que podían hacer, es que no se
atrevieron. La máxima del PP valenciano parece ser siempre la misma: no
hacer ruido. Y reconocer la objeción de conciencia hubiera supuesto
arriesgarse a que alguien se quejara del pisotón. De modo que…
¡vayamos por la puerta de atrás!

En la Comunidad Valenciana el PP decidió que EpC se impartiría, pero
en inglés. Con lo cual han levantado ampollas entre aquellos a quienes
no querían molestar, es decir, los sindicatos y los partidos de
izquierda y nacionalistas, y además han provocado un monumental cabreo
entre las familias, que ven cómo sus hijos quedan empantanados en una
asignatura que se ha convertido en un muro infranqueable.

A Martínez de la Rosa, aquel viejo liberal al que terminaron
poniéndole el mote de Rosita la pastelera, nada tienen que
envidiarle algunos ínclitos dirigentes del Partido Popular. La cosa es
muy sencilla: o las tienes, o no las tienes. Y si resulta que careces de
ideas y principios, por más que presumas de lo contrario, y lo único
que te preocupa es mantenerte en el poder, aunque sea a costa de
venderle el alma al diablo, es mejor que te dediques a otra cosa porque
el mal que puedes hacer, luego cuesta generaciones enmendarlo.

El PP gobierna en la Comunidad Valenciana desde la noche de los
tiempos, poco más o menos, pero durante todo ese tiempo ha sido
absolutamente incapaz de levantar la bandera de las ideas. A pesar de
controlar, y de qué manera, el noventa por ciento de los medios de
comunicación privados (y el 150% de los públicos). A  pesar de controlar
el presupuesto regional desde 1995. A pesar de ejercer el poder en
prácticamente todos los municipios de la región.

Nada de todo ese poder le ha servido al Partido Popular de Francisco
Camps para vencer a la izquierda en el terreno de las ideas. De hecho,
ni siquiera llegó jamás a plantearse tal posibilidad. 

El PP valenciano gobierna una autonomía en la que el pensamiento
dominante pertenece exclusivamente a la izquierda. Bajo su mandato se
han multiplicado los recursos económicos en manos de los partidos de
izquierdas y del nacionalismo externo e interior. Y son
ellos quienes controlan la vida cultural que subvenciona la Generalidad
valenciana, y las universidades, y el ocio, y la educación, y el mundo
de la edición de libros.

El nacionalismo ha avanzado en todos los frentes beneficiándose a
menudo del dinero público de la Generalidad. Y la izquierda es la
referencia para la inmensa mayoría de los menores de 35 años. No está
nada mal para llevar desde 1995 gobernando de manera ininterrumpida y
con mayorías absolutas.

Valencia fue una ciudad literalmente tomada por partidos de izquierda
y nacionalistas y por sindicatos durante la tarde del pasado sábado. Y
EpC fue solo la excusa. Los manifestantes, que desde luego fueron más de
los 40.000 que reconoció la Policía Nacional,  protestaban por la EpC
en inglés, pero sobre todo por la situación de la educación en la
Comunidad Valenciana y en defensa de "la enseñanza pública". Y esos
lemas, desde el sábado, han ganado credibilidad gracias a la actuación
timorata del Consell valenciano.

¿Qué hizo la Generalidad ante la magnitud de la protesta? ¿Alguna
reacción ante el éxito de los convocantes? ¿Algún gesto político que
permita albergar la más mínima esperanza de que este asunto se situará
en el contexto en que debe situarse? Porque no hablamos del inglés, ni
de la EpC, sino de la hegemonía en el terreno de las ideas. Y en
consecuencia, de nuestro futuro colectivo.

La única reacción vino de la mano de Canal 9. La televisión
autonómica no emitió ninguna imagen de la protesta en su informativo del
domingo a mediodía, que es exactamente lo que hubiera hecho una
administración, por ejemplo, chavista (con S o con Z, que para el caso
viene a ser lo mismo). En cambio alumbró una pieza en la que se hablaba
de los esfuerzos del gobierno regional para que los niños de la
Comunidad Valenciana dominen el mayor número posible de lenguas.

Gracias a la infinita torpeza del PP valenciano, la izquierda ha
vuelto a la calle por primera vez en diez años. Y tras sus accidentados
congresos y sus lamentables liderazgos, el PSOE valenciano, que va a
capitalizar este éxito, aparece ante los ciudadanos por primera vez en
casi dos décadas con una legitimidad de la que carecía hasta hace bien
poco. 

No han hecho nada para conseguirlo. Siguen dándose palos unos a
otros. Pero la torpeza del rival les está dejando el terreno libre. El
sábado, al PP lo mandaron al rincón. Y no ha sabido recuperarse.
El siguiente asalto empieza con ventaja para los socialistas.

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