OPINION El PNV, de espaldas a los empresarios

Con la imagen del empresario asesinado en todas las portadas de los periódicos, Ibarretxe se disponía a pronunciar unas palabras ante las cámaras de su televisión.

El PNV, de espaldas a los empresarios

M. Vidal Santos

Habían transcurrido unas pocas horas desde el asesinato de Ignacio Uria. Los nacionalistas decidían volver a su normalidad identitaria. Con la imagen del empresario asesinado en todas las portadas de los periódicos, el presidente regional vasco se disponía a pronunciar unas palabras ante las cámaras de su televisión, presentes en el acto. Acababa de entregar un premio a Desmond Tutu, al que a cambio había pedido apoyo para trasladar "el conflicto" a las instituciones internacionales.

Fue entonces cuando Juan José Ibarretxe dijo:

Más allá de que exista ETA, hay que alcanzar acuerdos para convivir entre España y Euskadi.

Toda la política del PNV desde 1977 gira en torno a esta afirmación que, por un lado, reitera la costumbre de los etnicistas vascos de presentar la región como algo ajeno al país donde se encuentra ("acuerdos entre España y Euskadi"), y por otro trata de obviar la primera realidad de la vida colectiva en el País Vasco: la existencia de ETA.

Los "acuerdos" que dice pretender el presidente regional vasco pasan por que todos nos pongamos la venda en los ojos para actuar como si ETA no hubiera asesinado hace menos de 10 días a otro empresario.

En el caso del nacionalismo, esta forma de complicidad descarnada con el crimen no constituye ninguna novedad. Todos los partidos nacionalistas españoles condenan los asesinatos de los terroristas nacionalistas… mientras el cadáver sigue apareciendo en los telediarios. Pero en cuanto pasan algunas horas, la solidaridad con la víctima se transforma en complicidad con el asesino, al que de manera sistemática convierten en víctima.

Esa ha sido la actuación de todos los partidos nacionalistas españoles desde la instauración de la democracia en nuestro país. También de los más supuestamente moderados, CiU incluida. Firmes condenas del crimen y mano tendida a sus autores.

Por cálculo electoral o por conciencia de pertenencia a un idéntico tronco ideológico, el nacionalismo vasco, siempre dispuesto a echar una mano a ETA, sostiene con descaro que los etarras deben recibir un trato especial, preferente, que les facilite una salida digna. De eso habla en definitiva el plan Ibarretxe en sus múltiples denominaciones y a eso conduce toda la política del PNV.

El colectivo Izadia está formado por un ilustre puñado de líderes nacionalistas y peneuvistas que de vez en cuando firman prolijos artículos en Deia. Entre los miembros de este grupo figuran el que fuera consejero de Interior, Luis Mª Retolaza, y Ramón Labayen, consejero de Cultura:

El problema de una organización como ETA es que no se le puede aplicar el mismo tratamiento que a la mafia rusa de Marbella o a la de los narcos de Galicia. La gente que milita en ETA tiene sin duda una mística, un sentido de misión, la de estar destinados a llevar a cabo la liberación de Euskal Herria.

Nadie se juega la vida, o peor aún, la prisión a vida, a falta de motivaciones de lucro personal, sin una enorme dosis de idealismo, sin una capacidad de amor y a la vez de odio, fuera de toda medida, y sin una tranquilidad de conciencia, de esas que suelen proceder de las variantes más duras de cualquier fundamentalismo.

Lo importante no es que ETA entregue lo que probablemente es su modesto y fácilmente reconstruible arsenal.

La impresión prevalente es la de que a ETA, alguien le tendrá que ayudar” (Colectivo Izadia, A dos dedos de la paz. Publicado en Deia, 8.2.05)

He aquí el fundamento de la corrupción política que vive el nacionalismo. Mientras el cadáver de Ignacio Uria estuvo caliente, los jerifaltes del PNV desfilaron por Azpeitia y Egibar asistió a la tumultuosa sesión del ayuntamiento en que el alcalde de ANV rechazó condenar el crimen. Pero enterrada la última víctima, siguen las alianzas de los nacionalistas fuera de los focos.

A pesar de sus solemnes declaraciones, el nacionalismo, con Ibarretxe a la cabeza, sigue dando la espalda a los empresarios y al resto de víctimas de ETA. En Valdegobia, o en Vera, el PNV continúa gobernando con ANV. Ese mismo partido terrorista mantiene el gobierno municipal de Berrioazar, o Atarrabia, o Mondragón. En Azpeitia, escenario de la última atrocidad del nacionalismo armado, todos los partidos nacionalistas, PNV, EA, Aralar, ANV, han ofrecido el espectáculo de su misera ética, rasgándose las vestiduras en público y haciendo miserables cálculos alrededor de una moción de censura que nunca llega.

¿Cómo se pueden "alcanzar acuerdos para convivir entre España y Euskadi" olvidando que ETA existe, que acaba de matar otra vez? La propuesta que el nacionalismo nos hace a todos es diáfana: esos acuerdos se alcanzan desde la complicidad.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s