Una Epifanía cultural

"Dios, en la carne de Jesucristo, decidió estar a disposición de toda búsqueda humana que se base en la honradez intelectual."

Hay ocasiones en que uno lo daría todo por un coeficiente intelectual por encima, qué sé yo, de 240, para poder apreciar en profundidad y con exacta precisión determinadas reflexiones. Me sucede con algunos libros, escuchando hablar a determinadas personas, y muy a menudo con los escritos de Benedicto XVI, que parece empeñado en que empecemos de nuevo a aprenderlo todo con mayor rigor. Y por cierto, nada resulta más necesario en estos tiempos que la tenaz perseverancia papal en apelar a nuestra inteligencia.

A veces el reflejo de la inteligencia, tan ausente de nuestra vida colectiva, lo hallo en la red. Pocas veces, lo confieso. Los contenidos en internet son abrumadoramente vulgares y lo trivial impera con asombroso vigor. Lo que me lleva a pensar que tal vez sea la red el mejor reflejo de nuestra sociedad.

Más a menudo que al pie del teclado, surgen oasis en la lectura de las páginas de opinión de algunos periódicos. Casi nunca en asuntos referidos a la política o la economía, donde el listón intelectual resulta lamentable: da la impresión de que, una y otra vez, todos decimos lo mismo, unos de un lado, otros del contrario, y actuamos como haciéndole la ola al electo de turno, que en la mayor parte de las ocasiones es una suerte de analfabeto funcional. Los periodistas profesionales, ay, nos hemos convertido en palmeros del poder (del poder, de la oposición, o del último bobo con firma en un presupuesto público). Y los periodistas aficionados, cada día más numerosos, padecen un curioso síndrome que les lleva a repetir hasta el infinito lo que oyen por ahí. (Mis excusas por semejante exceso a las tan destacables como minoritarias excepciones en uno y otro ámbito.)

Todo esto viene a cuento (o no) del momento de placer que me ha proporcionado esta mañana la lectura de un artículo del profesor de la Universidad de Comillas, Norberto Alcover:

Urge una Epifanía cultural de la Iglesia Católica, tal y como uno piensa que subyace en los mensajes repetidos de Benedicto XVI, quien reitera la relevancia de los referentes de la fe con una insistencia llamativa pero urgiendo también la honradez de la tarea humana en la persecución de la verdad, junto a tantos otros que también la buscan con fervor empedernido.

El actual Sucesor de Pedro, sobre todo en sus cartas encíclicas, alza el listón y nos obliga a reflexionar con dureza analítica sobre el misterio de Dios y del hombre en el contexto de una Naturaleza en permanente degradación.

Ahora, dice el hombre de Ratisbona, ha llegado el momento de estar a la altura de tantos que estudian la realidad a fondo para que otros puedan llevar a cabo una auténtica pastoral capaz de interrogar de verdad la conciencia de nuestros contemporáneos.

Debemos abrir las puertas de nuestro empeño a quienes también buscan desde la honradez, como los Magos de Oriente, más certeros que los sabios judíos del momento. Pero a la vez, invitándoles a desenmascarar a la ingente legión de quienes, en ambos campos, abdicaron de tal honradez y se entregaron a la feria de las vanidades dogmatistas, sustituyendo a Jesucristo como objeto de búsqueda por su propio ego, creyente o increyente, que de todo hay.

La corrección cultural no debiera amedrentarnos en este auténtico esfuerzo contra la frivolidad y la endogamia intelectuales tan de moda en la actualidad. Por el contrario, esa honradez tiene que urgirnos a señalar sin remilgos a todo tipo de falsarios porque oscurecen el ambiente de búsqueda y provocan la desesperanza de encontrar en tantísimos espíritus, sobre todo jóvenes.

Respetar a ultranza al que engaña por sistema, paraliza la Navidad y acaba por desarticular la dinámica epifánica. El respeto nunca es condescendencia silenciosa y cobarde. (Norberto Alcover, Urge una Epifanía cultural. Publicado en ABC, 6.1.08)

¿Puedo insistir?

  • "Interrogar de verdad la conciencia de nuestros contemporáneos".

  • "Desenmascarar a la ingente legión de quienes abdicaron de tal honradez y se entregaron a la feria de las vanidades dogmatistas".

  • "La corrección cultural no debiera amedrentarnos en este esfuerzo contra la frivolidad y la endogamia intelectuales".

Bueno, lo reconozco, algunos parecemos condenados a no estar a la altura de tan altos desafíos. Pero seguiremos intentándolo.

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