Periodistas cat ólicos: el valor de la coherencia

Benedicto XVI no nos lo pone nada fácil, esa es la verdad. Ha hablado claro, muy claro, como suele ser habitual en él, para decirnos que lo nuestro no consiste precisamente en lo que solemos hacer a diario.

Acostumbramos a responsabilizar de la basura que en el 99,99% de los casos constituye nuestro trabajo a las empresas, a este o aquel jefe de redacción, a aquel director.  Nos hemos habituado a echar balones fuera. También a una frase que define muy acertadamente nuestra actitud: a nadie se le puede exigir un comportamiento heroico.

Sabemos que nos revolcamos en la mierda pero nadie nos puede pedir que nos convirtamos en héroes, davides como somos frente a los gigantes que nos pagan la nómina. Y con ese escudo seguimos chapoteando en la basura.

No contamos lo que deberíamos contar sino lo que sabemos que esperan que contemos. Ya ni siquiera nos lo tienen que indicar. Los hechos no nos importan absolutamente nada. Ni las consecuencias de lo que hacemos. Y terminamos pensando exactamente igual que quien nos paga.  En eso consiste hoy nuestra profesión. En eso nos hemos convertido. Somos felpudos y se diría que estamos encantados de serlo. 

Y va entonces el Papa y escribe esto. Es una carta dirigida a la Unión Católica de la Prensa Italiana con motivo de su 50 aniversario:

Anclado en un patrimonio de principios enraizados en el Evangelio, vuestro trabajo de periodistas católicos resulta hoy aún más difícil: al sentido de responsabilidad y al espíritu de servicio que os distinguen, debéis unir una cada vez más fuerte profesionalidad y a la vez una gran capacidad de diálogo con el mundo laico, en búsqueda de valores compartidos.

Tanto más fácilmente seréis escuchados cuanto más coherente sea el testimonio de vuestra vida. No son pocos, entre vuestros colegas laicos, aquellos que esperan de vosotros el testimonio silencioso, sin etiquetas pero de sustancia, de una vida inspirada por los valores de la fe.

Estáis comprometidos, soy bien consciente, en una tarea cada vez más exigente, en la que los espacios de libertad son a menudo amenazados, y los intereses económicos y políticos tienen a menudo preeminencia sobre el espíritu de servicio y sobre el criterio del bien común.

Os exhorto a no ceder a compromisos en valores tan importantes, sino a tener el valor de la coherencia, incluso a riesgo de pagarlo en persona: la serenidad de la conciencia no tiene precio.

Benedicto XVI tiene siempre la magnífica habilidad de proponer los caminos más duros y difíciles y lograr que a través de ellos seamos capaces de recuperar la esperanza. En nuestro caso, la esperanza de que es posible una vida profesional digna. Aunque para ello debamos tener el valor de la coherencia. 

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Un comentario

  1. ¿Periodistas católicos? Muchos. Cómo no van a ser católicos si la Iglesia abandonó la fe plena en el Concilio Vaticano II para compartir con el mundo las teorías cientificas más aberrantes, falsas, ateas y anticristianas que se encargan de transmitir los medios? Y se extrañan los profesionales de la manipulación y de la mentira, silenciadores de la verdad, de que España y el Mundo sean un estercolero… ¿Periodistas católicos? Muchos, pero creyentes en la Palabra de Dios, lo dudo.
    http://laultimateoriacosmologica.blogspot.com
    Un cordial saludo

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