El ecologista sensible, purulencia de la sociedad del bienestar

Empeñados como estamos en ocultar el dolor, al tiempo que lo multiplicamos, nos inventamos dolores para ejercer de civilizados.

Los medios de comunicación españoles recogen hoy el dolor de algunos ciudadanos por la muerte de focas y linces.

En el noticiero de mediodía de Telecinco se ha recurrido a la expresión “asesinato” para presentar la noticia de la caza de focas que cada año se lleva a cabo por estas fechas en Canadá: “Se asesinan focas”, ha dicho la presentadora con expresión compungida.

La forma en que se mata a estos animales dice bien poco ciertamente acerca de la sensibilidad de los cazadores y del gobierno que autoriza semejante actividad. Como poco dice acerca de la cultura general del profesional de los servicios informativos que ha redactado la pieza y aun de los criterios morales de la cadena, el hecho de que uno y otra utilizan semejante expresión para referirse a animales. Sobre todo porque jamás, en sus casi 20 años de existencia, en Telecinco se ha entrevistado a nadie con autoridad en la materia que defienda los derechos de los no nacidos.

Mención aparte merece la expresión de algunos de los entrevistados, un reducido grupo de ecologistas que balbuceaba en la Puerta del Sol de Madrid.

Pintarrajeados de rojo y completamente desnudos, estos quejicas gimotean su dolor por el “crimen” de Canadá. Ecologistas sensibles y sobre todo selectivos, se quejan de “asesinatos” que no ven e ignoran los crímenes que se cometen a las puertas de sus casas.

El sensible ecologista selectivo constituye el paradigma de nuestra ensimismada sociedad, ese inmenso ombligo del que ya no somos capaces de desviar la mirada.

Ya no somos una civilización, tan solo, para decirlo en términos hoy de moda, un ombligo global. Y empeñados como estamos en ocultar el dolor (los féretros salen de las residencias de ancianos por la puerta de atrás) al tiempo que lo multiplicamos (a los ancianos les hemos “ayudado” para que no “sufran”), nos inventamos dolores (siempre ajenos y lejanos) para ejercer de civilizados, solidarios y sensibles.

En la misma ciudad donde los ecologistas protestan, a muy pocos kilómetros de su exhibicionista desnudez, los abortorios se disponen a incrementar su cuota de exterminio de seres humanos si logran que se apruebe la ley que prepara para ellos el gobierno de la nación.

Junto a las focas “asesinadas” de Telecinco y sus desahogados ecologistas llorones, los linces. La agencia gubernamental de noticias EFE distribuía a la misma hora el siguiente despacho:

La hembra de lince atropellada en Doñana esperaba un cachorro
Huelva, 15 mar (EFE).- La hembra de lince hallada muerta el pasado viernes en la vía Algodonera-Laguna de San Lázaro, dentro del Espacio Natural de Doñana, estaba embarazada de un único feto, han indicado a Efe fuentes de la consejería de Medio Ambiente. El cadáver del lince fue trasladado al Centro de Análisis y Diagnóstico de la Fauna Silvestre Amenazada.

Los medios de comunicación se disfrazan de ecologista en las opulentas sociedades occidentales, histéricas con la crisis pero sobradas de casi todo, para ocultar la siniestra cifra de seres humanos que cada día son exterminados con el objetivo de que sus ciudadanos dispongan de tiempo para ocuparse de defender los “derechos” de focas y linces.

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