Los planes de Zapatero para el Pa ís Vasco no son los que el PP quiere creer

El PSOE quiere repetir en el País Vasco la fórmula que inventara Pasqual Maragall para Cataluña: una alianza de socialistas y nacionalistas.

El PP tiene sobrados motivos para desconfiar de los socialistas, que desde la llegada de Rodríguez Zapatero a la Moncloa, han convertido al PSOE en un partido capaz de decir una cosa y la contraria sin el menor pudor.

A la hora de juzgar las intenciones de Patxi López y de su jefe, es difícil olvidar algunos hechos:

  • El hombre de confianza de Zapatero en el País Vasco sigue siendo Jesús Egiguren, que encabeza el sector más nacionalista de los socialistas vascos (aunque todos lo son, a excepción del defenestrado Redondo). Fue Egiguren quien llevó el peso de la negociación con los asesinos del nacionalismo etarra cuando decretaron su falsa tregua.

  • Una parte muy importante de los miembros del PSE están más cerca de las posiciones etnicistas que representa Jesús Egiguren que de un gobierno en minoría con apoyos externos del PP.

Para aumentar sus votos, los socialistas vascos han seguido al pie de la letra el guión exitoso de sus colegas catalanes:

  • Han dotado a su partido de un carácter crecientemente etnicista. Se han acercado al nacionalismo cuanto han podido. Han terminado hablando como los nacionalistas, acercando peligrosamente su discurso al del PNV.

  • Han puesto en práctica lo de mirar para otro lado a la hora de mojarse. Por ejemplo votando presupuestos regionales que incluyen subvenciones a grupos etarras o asimilados.

  • No han dudado en aliarse con el PNV para desalojar al PP de las instituciones a las que había llegado con el respaldo mayoritario de los ciudadanos, Por ejemplo, en la Diputación Foral de Alava.

Para este PSOE acomodaticio y cínico, resultaría más coherente pactar con los nacionalistas que con los populares, al igual que sucede en Cataluña.

El espectáculo de un PSOE que en una región da la mano a unos, y en la otra a sus más encarnizados rivales, chirría hasta en las laxas conciencias de los pragmáticos socialistas zapateros.

El PP hace muy bien en aumentar su exigencia de claridad a los socialistas. Hasta el pasado fin de semana era Basagoiti quien andaba soltando ocurrencias para llamar la atención del PSOE. Hoy ya ha sido Rajoy quien ha tomado la voz cantante, y además lo ha hecho elevando el tono de voz.

Algunos no tenemos la menor duda de que los planes de Zapatero no tienen absolutamente nada que ver con las intenciones que insinúa Patxi López. El PSOE quiere repetir en el País Vasco la fórmula que inventara Pasqual Maragall para Cataluña cuando todavía era alcalde de Barcelona: una alianza de socialistas y nacionalistas que vaya más allá de la siguiente convocatoria electoral.

¿Qué los nacionalistas con los que se puede pactar son un poco asesinos? ¿Y qué? Hay donde elegir. Otegi y sus anoetas apestan a goma dos pero también humeaba De Juana. La muchacha de Aralar es algo más presentable. Y en Sabin Etxea están dispuestos a darle la patada a Ibarretxe y a los que haga falta con tal de seguir pisando muelle.

Además, ¿desde cuándo el socialismo español le hace ascos a los procedimientos para alcanzar el poder? También chorreaban pelo de la dehesa los republicanos de Carod y ahí están, vicepresidiendo el gobierno regional y apoyando a los socialistas cuando hay que apoyar.

Para semejante engendro político al PSOE solo le hace falta tiempo. Tiempo para que los Otegis de turno y los aralares vuelvan a parecer hombres de paz. Para que los peneuves se pongan de saldo. O sea que un rato con el PP no le viene nada, pero que nada mal al PSOE.

La presencia de los peperos paseando por los aledaños de las instituciones (no les van a dejar llegar más que a la escalinata) va a poner en tal estado de histeria colectiva a los nacionalistas, que pronto empezarán los guiños (Al fin y al cabo, Patxi, todos somos de izquierdas…). Y muchos socialistas vascos de la cuerda de Eguiguren se sienten próximos a ese tipo de barbarie.

El PP da la impresión (como tantas otras veces) de querer creerse el mensaje que le llega del PSOE. Se le notan las ganas. Y son ganas compartidas con una inmensa parte de la ciudadanía, porque el espectáculo de una mudanza nacionalista siempre ayuda a sanear el ambiente cívico y a respirar mejor.

Pero no sería la primera vez que a Rajoy le dan aberri eguna por liebre.

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