29-M: el doble error del PP

La izquierda española sigue analizando mal el rechazo al aborto. Sigue leyéndolo en clave de siglas partidistas: abortistas progres vs abolicionistas reaccionarios. El lamentable nivel de que hace gala la cúpula del actual PSOE le incapacita para descubrir que el aborto es un asunto de civilización, de derechos humanos, de progreso. En absoluto de ideologías de partido, ni de fe.

Señalar al PP o a la Iglesia como las manos ocultas que han organizado lo que el pasado domingo se vio en Madrid no solo es una simpleza y una prueba de profunda ignorancia. Es también la mejor demostración de que la izquierda ha perdido de vista al ciudadano. Y a la propia realidad.

Por ello las calles llenas de gente defendiendo el derecho a la vida en toda España han provocado en la izquierda una primera reacción, el miedo: ¡vuelven! Y nada moviliza más a la secta que sentirse perseguida.

La izquierda llevaba unas semanas en caída libre, desanimada ante la deriva caótica y lamentable del gobierno socialista, que naufraga entre crisis económica, ridículos internacionales, ministros torpes, fracaso de su supuesta extensión de derechos y política abortista. Los sondeos empiezan a anunciar nubes negras y los días de vino y rosas se alejan. Pero las manifestaciones de este fin de semana en toda España van a  frenar tanto desánimo.

La Marcha por la Vida va a producir en la izquierda y el Gobierno un rearme estratégico, una búsqueda de los elementos comunes frente al “enemigo” reaccionario capaz de demostraciones de fuerza como la del 29-M. Hay que estar preparados: va a haber respuesta. Desde la izquierda política y desde la mediática.

No lo pagarán desde luego quienes han tenido el valor de enfrentarse al pensamiento políticamente correcto porque tienen las cosas muy claras y no caen en las trampas del politiqueo y el oportunismo. Lo va a pagar el PP. Por partida doble.

El Partido Popular no ha querido sumarse al grito por la vida. Le tiene pánico a la izquierda cabreada. Y sabía que la Marcha por la Vida la iba a cabrear.

En plena precampaña de las elecciones europeas, los populares pensaban volver a las andadas de las elecciones de 2008: boca callada, no levantar la mirada, pasar lo más desapercibo posible. “Ya les tumbará la crisis”, piensan los genoveses, “nosotros, a callar, como si no estuviéramos”.

¿Los principios? Solo los que no hacen ruido. Y el aborto aúlla.

Pues hete aquí que seréis objetivo de la izquierda asustada, como lo habéis sido en otras ocasiones. No os habrá servido de nada el ambiguo juego de estos días, la indefinición ante la Marcha por la Vida.

Pero el PP lo va a pagar dos veces. Porque muchos de sus votantes cautivos empiezan a estar hartos de la argolla. Y casi todos ellos estaban este fin de semana en las calles, vestidos de rojo. El concejal socialista de Paradas, Joaquín Manuel Montero, lo recordó en su intervención: “Mientras gobiernan apoyan el aborto, en la oposición defienden lo contrario”.

En Génova son especialistas en estrategias equivocadas. Querían pasar de puntillas sobre la protesta ciudadana contra el aborto. Y ahora serán los destinatarios del cabreo de la izquierda y del cabreo de los ciudadanos que no meten en el cajón sus principios cuando les conviene.

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