Preservativos: el nuevo colonialismo progresista

El Gobierno español, que mientras el Santo Padre se encontraba de viaje en Africa envió al continente un millón de preservativos, está abonado a una práctica internacional, auspiciada por la ONU, que supone explotar doblemente a los países más pobres del Planeta: la de erigirse en controlador de su demografía.

Los países más desarrollados no solo se niegan sistemáticamente a abordar las causas reales de la precaria situación del tercer mundo. No solo renuncian a ponerle remedio a base, por ejemplo, de establecer unas reglas justas en el comercio internacional.

Además se creen legitimados para controlar qué niños deben nacer en esos países y cuáles han de ser “descartados”.

Los países desarrollados están decididos a reducir la población de las naciones más pobres del Planeta alentando políticas abortivas o el uso del preservativo, en lugar de favorecer su desarrollo.

La excusa es esa suerte de buenismo que consiste en decidir por el otro, (porque nosotros sabemos más). Frente a la pobreza exterior siempre nos colocamos en una situación de superioridad.

Las naciones más prósperas siguen levantando infranqueables barreras proteccionistas que condenan al hambre a millones de personas. Y cuando, desesperadas, esas personas llaman a la puerta, sus gobiernos reaccionan de dos maneras. En primer lugar filtran su entrada para quedarse solo con los que “nos convienen”.

En segundo lugar, invierten importantes sumas de dinero para usurparles a las mujeres de esos países, y a los hombres, uno de sus derechos más elementales: el de formar una familia.

El nuevo WASP, el blanco, occidental, demócrata, progresista y laicista, se erige a la vez en Malthus y en Mengele, en controlador de la demografía de las naciones de donde extrae su mano de obra, y en exterminador del superávit de recursos humanos.

En nombre del progresismo opulento y auto satisfecho, el orondo occidental, miembro de oenegés abortistas y de instituciones internacionales cuyos intereses coinciden con los de las grandes multinacionales que operan en Africa, intenta convencer a quien no tiene más bien que la familia, de la necesidad de reducirla a la mínima expresión. Póntelo, negro, pónselo.

Los países más desarrollados, muchos de ellos alardeando de su supuesto “progresismo”, multiplican de este modo las formas de explotación, creando nuevas estructuras coloniales por la vía de lo que denominan “salud sexual y reproductiva”, expresión esta última que condena a las mujeres del tercer mundo a la esclavitud de verse privadas de una libertad tan valorada en occidente: la de decidir sobre su propio cuerpo.

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Lo que no dijo el PapaAsí fue la campaña de manipulación de las declaraciones de Benedicto XVI en Africa sobre el uso del preservativo

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