9 formas de acabar con la vida del ni ño no nacido sin llamarlo asesinato

La neolengua de que se vale el pensamiento políticamente correcto ha logrado alterar el nombre de las cosas hasta el punto de transformar a los ojos de muchos la realidad misma de los hechos que nombra.

El aborto es la forma de ataque a la vida humana que estos días se cuestiona en nuestro país a raíz de la ofensiva del Gobierno, abanderado en España de la cultura de la muerte. Pero la defensa del derecho a vivir no se agota en esta modalidad de exterminio de seres humanos.
A juicio de Justo Aznar, director del Instituto de Ciencias de la Vida, existen otras ocho formas de acabar con la vida del niño no nacido:

  • La clonación “terapéutica”, técnica utilizada para la obtención de células madre.
  • La fecundación in vitro.
  • Los fármacos y los instrumentos mecánicos con finalidad contraceptiva, especialmente el DIU.
  • La denominada “píldora del día siguiente”.
  • La píldora abortiva RU-486.
  • El diagnóstico genético preimplantacional para la selección de embriones sanos.
  • La generación de niños-medicamento.
  • La utilización del diagnóstico preimplantacional para la selección del sexo del hijo.

Este es el texto completo de La auténtica ecología empieza protegiendo la vida, un informe elaborado por el doctor Justo Aznar:

“Hay quienes defienden que el hombre es un producto más de un proceso evolutivo general gobernado por la selección natural al azar de cambios genéticos en los individuos, por lo que consecuentemente el ser humano sería "algo" sustancialmente igual a los restantes "algos" creados.
Sin embargo, a nuestro juicio el ser humano es mucho más que un “algo”, es un alguien, la cumbre indudable de ese proceso evolutivo. Por ello, por ser el ser humano la expresión última de la evolución y por ser subsidiario de la más elevada dignidad se le debe tratar con el respeto que su especial condición merece.
Consecuentemente el respeto ecológico que la naturaleza requiere, debería tener su máxima expresión en el respeto ecológico al hombre, por lo que vulnerar ese respeto es la más grave falta ecológica que puede cometerse, es la vulneración absoluta del ecologismo.
Sin duda que el respeto a la vida de las ballenas y de cualquier otra especie animal es encomiable, también lo es la conservación del medio ambiente y especialmente todo aquello que afecta al cambio climático. Y en consonancia hay que evitar cualquier acción que pueda dañar a la naturaleza, pero el respeto supremo se le debe al hombre, dueño y señor de esa naturaleza.
Por ello, los ataques al ser humano deben ser considerados como la más grave falta ecológica. Y los que defienden la vida como los más cualificados ecologistas, a los que se podría denominar ecologistas humanos.
Sin embargo, el hombre, y al decir el hombre naturalmente me estoy refiriendo al hombre y a la mujer, es hoy día sujeto de los más graves ataques que contra él se han producido a lo largo de la historia. Por ello, el aborto no solo es un delito contra el ser humano, sino también un delito ecológico en su más amplio sentido. El respeto a la vida del ser humano debe ser la máxima expresión del ecologismo.
Pero además del aborto, el ser humano es objeto de una serie de ataques que comprometen su vida, especialmente en el período que va desde la fecundación hasta la implantación del embrión (blastocisto) en su madre. Entre ellos están:
1. La denominada clonación terapéutica, utilizada para la obtención de células madre.
2. Los procesos de congelación y descongelación a que son sometidos los embriones sobrantes de la fecundación in vitro, con vista a su posterior utilización experimental.
3. La utilización de fármacos o instrumentos mecánicos con finalidad contraceptiva que actúen por un mecanismo antiimplantatorio y por tanto abortivo, especialmente el DIU.
4. La utilización de la denominada píldora del día siguiente, que en un elevado porcentaje de casos también actúa por un mecanismo antiimplantatorio.
5. La utilización de la píldora abortiva RU-486, que siempre actúa terminando con la vida de un embrión implantado.
6. El uso del diagnóstico genético preimplantacional para la selección de embriones sanos y su posterior gestación, hijos de padres con enfermedades hereditarias o genéticas, técnica claramente eugenésica.
7. El uso de esta misma técnica para la fabricación de embriones y posteriormente niños, para conseguir tejidos que puedan ser utilizados para tratar algún hermano enfermo. Es decir la generación de niños-medicamento.
8. La utilización del diagnóstico preimplantacional para la selección del sexo del hijo que va a nacer, en aquellos países en que esto está autorizado.
Pero para poder catalogar como éticamente inaceptables los hechos anteriormente comentados, una premisa fundamental es establecer cuando se inicia la vida humana, pues si ésta se iniciara con la fecundación cualquier acción sobre ese embrión preimplantado merecería el juicio ético de esa misma acción sobre un ser humano ya desarrollado.
Por ello hay que determinar si el embrión humano es un ser vivo biológicamente organizado o es un conglomerado celular. En este sentido nos parece que puede ser de interés consultar nuestro decálogo biológico (Diario Médico 2-IV- 2009) en el que a nuestro parecer queda fehacientemente demostrado que la vida biológica del ser humano empieza con la fecundación del óvulo por el espermatozoide.”

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