¿De veras quiere IU hablar de la opacidad del dinero público en manos de los políticos?

Cuando los lamentables años 60 estaban rindiendo sus últimos servicios, la Unión Soviética empezó a cerrar el grifo del dinero a grupos como el Partido Comunista de España, del que la URSS se fiaba cada vez menos.


Las sustanciosas sumas de dinero para acabar con Franco y organizar un estado soviético en el otro extremo de Europa jamás habían obtenido la menor rentabilidad, y los jerarcas del Kremlin se cansaron. Entonces apareció Ceaucescu.
Genocida y expoliador de su pueblo, junto a su siniestra esposa, Elena, Ceaucescu gobernó Rumanía durante algo más de dos décadas.
El paso de su dictadura a la democracia costó a su país 80.000 muertos, ochenta mil víctimas de la policía y el ejército del Conducator, que se resistió hasta el final, convencido de que lo mejor para los rumanos era la mano dura.
Pero antes de su ejecución, Ceaucescu sustituyó a la URSS como fuente de financiación del Partido Comunista de España. Y además tuvo la gentileza de poner las dachas de las orillas del Mar Negro a disposición de Santiago Carrillo y de los dirigentes de su partido para que descansaran en verano.
A cambio, Carrillo se prestó a cantar las virtudes del comunismo rumano, que presentaba conducido con brillantez por el Conducator, no como el comunismo soviético, frente al que de repente descubrió a una panda de desviados y contra el que el líder del PCE, junto a sus colegas francés e italiano, igualmente caninos de rublos, se inventó el “eurocomunismo”.
Los ciudadanos de Rumanía, hartos de los Ceaucescu, acabaron ajusticiándolos y ahí concluyó la financiación rumana de los comunistas españoles, que se apresuraron a aceptar la democracia que les ofrecían los nietos del franquismo, bandera nacional incluida, con tal de no verse pidiendo en los suburbios de París.
Hoy el PCE vive de las subvenciones del Estado, que recibe a través de sus cargos electos y de Izquierda Unida, el invento que pergeñaron los comunistas españoles cuando el término comunista empezó a resultar demasiado vergonzoso (algún día tendremos que hablar de las metamorfosis de este partido, especialista desde sus orígenes en el travestismo).
La semana pasada S.M. el Rey pidió a las Cortes que, en los próximos presupuestos generales del Estado, que han de empezar a discutirse en el Congreso después del verano, se contemplara la congelación de los gastos de la Casa Real.
Pocas horas después de conocerse esta petición, el hoy heredero de Carrillo, Cayo Lara, a la sazón coordinador general de Izquierda Unida, denunció que la Casa Real es un “paraíso fiscal opaco" en el que hay “una ausencia de transparencia absoluta”.

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