¿Volveremos a hacer de coristas ante los tipos del COI?

El secretario de Estado para el Deporte, Jaime Lissavetzky, ha pedido "un tiempo de reflexión para valorar si merece la pena seguir apostando" por los juegos olímpicos.

Rajoy ha dicho lo mismo, pero a su manera: "Ya veremos". Ambos están pensando en las próximas municipales. Allá los partidos con sus miserias.
En este asunto lo único que me interesa a estas alturas es conocer el importe de la factura: ¿cuándo ha costado montar el número en Dinamarca? ¿Y cuánto costaron los dos anteriores?
Al parecer el presupuesto que manejaba el Ayuntamiento de Madrid para los juegos, en el caso de haberlos conseguido, era de 1.830 millones de euros para la organización y 2.360 millones de euros en infraestructuras, pero no he sido capaz de encontrar el dato que me interesa: lo que llevamos gastado hasta la fecha para lograr esa sede.
No padezco fobia gallardonista, ni sufro de convulsiones cada vez que veo al alcalde madrileño por la tele, síntomas estos muy extendidos en ciertos ambientes minoritarios de la ciudad. Ruiz Gallardón es un político. Y ese término define perfectamente lo que pienso sobre él: de nuestros políticos, no importa el partido, ya no espero nada.
Tampoco creo que le guíe una ambición más faraónica que la que preside las actuaciones de la mayoría de políticos españoles actuales y de buena parte de los periodistas mediáticos.
Acepto también que el COI le engañó. En una reunión celebrada en Lausana en 2005, el presidente del Comité Olímpico Internacional, Jacques Rogge, fue el que convenció Ruiz Gallardón para que volviera a presentar la candidatura madrileña, tras su derrota ante Londres.
Sin embargo, aun dando por sentada la buena fe del alcalde y de todas las instituciones implicadas en la candidatura, me escandaliza que haya quien proponga seguir gastando recursos públicos para entretener a esa panda de relamidos que, a pesar de sus ínfulas, no son más que jurados de un concurso al estilo de Eurovisión.
Me repugna el espectáculo de todas las autoridades del Estado haciéndole la ola a unos individuos cuyo principal mérito es, en el mejor de los casos, haber saltado con una pértiga.
De habitación en habitación, el Estado ha ido lamiéndole el trasero a un centenar de deportistas jubilados que viven de obedecer cada cuatro años las órdenes recibidas. Y los ciudadanos hemos pagado los lametones.
¿Cuánto cuestan las presentaciones de candidaturas olímpicas? Con 25 millones de euros Cáritas atendió en España el último ejercicio a setenta mil personas que, rechazadas por los servicios asistenciales del Estado, ese que se presta a hacer de corista en Dinamarca, ya no tenían otro lugar al que acudir.
Con franqueza, que les den a los cois donde más les guste. Pero que sean otros los que les den.

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