Los jueces en las autonomías: o cómplices o víctimas

Felix Millet, ex presidente del Palacio de la Musica de Barcelona
Las autonomías sirven, entre
otras muchas cosas, para “adaptar” la Justicia a los intereses de cada oligarquía
regional, o para relativizar el sentido de las leyes, de modo que queden
siempre al servicio de los menos.

 

En Cataluña, el régimen de
complicidades establecido por el nacionalismo desde hace tres décadas,
permite que no sea causa de escándalo social el hecho de que un tipo que se ha
quedado con no menos de 100 millones de euros salga del juzgado sin medidas
cautelares.

Aunque si consideramos que
contra la gestión de Millet en el Palacio de la Música había denuncias
desde 2002, está claro que a la Justicia, a la justicia autonómica, estas cosas no le preocupan demasiado. Y que el supuesto chorizo, insigne miembro
de la oligarquía regional y destacado nacionalista, colocara los dineros robados en Suiza, sin duda corrobora su intención de no darse a la fuga.

En Galicia hemos visto
otra instrumentalización de la
Justicia al estilo autonómico: la práctica de relativizar su
sentido.

Si el ministro del ramo
puede manifestarse a favor de la persecución lingüística y no es obligado
inmediatamente a dimitir por la opinión pública, o por el partido del gobierno
de la nación, habremos de concluir que en nuestro país, el concepto mismo de Justicia
vale para todo.

Con ella puedes correr,
nadar, bailar, hacer causa común con los antisistema institucionales, esos que pasaron
4 años abusando del poder, e incluso mostrarte partidario de la segregación lingüística.

Si el ministro de Justicia
puede encabezar la manifestación de un grupúsculo que reclama su derecho a
seguir ejerciendo de vampiros con la excusa de la defensa de una lengua
regional, ¿qué queda del concepto y del sentido de la Justicia?

Poco importa la respuesta.
Aquí lo esencial es que todos los recursos de una sociedad democrática queden
en manos de la casta política regional correspondiente. Y la mejor forma de conseguirlo
es tener tan cerca, tan cerca al juez, que este termine convertido en cómplice,
o en víctima.

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