Fosas que nunca abrirán

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79 aniversario de la proclamación de la república. Sumémonos al
desvarío. Abramos fosas. Todas las fosas.

La fosa
número 1

Hace escasos días aparecía en BBS la
fotografía de Francisco Largo Caballero
saliendo de la cárcel, en
1934, tras ser absuelto en el juicio por la revolución de 1934.

Lo
que los historiadores de izquierdas denominan revolución fue un intento
de golpe de Estado que organizaron los partidos que luego formarían el
Frente Popular. Unos pretendían derrocar el poder, el sistema, actividad
que preferían a la de tomarlo. Otros querían hacerse con él costara lo
que costara. Y todos recurrían a la misma excusa para justificar los
desmanes: ¡que viene la derecha!

El PSOE, la UGT, Indalecio
Prieto, Largo Caballero, la Confederación Nacional del Trabajo, el
Partido Comunista, Esquerra Republicana y tutti quanti. Todos se
entregaron al festín de la sangre con la excusa de la justicia y en
Asturias y Cataluña sonó la flauta. Desde el principado proclamaron la
revolución y desde la Generalidad catalana, el “estado catalán” (la
actual lealtad del nacionalismo y la izquierda regionales al sistema que
les ampara viene de lejos: proclamaron su independencia en la primera
república y también en 1931, es decir, cada vez que percibieron
debilidad nacional).

Cuando las aguas volvieron a su cauce, el
fiscal general de la malhadada república, Marcelino Valentín Gamazo,
acusó a Largo Caballero de aquellos acontecimientos. Tras el juicio, el
líder del PSOE fue absuelto. No sucedió lo mismo con quien osó sentarle
en el banquillo.

El 5 de agosto de 1936, Valentín Gamazo y su
familia se encontraban en la localidad conquense de Rubielos Altos. Los
representantes de la república no andaron con miramientos. Le golpearon
en presencia de los suyos antes de detenerle. Luego se lo llevaron
camino de Motilla del Palancar. A media noche su cuerpo yacía en Tevar.
Junto a Gamazo, la república fusiló también a sus hijos, de 17, 20 y 21
años.

La fosa número 2

El día 20 julio de
1936 los representantes de la república asaltan el convento del Corazón
de María, en Jaén. Tras de sí dejan los cuerpos sin vida de cuatro
religiosos.

En Madrid los mismos representantes de la república
asesinan el mismo día a Rita Pujalte, 83 años, y a Francisca Aldea, algo
más joven. Eran culpables de ser monjas. Como los cinco hombres que ese
mismo días son asesinados en Lérida, culpables de ser curas. 

Como
Manuel Trachiner, 21 años, y Vicente Cecilia, 22, que pretendían
circular por Hortaleza llevando en la maleta nada menos que sus sotanas.
Como los 51 claretianos asesinados en Barbastro, donde no quedó ningún
estudiante vivo en el seminario.

La fosa número 3

La de Alcalá
de Henares
, que el gobierno de la memoria histórica ha olvidado. La
fosa en la que todo indica que se halla el cuerpo de Andrés Nin, el
líder del Partido Obrero de Unificación Marxista al que los
representantes de la república torturaron, desollaron y asesinaron.
Paradigma de la sovietización de un régimen que algunos pretenden
presentar hoy como ejemplo de libertad y cultura, el
crimen de Nin
ilustra la verdadera esencia de una república nacida
para destruir, que junto a los cuatro nombres de los poetas y literatos
de guardia del progresismo, vivió atrocidades difíciles de entender aun
poniendo ingentes cantidades de buena fe sobre la mesa.

El día de la memoria

Hoy es un buen día para recordar
los discursos que, en las cortes constituyentes, pronunciaron sobre el
estatuto de Cataluña Azaña y Ortega, las Dos
visiones de España
que, cuando fueron expuestas, se ignoraba en
qué terminarían. O las punzantes crónicas sobre El
advenimiento de la república
, de un Pla que se pasea por Madrid
con los ojos más abiertos de España. O las Matanzas en
el Madrid republicano
de Félix
Schlayer
.

O el último libro de José Javier Esparza, El
libro negro de Carrillo
, recién salido al mercado, y para
recordar que los cuerpos de 4.300 personas sepultadas no muy lejos de la
fosa de Nin, nos hablan de un regreso al pasado que jamás debimos
iniciar. Todos los miembros de más de 400 familias fueron asesinados en
Paracuellos (en la imagen), que guarda la memoria de una operación criminal
sistemática, organizada y dirigida desde la república para acabar con un
sector de la ciudadanía. En otros países, con otras justicias, a esas
operaciones de asesinato selectivo masivo las denominan genocidio.

En
la España de la vuelta al pasado y la revancha que patrocina el
proyecto Zapatero, se trata de un episodio que no merece el recuerdo
porque las víctimas allí enterradas eran gentes que frecuentaban la
iglesia, católicos, curas, religiosos…

Mientras juegan con los
sentimientos de unos y otros, víctimas al fin todos ellos, y tratan de
disfrazar el Valle de los Caídos de parque temático de una lucha
antifranquista que no existió y ante la que sienten, por ese motivo,
secreta y honda vergüenza, Paracuellos sigue reclamando convertirse en
el verdadero centro de la memoria histórica de nuestro país.

En episodios anteriores:

Los herederos de las checas vuelven a casa

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2 comentarios

  1. O todas o ninguna. Mejor ninguna. La reconciliación nacional costó varias generaciones, para que ahora esta gente quiera tirarla a la basura.

  2. Maria Melciora LOPEZ BARA · · Responder

    Yo sería partidario de abrirlas todas, pero todas. Y a más de un sinverguenza del PzOE, a los Zarrias, Herreras (ICV) y Pajines se les caería la cara del horror que sus conmilitones provocaron.

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