Pues a mi me gusta la decisión del Constitucional

2010-04-19 17 23 14

El País,
medio al que pertenece la fotografía, los llama "los progresistas":
Manuel Aragón, Ramón Rodríguez Arribas, Elisa Pérez Vera, Javier
Delgado Barrio y María Emilia Casas.

Mientras recibe mamporros por todas partes, incluida la derecha mediática en manos del empresariado nacionalista catalán,
el Tribunal Constitucional ha demostrado que algunos de sus miembros
mantienen la integridad y la independencia incluso en los momentos más
difíciles.

Para quien conozca, aunque sea someramente,
cómo se las gastan los políticos por debajo de la mesa, será fácil
imaginar lo que habrá tenido que soportar un magistrado como Manuel
Aragón, que ha sido presentado por los medios del Gobierno ante la
opinión pública como perteneciente al sector “progresista” del TC, es
decir, dependiente del PSOE, y que al parecer ha roto esa suerte de
disciplina de voto ideológica y ha votado de acuerdo con la Justicia y
la Constitución, y no con arreglo a las siglas de quien le nombró.

La
simpleza (tiene otro nombre en el caso de la prensa catalana) con que
el nacionalismo, la izquierda y la prensa del Gobierno han analizado la
decisión del Constitucional estremece. Y explica por qué tantos han
terminado convencidos de que cuatro provincias pueden ser un país, o
una nación.

Empachados de expresiones como “nacionalidad” o
“identidad”, ahítos de mirarse el ombligo, que es do mora su cartera,
políticos de izquierdas y nacionalistas, y sus respectivos siervos
mediáticos, han sometido a la ciudadanía a un verdadero lavado de
cerebro en el que las palabras ya no significan lo que quieren decir y
la Historia se adapta a los eslóganes.

La decisión del Tribunal
Constitucional es de una claridad meridiana: después de cinco intentos,
el malhadado estatuto catalán sigue sin pasar la prueba del algodón
constitucional. No se trata de que haya magistrados de derechas o
“progresistas”, sino de que ese texto no encaja de ninguna de las
maneras en la Constitución.

La férrea alianza de izquierdistas y
nacionalistas lleva cuatro años tratando de que el TC pase por el aro
de sus intereses partidistas, sometiendo a los miembros de la
institución a una más que férrea presión, constante y cada vez más
amenazadora. Aunque los acosadores acusen de presión al PP, ni Rajoy ni
su partido tienen nada que ofrecer, nada con que coaccionar, porque son
los izquierdistas y los nacionalistas quienes durante todos estos años
vienen detentando el poder.

El resultado son cinco ponencias rechazadas. ¿Alguien duda de la inconstitucionalidad del estatuto de Zapatero y Mas?

La
solución para los llorones, que son cada día más violentos y agresivos,
es la de siempre cuando se trata de los radicales de la etnia y el
socialismo: la depuración.

Proponen diversas medidas, pero todas
pasan por esa práctica en la que son tan diestros. Reclaman la
depuración de los miembros del TC que han demostrado un  mayor respeto
a la ley. Como solución alternativa, proponen depurar la propia
institución clausurando el Tribunal Constitucional. Y por si las dos
anteriores soluciones fallan, tampoco le hacen ascos a depurar la
propia Constitución.

La solución para los ciudadanos, para todos
ellos, y no para una reducida casta política multiplicada por 17, no
pasa por la depuración sino por que cada vez haya en los puestos de
responsabilidad más personas íntegras y respetuosas con las leyes, como
sucede con algunos de los miembros del Tribunal Constitucional. En
lugar de trileros.

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4 comentarios

  1. También se puede argumentar en el sentido contrario:
    Tras cinco ponencias, no se ha acreditado la inconstitucionalidad del estatut. Ergo…

  2. Será eso lo que pasa…

  3. Si, debe de ser de eso, se muere de constitucional el estatut

  4. El tema es la interpretacion de la Constitucion. Si ahora hay cosas que no pasan, que si pasaban en el 1979, es que quiza se está faltando a lo prometido, quizás ya no hay ese espíritu, nunca se ha creído en lo de las autonomías. Es extraño que muchos que votaron y hicieron campaña por el NO a la Constitución ahora sean sus más acérrimos defensores, con el estatut igual. Quizás, sabiendo eso, no habriamos votado lo que votamos en el 79.

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