El asunto no es el pañuelo sino el islam

AAABBBBBBBB “Que
se cubran el escote con el velo. Y que no muestren sus atractivos a
nadie salvo a sus maridos, sus padres…" (fragmento del Corán,
24:30)

La obligación de vestir a las mujeres de una determinada manera,
distinta de los hombres, y de cubrirles la cabeza, viene determinada por
el Corán.

El hiyab, que pone de manifiesto la
propiedad que el hombre ejerce sobre la mujer, no es en realidad el
meollo de la polémica que vivimos estos días. El velo es tan solo la
manifestación de una antropología basada en un libro del que se ha
derivado una religión.

En el Corán, personajes como el
padre de Pozuelo de Alarcón
legitiman el “derecho” de la mujer a ser
ocultada por los hombres. En este libro se dice literalmente:

“Que
se cubran el escote con el velo. Y que no muestren sus atractivos a
nadie salvo a sus maridos, sus padres, sus suegros, sus hijos, los hijos
de sus maridos, sus hermanos, los hijos de sus hermanos, los hijos de
sus hermanas, las mujeres de su casa, aquellas que sus diestras poseen,
aquellos sirvientes varones que carecen de deseo sexual, o a los niños
que no saben de la desnudez de las mujeres” (24:30-31).

La
obligación de cubrir a las mujeres se dicta en el Corán de manera
explícita (también en 33:59) y en la Sunna, por ejemplo, en las
palabras de Bujari narradas por Aisha y Umar.

Estos días, en
nombre de la libertad religiosa, hay personas que muestran su
comprensión ante comportamientos que, en otro contexto, provocarían su
rechazo.

Late tal vez en algunas de esas posiciones un temor
oculto: que el laicismo se lleve por delante el hiyab y, de paso,
arramble con todos los elementos católicos que encuentre a su paso.

Tales
posturas parten de un supuesto falso: consideran que todo aquello que se presenta
como religión es respetable en nombre de la libertad religiosa. Es esta una premisa falsa porque no todas las manifestaciones religiosas tienen su origen en una religión.

De la misma manera que no consideramos lícitas todas las
ideas políticas, tampoco podemos considerar válida cualquier creencia por el simple hecho de
que se presente como religiosa. Seguramente podríamos ponernos de acuerdo creyentes y no creyentes en que la diferencia esencial entre una
creencia religiosa y una apariencia de religión se halla en la visión
antropológica que una y otra transmiten. Y cuando una creencia, entre otras cosas, atenta contra los
derechos humanos, no puede considerarse religión.

Apresurémonos
ahora a subrayar una obviedad: estamos hablando de ideas, de creencias,
no de personas. Conviene distinguir porque las unas pueden ser
condenables, pero las otras merecen respeto: quien con honestidad
practica una de esas ideas que no merecen la consideración de religión,
puede tal vez caer en la ingenuidad o la ignorancia, pero merece la
mayor consideración.

En cuanto a las creencias pseudoreligiosas,
no consideramos religión a determinadas sectas, para las que incluso hemos
creado una calificación: destructivas. Y sabemos que lo son porque
cercenan los derechos y la libertad de sus miembros.

Sin embargo
nos da miedo aplicar este mismo criterio a todos los comportamientos
sectarios.

Más sobre el hiyab
José Castro en ¿A
favor o en contra del hiyab?

El
derecho de los hombres a tapar la cabeza de las mujeres

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2 comentarios

  1. Como siempre gracias por explicarlo con tanta claridad

  2. El problema no es el Islam, el problema es la Religión mal entendida. Cógete cualquier carta de San Pablo en donde habla de la mujer y te echarás las manos a la cabeza. Saludos.

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