“Un pueblo que deja de conocer su verdad, se pierde”

Benedicto XVI con Zapatero y De la Vega
“Se pierde en los laberintos del tiempo y de la historia, sin valores
claramente definidos ni grandes objetivos”.

Las palabras de
Benedicto XVI durante su estancia en Lisboa llegan a España coincidiendo
con una rectificación en toda regla del estado de supuesto bienestar
que el proyecto Zapatero había propuesto a la ciudadanía.

De la
destrucción de los valores y de la unidad nacional, y de la subordinación
de la economía a estos objetivos, hemos dado en horas el gran paso
atrás: la política social no existe y no queda dinero para seguir
inventando nacioncitas.

Zapatero, como Lenin, aparece con su
Nueva Política Económica bajo el brazo y el ADN primigenio de todas las
izquierdas se hace de nuevo visible para recordar urbi et orbe el
parentesco de nuestro conducator con la doctrina genocida de la
que está condenado a beber.

Como la de Lenin, la NEP que Zapatero
quiere ahora aplicar surge del fracaso. Cuando el primer tirano del
socialismo real anunció el giro de la política económica que aplicaba el
PCUS en la Unión Soviética para regresar a  las expresiones más
genuinas del capitalismo, se justificó diciendo:

“No somos lo
suficientemente civilizados para el socialismo”.

Y a continuación
la Nueva Política Económica reintrodujo algunas formas de propiedad
privada. Consecuencia: se recuperó la producción agrícola y se acabó el
hambre. El genocida lo definió como “un obligado paso atrás”. Zapatero
llama a su NEP “preservar
las garantías y los derechos de los trabajadores
”.

Como es
obvio, las palabras del Papa no se referían a España, ni a las medidas
económicas propuestas por el todavía presidente del gobierno socialista,
pero no andan demasiado lejos del espectáculo que propone el proyecto
Zapatero, que se tambalea ahora entre los cascotes del derroche y la
irresponsabilidad económica y política.

El proyecto Zapatero va
mucho más allá de la economía, persigue la sistemática destrucción de
nuestra sociedad y, sobre todo, supone la desaparición de la verdad.
Porque solo de esa manera podrá imponerse.

No hay más verdad que
la emanada de la soberanía popular, sentencia Zapatero. Y a continuación
se adueña de esa soberanía para que no pueda ser ejercida por sus
verdaderos titulares.

La última expresión de este camino al
precipicio huxleyano del Brave New World es la propuesta de
suprimir la acusación particular. Los casos de Garzón, cuyo
comportamiento prevaricador ha sido puesto de manifiesto gracias a la
acusación particular ejercida por Manos Limpias y Falange, y de Diego
López Garrido, que sentó en el banquillo el Centro Jurídico Tomás Moro, no
deben repetirse: la Justicia en España ha de estar subordinada a los
intereses superiores del partido en el poder, no a las reclamaciones de
los ciudadanos. Como los sindicatos, la autoridad y los derechos de las
familias, la educación, el sexo, la salud, la idea de nación, las
libertades individuales o la religión.

De ahí que España, pueblo
que se muestra dispuesto a dejar de conocer su verdad, corra el riesgo
de perderse. Y no como supone la izquierda relativista y nacionalista,
no como nación que dé paso a nuevos países antaño regiones. Si solo se
tratara de eso, el peligro sería limitado y no demasiado letal. 

Lo
que estamos a punto de perder es algo bastante más grave: corremos el
riesgo cierto y cada vez más cercano de desaparecer como civilización.

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Un comentario

  1. A veces pienso que la economía es el menor de nuestros problemas.

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