La expulsión de los españoles de Marruecos pone en evidencia la disolución del Estado

La ausencia de ayuda consular, la pasividad del Gobierno y la inutilidad de las instituciones obligan a preguntarse qué ha hecho Zapatero con el Estado.


El episodio de los 14 españoles apaleados y detenidos por la policía marroquí ha vuelto a poner en evidencia una vez más el grado de deterioro de las instituciones del Estado, sometidas a un proceso de deconstrucción desde la llegada de Zapatero y el PSOE al poder, en 2004.

En esta ocasión el Estado ha vuelto a dejar desasistidos a catorce nacionales, maltratados por las fuerzas de seguridad de una pantomima de democracia que se comporta exactamente igual que la, a juicio del PSOE, opresora dictadura franquista: detiene y tortura a quien expresa una opinión.

La dejación del Estado, su ausencia, su rendición, es una historia tristemente conocida entre nosotros y que ya no puede sorprender. La empezamos a vivir antes incluso de la llegada de Zapatero a Moncloa, en el año 2003, cuando el entonces líder de la oposición corrió a rendir pleitesía al sultán marroquí en plena crisis diplomática. Y a partir de ahí no ha dejado de estar presente entre nosotros, hasta el punto de convertirse en rasgo fundamental del zapaterismo.

La vivimos con los secuestros de barcos en el Indico; con la lamentable conducta política del Gobierno durante el larguísimo secuestro de los cooperantes de Barcelona Acció Solidària; con cada uno de los dramáticos episodios que viven nuestras fuerzas armadas en Afganistán, mal dotadas, peor pagadas y obligadas a comportarse como cobardes; con las sucesivas provocaciones de nuestro muy matón y pendenciero monarca vecino; con la propia ETA y sus exigencias; con cada uno de los altaneros y cada día más provocadores portavoces de los grupitos nacionalistas españoles.

En cuanto a la representación exterior, simplemente no existe. Los funcionarios no parecen tener instrucciones precisas, priman los intereses partidistas de demasiados altos cargos políticos con carné de partido (socialista), en lugar de los profesionales, y la mentira es la moneda común del Ministerio de Asuntos Exteriores en cualquier situación en la que estén en riesgo las vidas de ciudadanos españoles en países con los que Zapatero esté coqueteando.

La presencia disuasoria de la fuerza militar ha desaparecido, convertido el Ejército en un muestrario de sandeces, desde los transexuales uniformados a las borlas de las gorras de los legionarios, pasando por museos donde se domestica la historia y terminando en mandos pendientes solo de medrar riéndole las gracias a una ministra nacionalista.

Plantearse la posibilidad de que exista un proyecto internacional de España roza lo grotesco a tenor de este panorama. La lengua, que aporta un notable porcentaje de riqueza al PIB, se utiliza en países de potencial similar al nuestro en este ámbito como ariete y enseña, como anzuelo, junto a la cultura. Aquí se trata de perseguirla, acorralarla y destruirla a la mayor velocidad posible.

La cooperación al desarrollo se utiliza con fines estrictamente partidistas, sectarios y propagandistas. Los programas que al respecto subvenciona el Gobierno pasan todos por dos tamices que se repiten año tras año desde 2004: la discriminación sexista y la ideología de género. La ayuda al desarrollo es en realidad ayuda al aborto y a la destrucción de la familia con la excusa de la igualdad.

En el terreno económico la proyección internacional de nuestro país reproduce las mismas torpezas. Con motivo del campeonato mundial de fútbol, el Gobierno descubrió que podía aprovecharse el triunfo de la selección española para potenciar las relaciones económicas en determinadas zonas de especial interés. El problema es que se dio cuenta cuando el campeonato ya había terminado.

Los 14 españoles secuestrados, maltratados y expulsados del país por Marruecos son solo la penúltima muestra de que Zapatero, el PSOE y sus nacionalistas han logrado su objetivo. Tal vez no han destruido el Estado, pero lo han disuelto, hasta el punto de que hoy apenas pueden percibirse sus expresiones más elementales.

Queda apenas la Corona. Cada día más extraña. Más lejana y ausente. La enfermedad del Rey no ayuda. Pero el trabajo debió hacerlo antes, y perdió la oportunidad, arrastrado por el zapaterismo disolvente.

Ya no basta con una reforma a fondo de la Constitución, tal vez una de nuevo cuño, y no precisamente del tipo que está soñando nuestra izquierda nacionalista y decimonónica. Deberíamos empezar a plantearnos la redefinición y aun la refundación del propio Estado.

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7 comentarios

  1. Aunque estoy de acuerdo, la verdad es que no puedo evitar pensar que esos españoles se lo buscaron. No se puede ir a meterle el dedo en el ojo a otros y esperar que no reaccionen.

  2. El Gobierno español no puede prestar asistencia consular porque no hay cónsul en El Aaiun ni en ninguna parte del Sahara Occidental. Y no puede haberlo porque entonces estaría reconociendo la jurisdicción marroquí sobre ese territorio.

  3. Pero entonces hay que preguntarse: ¿por qué España autoriza la existencia de una línea marítima semanal -Naviera Armas- desde Las Palmas a El Aaiun y regreso y enlaces aéreos entre El Aaiun y Canarias?

  4. Interesante aclaración, Eduardo, gracias. Pero el Gobierno sostiene que envió asistencia consular a los secuestrados por Marruecos.

  5. Totalmente en contra de la actuacion policial en Marruecos, y todo mi apoyo al pueblo saharaui. Dicho esto tambien debo decir que aqui en españa las actuaciones policiales en la manifestaciones ilegales son igual o mas fuertes que las que han vivido en marruecos este grupo de activistas y que puedo afirmar por haberlo vivido en mis propias carnes. munca he oido en las noticias que la policia habia apaleado a los manifestantes ni nada por el estilo, cuando muchas veces con una actuacion policial desproporcionada han habido heridos graves, incluso muertos. Por lo tanto si en su propio pais ocurren estas cosas y nadie tiene que dar explicaciones de nada, ni siquiera comparecer en publico, ni condenar la actuacion policial, no se que explicaciones van a pedir a otro pais por hacer lo mismo, no lo entiendo.

  6. El Gobierno se refiere al Depositario de los Bienes Españoles en el Sahara, cargo desempeñado por una funcionaria cuyo status diplomático es discutible, pero en la que recaen las funciones de asistencia que puedan necesitar los ciudadanos españoles. Lo que pasa es que el Gobierno español mantiene ese puesto para defender las propiedades que todavía nos quedan en aquella antigua provincia abandonada por Ministros de Franco y Presidentes del Gobierno vendidos al Majzén.
    Me recuerda la situación del Cónsul de España en Jerusalén que actuaba oficiosamente ante el Gobierno de Israel cuando ambos países no mantenían relaciones diplomáticas, allá por los años 50. ¡sutilezas de la diplomacia!

  7. De nuevo gracias, Eduardo. Y ya de paso me atrevo a sugerirle (se lo habrán pedido ya muchas veces) que se anime a escribir ese libro que tantos llevamos tanto tiempo esperando. Un saludo.

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