La Iglesia en Cataluña, entre la católicovergencia y el nihilismo

Virgen de Montserrat
En un par de generaciones mi parroquia de la infancia se ha convertido en punto de encuentro de estrafalarios antisistema supuestamente cristianos; partidarios de viejísimas nuevas eras (si algunos filósofos del siglo V a. C. levantaran la cabeza); miembros de las más variopintas oenegés; arrebatados defensores de moro de rostro cubierto y lengua minoritaria represaliada; propagandistas del yoga como forma de oración genuinamente cristiana; ecologistas de variadas especies animales y vegetales, todas ellas autóctonas. En fin, el muestrario completo del club de sensibles espirituales contemporáneos.


Todos ellos, los ocupas de mi vieja parroquia, son por supuesto nacionalistas y cuando pronuncian palabras como “Rouco”, cosa que hacen a la menor oportunidad las raras veces que hablan de asuntos religiosos, los ojos se les salen de las órbitas.

Todos nacionalistas y aparentemente cristianos, porque el término católico parece repeler a la mayoría de ellos.

El pío Jordi Pujol necesitó tres generaciones para cambiar la sociedad catalana, pero a sus párrocos les bastaron dos. No es que sean más listos, ni que apliquen mejores estrategias. Es que, con la excusa de un concilio, practican desde los 60.

En mi ciudad, Barcelona, la Iglesia es extraña y lejana. Sus sacerdotes parecen considerarse capacitados para interpretar la Palabra de Dios y aun los sacramentos de las formas más peculiares. O para prescindir de ambos y sustituirlos por mediocres textos contemporáneos que sistemáticamente hablan de una justicia social, siniestra paradoja, que siempre termina generando millones de muertos. O para practicar irreverentes pantomimas que presentan como Eucaristía.

En mi ciudad muchos de los supervivientes ideológicos de lo peor de los 60 ejercen de sacerdotes, aunque nunca llevan alzacuellos, ni el menor signo que los pueda relacionar con la Iglesia. Me temo que tampoco es fácil identificarlos por su comportamiento. Eso sí, son muy colegas.

La Iglesia de mi ciudad es bastante selectiva a la hora de las devociones. Por ejemplo la Virgen…

– ¿A qué Virgen te refieres?

– A la Virgen María.

– ¿La Mare de Deu, quieres decir?

La única Virgen tolerada es la de Montserrat. Y solo porque se puede utilizar como paradigma del nacionalismo. Es decir, como elemento político simbólico. Su sentido cristiano simplemente no existe.

En mi ciudad los políticos de CiU que se quedan sin nómina porque pierden las elecciones enseguida encuentran trabajo, por más que los socialistas les veten en todas partes: el arzobispado les acoge paternalmente. Nunca he sabido por qué hay tanto alto cargo convergente en puestos de responsabilidad de la diócesis barcelonesa, pero así son las cosas en la Iglesia de mi ciudad.

A cambio de esta abundancia de políticos con carné en edificios religiosos, hay una ausencia total de actos religiosos públicos. En las calles de mi ciudad, ni sotanas, ni cruces. Aunque no son los políticos quienes los prohíben. No fueron los políticos quienes se encerraron para las dos recientes beatificaciones, ni fueron políticos quienes suspendieron el Corpus en la calle.

¿Y por qué están los seminarios vacíos? Excepto el de Tarrasa, recién fundado y ya rompiendo récords, ¿qué pasa con los otros?  Lo mismo que con los grupos de laicos. Hay algunos. Pero curiosamente sus planteamientos supuestamente eclesiales coinciden casi siempre, punto por punto, con el discurso oficial del tripartito. Antes coincidían con Pujol.

Las iglesias de mi ciudad suelen estar vacías. Quiero decir, absolutamente vacías. No todas, es cierto. En algunas hay feligreses piadosos y activos grupos parroquiales que se atreven, por ejemplo, a rezar el Rosario. Pero son las menos. La mayoría de parroquias podría cerrar y nadie se daría cuenta. Tengo amigos barceloneses que se han quedado pasmados al entrar un día laborable en una iglesia de barrio en Valencia, o en Madrid:

– ¡Pero si está llena!

A lo mejor, algún día, alguien se da cuenta de que la desoladora soledad de los Sagrarios en las iglesias vacías de mi ciudad guarda relación con el poco caso que se le hace al Sagrario en cada una de ellas. Esa es al menos mi esperanza. Pero de esa solo me queda ya la cantidad justa para no caer en el pecado de la desesperanza.

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En episodios anteriores:

Munilla como amenaza

La patria sagrada

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6 comentarios

  1. Espero que algún día acabe ocurriendo con los Obispos catalanes lo que está ocurriendo ahora con los vascos. Lo que ha pasado en Cataluña, desde luego, es un ejemplo de hasta qué punto algunos han traducido el “aggiornamento” por claudicación ante las peores tesis progres.

  2. Y lo que acabas de colgar en http://www.outono.net/elentir/2010/09/01/abortos-iglesia-y-barcelona-algunos-datos/#comment-121020 es bien significativo de todo ello: Ardevol y sus piruetas constituyen un buen ejemplo del triste panorama eclesial catalán.

  3. Qué tristeza. No me imaginaba que el panorama fuera tan desolador, pero tampoco me extraña. El nacionalismo es incompatible con la religión.

  4. Rodolfo Plata · · Responder

    Friedrich Nietzsche señaló con verdadero espanto ¡la indiferencia de la generación actual ante el nihilismo! El exacerbado racismo del Libro de Israel criminal y genocida serial, y su falta de significado para los que no somos judíos, llevó a Nietzsche a pregonar: ¡la muerte de Dios! Grandes multitudes abandonan la religión judeo cristiana ante su falta de congruencia de sus dogmas con la realidad. El reto es superar el nihilismo de la sociedad actual formulando un cristianismo que se pueda vivir y practicar, no en y desde lo religioso y lo sagrado, sino en y desde el humanismo secular laico, la pluralidad y el sincretismo resaltando la importancia genérica de Cristo y sus enseñanzas. Y para poder lograrlo tenemos que actualizar la teología, la cristología y la liturgia, enmarcadas en la doctrina y la teoría de la Trascendencia humana, conceptualizada por la sabiduría védica, instruida por Buda e ilustrada por Cristo; la cual concuerda con los planteamientos de la filosofía clásica y moderna, y las conclusiones comparables de la ciencia: (psicología, psicoterapia, logoterápia, desarrollo humano, etc.). Congruencia que da certidumbre a la unión inseparable entre la fe y la razón, enseñada parabolicamente por Cristo al ciego de nacimiento para disolver las falsas certezas de la fe que nos hacen ciegos a la verdad, haciendo un juicio justo de nuestras creencias (Jn IX, 39).
    http://www.servicioskoinonia.org/relat/344.htm. http://www.redescristianas.net/2010/09/27/ser-cristiano-en-nuestra-sociedad-plural-y-laicajose-m-castillo-teologo/
    http://www.scribd.com/doc/17143086/EXPLICACIÓN-CIENTÍFICA-DE-CRISTO-Y-SU–DOCTRINA–A-LA-LUZ-DE-LA-FILOSOFIA-CLASICA-Y-MODERNA-Y-EL-MISTICISMO-UNIVERSAL

  5. Sí, amigo, lo suyo también encaja en el supermercado de lo “espiritual” tan de moda en lugares como Barcelona. Una espiritualidad que ha de borrar a Dios para poder sustituirlo por el batiburrillo de esa suerte de místicos de la legua, tan pendientes de la estantería de autoayuda de El Corte Inglés.

  6. una de las cosas que pasan es que el clero es de edad avanzada y se limitan a celebrar la Misa y poco más. Hacen falta sacerdotes jóvenes que estén dispuestos a dar la vida por Cristo y por los feligreses.

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