Chacón se arrodilla entre “pets” y huevos duros

Y con ella toda la clase política catalana, que venera hoy una historia inventada para justificar sus privilegios oligárquicos.


Carmen Chacón ha ido esta mañana a homenajear a Rafael Casanova, supuesto héroe “nacional” catalán al que todos los partidos regionales han hecho la ola, aunque este año alguno se abstenga.

Se supone que Casanova encarna la defensa de la “patria” y es el símbolo de la “resistencia” ante la invasión española de la supuesta nación. De ahí que Chacón, que se declara tan nacionalista como el resto de sus compañeros de partido, la comedia de cada 11 de septiembre: pongamos que me lo creo y le llevo unas flores.

Pero lo cierto es que Casanova que en 1714 quería negociar con los supuestos invasores, no mostró ningún ardor patriótico y, lejos de actos heroicos, falsificó el certificado de su propia defunción y huyó de Barcelona disfrazado de fraile.

El “héroe nacional” del catalanismo se instaló a pocos kilómetros de la ciudad, en Sant Boi de Llobregat, y allí ejerció tranquilamente su profesión de abogado sin perder ninguno de sus bienes. A los pocos años fue perdonado públicamente por el rey Felipe V.

Esta es la historia ante la que Chacón se arrodilla. Y con ella toda la clase política catalana.

Cataluña no es una nación, ni lo ha sido nunca

La propaganda (el som una nació de los años de Pujol) y la tergiversación (el texto estatutario) han sido elevados por las instituciones regionales  catalanas a la categoría de comportamientos políticamente correctos, pero los procedimientos goebbelianos no convierten en realidad la mentira: las cuatro provincias del extremo nororiental peninsular no constituyen una nación, por más que se retuerza la razón y se apele a trasnochadas autorías académicas para justificar semejante desfachatez intelectual y aun histórica:

“Si el sintoísmo señala el camino de Dios, el nacionalismo catalán -cual religión de Estado- indica el camino de perfección que conduce a la reconstrucción nacional. Y para ello hay que construir una comunidad. O inventarla. O imaginarla.

Y la comunidad se construye, o inventa, o imagina gracias a un proyecto de mitificación, olvido, manipulación o tergiversación de la realidad que excluye o margina lo impropio -por ejemplo, lo español- en favor de lo supuestamente propio, lo catalán.

Proyecto que también excluye o margina cualquier manifestación individual que escape de la nación/identidad orgánicamente definida. El resultado es una identidad nacional a la carta que modela el ser colectivo catalán. Y exige un trato especial en función de ese ser que, por cierto, no existe.” (Miquel Porta Perales en La historia interminable)

Casi cuatro generaciones de ciudadanos han sido “marinadas” en la propaganda oficial y en el sistema educativo nacionalistas, que machacan la fantasionsa idea “nacional” de Cataluña y sientan las bases de lo que unos llaman desafección y otros, odio:

“El balance de estos treinta años es la aparición del odio entre españoles; la amenaza de una guerra de territorios, que es la más temible de todas por su irracionalidad; el silencio de los intelectuales, cuando no su deserción desde el punto de vista de los principios; el miedo a la ruptura del mercado por encima del temor a la desaparición de los lazos históricos y solidarios; las diferencias de los dos grandes partidos en relación con la organización de la convivencia y, por terminar, la desaparición de aquel espíritu de la transición del que históricamente nos habíamos sentido tan satisfechos.”  (César Alonso de los Ríos en El nacionalismo y la transición)

Tras esa labor de drenaje cerebral, las casi cuatro generaciones de ciudadanos que viven en Cataluña siguen pensando mayoritariamente que la región es una región. Salvo cuando quien informa de la respuesta es la Generalidad a través del Centre d’Estudis d’Opinió o los partidos que la controlan. En la diada de hoy apenas han participado 15.000 personas. En la manifestación independentista, 9.000. Las cifras, ofrecidas por una Guardia Urbana que depende del tripartito municipal, reflejan perfectamente el grado de entusiasmo popular que suscita la celebración del día de la pàtria.

El lugar donde nací no es una nación, ni lo ha sido nunca. Pero hoy toca pedir huevos duros.

El mito (conveniente) de la antinación

Si no hay héroes nacionales, ni hay nación, difícilmente puede haber antinación. Franco, maestro en tantas cosas de los actuales nacionalistas españoles, procedan de la región que procedan, dejó escrito el manual de la antinación, que siguen hoy al pie de la letra nuesros nacionalistas.

El Caudillo les enseñó la conveniencia de crear, cuidar y fomentar la figura del anti español y de la anti España, categoría que él distribuía según su conveniencia entre quienes se atrevían a discrepar. Hoy aplican con fervor sus enseñanzas todos los nacionalistas, desde el PNV a ERC, pasando por el BNG y la ristra de partidillos etnicistas baleares, canarios y valencianos.

Lo que en Cataluña llaman anticatalanismo, o los malos vascos del PNV, no son más que un invento hecho a la medida de los intereses particulares de las nuevas oligarquías regionales.

Elecciones trascendentes, pero solo para ellos

José Napoleonet Montilla ha convocado elecciones a la voz de “estas son trascendentes”. Desde luego. Pero solo para él: son las que va a perder.

Las inminentes elecciones regionales catalanas solo interesan a quienes viven directamente del erario público. Lo que no deja de ser una desgracia: dando la espalda a sus supuestos representantes, los ciudadanos que viven en las cuatro provincias no hacen más que perpetuar esa casta.

Pero antes de criticar esa actitud dudosamente cívica, hay que comprender que supone un esfuerzo heroico hacerle caso a gente que dice cosas como estas:

  • "Que la gente sea consciente del momento extraordinario que nos toca vivir. Con vuestro voto decidiréis el camino que queréis seguir, no durante una legislatura sino durante toda una generación. Pensad en las consecuencias de vuestro voto. Son unas de las elecciones más trascendentes de nuestra historia reciente". (José Montilla)
  • “Estas elecciones pueden cambiar la historia”. (Joan Puigcercós)
  • “Hay que levantar el país desde todos los puntos de vista, cultural, económico, social y nacional”. (Artur Mas)
  • “Hay que reivindicar el Estatut frente a los sueños españolistas”. (Isidre Molas, presidente del PSC)
  • “Se ha terminado la etapa de las ambigüedades. Hay que decidir por dónde seguimos”. (Ernest Benach, presidente del parlamento regional)

Un mundo previsible

Todo es previsible en el mundo cerrado del nacionalismo. También el nombre de las cosas. Así que acabemos evocando los tres grandes nombres de hoy en la región:

Festa de la Llibertat. Es el nombre de los festejos públicos que el tripartito organiza con motivo de la diada.

Lluís Companys. Se desarrolla la tal fiesta en el paseo Lluís Companys de Barcelona, que lleva el nombre del golpista favorito del tripartito & CiU.

Pets. El plato fuerte de los conciertos supuestamente gratuitos que se ofrecerán consiste en una actuación de un grupo denominado Els Pets.

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En episodios anteriores

El nacionalismo y la transición

La simulación, estrategia secular del secesionismo catalán

“Somos un ornitorrinco. Nosotros decidimos”

Cataluña no tiene dignidad

El día de la raza

La verdadera historia del 11 de septiembre

La verdadera historia de 1640

Nación española

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Un comentario

  1. Lo que necesitaba Cataluña era un partido alternativo como pudo haber sido Ciudadanos. La pésima gestión de Montilla dejará el gobierno otra vez en manos de los nacionalistas.

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