¿Por qué no vi la luz cien años antes?


 

Es una lástima pero no hay mucho escrito a propósito de la persecución religiosa y la mediocridad musical en la España de la primera constitución, esa a la que, cuando los progres del Gobierno Zapatero llaman “la Pepa”, parece que estén diciendo “la Trini”.


Por aquel entonces el castrado Farinelli pasó diez años seguidos cantándole a Felipe V las mismas arias, cuatro, todas las noches, 14.600 interpretaciones noche tras noche. El primer Borbón se hizo notar desde el comienzo, triste anuncio de la decadencia cultural de la vida española en las primeras décadas del XIX.

La música en los tiempos de Carlos IV estaba dominada por la a menudo cargante influencia italiana. Demasiados Farinellis y demasiados Scarlattis rondando por la corte. En 1805 moría Boccherini, mientras Goya se convertía en el mejor “fotógrafo” de la decadente borbonada. Martín y Soler moría lejos de España, Bellini nacía en Catania y Beethoven presentaba la Eroica.

La persecución de la Iglesia en las primeras décadas del siglo XIX provocó, entre otras consecuencias bastante más graves, el inicio de un período de notable empobrecimiento musical en España.

La práctica napoleónica de reducir los conventos y apropiarse de sus bienes y la eliminación de las órdenes religiosas masculinas; la guerra y su corolario de destrucción, con el cierre de capillas y escuelas musicales; el posterior expolio liberal de las desamortizaciones, todo contribuyó a la desaparición de la música del sistema educativo y del mundo cultural, donde hasta entonces había ocupado un papel preponderante, sobre todo como “mercado” musical religioso.

La música culta, y en especial la religiosa, arrancó el siglo sumiéndose en una profunda crisis. Y las clases pudientes, alejándose a velocidad vertiginosa de la cultura musical de la que hasta entonces habían hecho gala, emprendieron el camino que las ha conducido exactamente al status intelectual que ocupan en nuestros días.

Hacia mediados de la centuria, el maestro Barbieri se lamentaba amargamente de los tiempos que le habían tocado vivir:

“¡Cuan triste es el nacer, cuan tormentoso

alcanzar unos tiempos semejantes

a este siglo tremendo y borrascoso!

¿Por qué no vi la luz cien años antes,

cuando España era emporio de nobleza,

con más gloria y saber, menos tunantes,

menos adulación, menos bajeza,

y no los charlatanes que hoy en día

nos aturden, nos rompen la cabeza?

A concebir no alcanzo en mi porfía

cuál es de nuestro siglo el adelanto,

pues no lo encuentro yo en sabiduría;

y parece mas bien, que el negro manto

de la ciega ignorancia, ruina augura

dejándonos en mísero quebranto.”

Vistas las cosas con la perspectiva de un par de siglos, alguien podría pensar que los músicos y, en general, los ciudadanos españoles de hace doscientos años no fueron más que las primeras víctimas del deterioro de la vida política de nuestro país, que entonces iniciaba su decadente recorrido hacia la paupérrima situación de nuestros días. Habría que remontarse a demasiados años atrás para encontrar aires más limpios. Si hacemos caso a Weaver, en ese viaje al pasado atravesaríamos centurias.

Ignoro si en la España del 12 seguían escuchando a Morales. Pero prefiero mil veces uno solo de sus motetes a toda la producción musical española del XIX.

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Un comentario

  1. Simplemente ¡¡Genial!! Miguel

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