De cañas con Bach


 

Hoy era día para dedicarle un espacio a Victoria de los Angeles, pero buscando una de sus interpretaciones de Mozart, tan relacionado asimismo con los ángeles, he tropezado con Harnoncourt y la Cantata 147, que a decir verdad encaja más con mi ánimo de estos días.


Además me sucede con Bach como si me hubiera tomado unas cañas con él en El Cangrejero: le echo cada día de menos. Así que ya estoy viendo la hoy abarrotada escalera de Jacob. ¡Ahí va mi recado!

Wohl mir, dass ich Jesum habe,

O wie feste halt ich ihn,

Dass er mir mein Herze labe,

Wenn ich krank und traurig bin.

Jesum hab ich, der mich liebet

Und sich mir zu eigen gibet;

Ach drum lass ich Jesum nicht,

Wenn mir gleich mein Herze bricht.

Feliz soy, pues tengo a Jesús,

oh, con qué fuerza me aferro a Él

para que consuele mi corazón

cuando estoy débil y triste.

Tengo a Jesús, que me ama

y se me entrega como algo mío;

ah, así, no quiero abandonar a Jesús

aunque mi corazón se rompa.

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