El Papa y la fragua de la destrucción

En el curso del vuelo que le conducía desde Roma a Lisboa, en mayo de este mismo año, Benedicto XVI pronunció ante los periodistas que le acompañaban una frase que, aunque no figura entre sus intervenciones más divulgadas, constituye un tremendo aldabonazo.


    

“La mayor persecución de la Iglesia no procede de los enemigos de fuera, sino que nace del pecado en la Iglesia.”

Tras estas palabras, su destino más frecuente es España. Si contamos la visita que el Papa hará a Madrid con motivo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud, el país que más veces ha visitado Benedicto XVI es el nuestro.

El Papa viaja en esta ocasión a una ciudad que no conocía. Una ciudad que no ha sido capaz de encontrar voluntarios suficientes para cubrir el acto. Y cuyas autoridades le dan la espalda convirtiendo su ausencia en una excepción, pues ninguna de ellas falta cuando se trata de la visita de un jefe de Estado extranjero.

Barcelona recibe al Papa por un lado con manifiestos-bomba, firmados por sacerdotes que critican a la Iglesia y a su Pontífice y tienen a gala su desobediencia. Y por otro, con los manifiestos-trampa de quienes dicen pertenecer a una denominada “iglesia catalana”:

“Barcelona es la capital de Cataluña. Llega a un territorio con una conciencia de nación que siempre ha sido reconocida por la tradición eclesial”. Manifiesto de personalidades catalanas (descargar).

En mi parroquia, los sacerdotes hablaban la semana pasada de los católicos ateos que pueblan nuestras iglesias. Benedicto XVI es el primer Papa que ha anunciado la mala noticia: el enemigo de la Iglesia está dentro de ella. Es también el primer Pontífice que hace frente a esta situación, que nunca antes se había vivido.

Falta muy poco para que Benedicto XVI vuelva a España. ¡Gracias por frecuentar tantas veces, Santidad, la fragua de la destrucción!

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2 comentarios

  1. Por suerte, va también a Santiago donde sí será recibido como merece.

  2. María: No confundas las gilipolleces de los políticos que nos dominan con el fervor que los fieles catalanes sentimos. Verás en la Sagrada Familia a una caterva de hipócritas anticlericales bajarse de sus coches oficiales para intentar manipular políticamente al Papa, es cierto. Pero lo harán entre 45000 fieles, de los que la mayoría seremos catalanes -Entre ellos, yo- que sabemos perfectamente que se nos pretende conducir políticamente y no dejamos que sus intentos funcionen. Hace demasiados años que la casta política dió las espaldas a Cataluña y no le creemos.
    Verás también que el Papa no se deja manipular.

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