A la letra de Mayor Oreja le pone música Rajoy

Ofrece análisis dignos de atención y sus palabras suenan a esperanza en que algún día la clase política será decente. Quizá por ello, su influencia en el PP es menguante.

Siempre he sentido una sincera admiración por Jaime Mayor Oreja. Desde el punto de vista intelectual y político, me parece uno de los escasos hombres públicos que en España merecen respeto y consideración. Sus análisis de nuestra vida colectiva son siempre brillantes y sus pronósticos, terriblemente certeros.

Mi respeto y admiración nació en los años en que todos sus compañeros de UCD fueron asesinados a tiros (por supuesto, por la espalda) por ETA, que logró aniquilar de esta forma a la formación de Suárez en el País Vasco. Solo Mayor Oreja y unos pocos siguieron dando la cara y arriesgando su vida, últimos testimonios de la dignidad nacional en un tiempo en que se consideraba que las víctimas de ETA merecían el asesinato.

Luego llegaron sus reflexiones políticas y sus análisis prospectivos y Mayor Oreja se desveló como un sólido y fino cirujano de las pútridas enfermedades que habíamos contraído sin siquiera darnos cuenta de ello.

El último eslabón de mi admiración por Jaime Mayor Oreja viene de la mano de la fe. En mi opinión, el vicepresidente del parlamento europeo y ex ministro de Interior constituye un magnífico ejemplo de político católico en el que bastantes políticos supuestammente católicos deberían mirarse antes de subir a la tribuna de oradores.

Sin embargo tantas virtudes no aprovechan a quien debería ser su principal beneficiario: su propio partido.

La influencia de Mayor Oreja en el Partido Popular es cada vez más inapreciable. La formación de las señoritas que posan en revistas de moda, el partido de los silencios y del cálculo, el de la mediocridad ideológica y el miedo a decir la verdad y a nombrar las cosas por su nombre, el de las cospedales y los gallardones y las sorayas y los camps y los oyarzábales, está en otra cosa. Lo suyo ya no es ni el poder. Tan solo el mandar.

Tal vez Mariano Rajoy gane con mayoría absoluta las próximas elecciones generales. Tal vez. Pero más allá de las formas, en nada se diferenciará la España de Rajoy de la España de Zapatero. Seguirán en vigor las mismas leyes; los mismos, digamos, “valores”; los mismos códigos morales; la misma forma de concebir la vida colectiva y los derechos individuales.

Y todo eso sucederá porque personas como Jaime Mayor Oreja ya no pintan nada en el PP.

Empieza a ser hora de que nos quitemos la venda que secuestra nuestra capacidad de observar la realidad. También de que se la quite ese puñado de políticos decentes que, como Mayor Oreja, todavía quedan en el PP. Empieza a ser hora de que reparen en el hecho de que su partido les han recluido en una reserva.

Mayor Oreja ha dicho cosas importantes en la convención sevillana del PP. Pero no sirven para nada. A estas alturas sus compañeros, los que le aplauden cortésmente, chorrean zapaterismo por los cuatro costados.

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5 comentarios

  1. Juana de Arco · · Responder

    ¡¡Genial!!. Opino al 100% com tú.
    Y pienso además que todos esos “politicos decentes como D. Jaime Mayor Oreja” deberian crear una formación, porque nos tendrian a muchos miles con ellos. Sería entonces cuando de verdad les veríamos las uñas a los “gallardones, sorayas, cospedales, etc”.

  2. Democrata(Rael) · · Responder

    …y llega al gobierno y no hace nada, como en los 8 años del gobierno del PP. Porque creeis que en la proxima legislatura va a ser distinto?

  3. En los ocho años de Aznar al menos se sacó a España adelante, que ya es algo, aunque no suficiente para nosotros. Los parados esperan a Rajoy como agua de mayo.

  4. Me parece acertadísimo el comentario. Espero y deseo que los grupos provida se pronuncien ya de forma clara, negando el voto al PP. Estoy convencido de que el PP, va a perder algunos millones de votos, el de la mayoría de los católicos.

  5. Lo dicho, el mismo perro, con distinto collar, yo al menos, no le voy a votar, digo a Rajoy, espero que la gente pro vida no caiga en la trampa del mal menor, porque ¿que iba a cambiar?

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