2003-2012: El PSOE lo vuelve a hacer

Socialistas y nacionalistas
En 2003, los dirigentes socialistas no sabían todavía que estaban a punto de convertir en instrumento electoral a casi 200 personas asesinadas en atentado terrorista. En aquella fecha, el PSOE estaba convencido de que sería derrotado en las elecciones generales a celebrar un año después. Y a falta todavía de cadáveres a los que utilizar y con los que corromper la convivencia, echaron mano de la nación. Hoy vuelven a hacer lo mismo.


La convención autonómica socialista, celebrada este sábado, ha servido para algunas cosas accesorias y para una fundamental.

En el ámbito de lo intrascendente se habla de punto de partida de la campaña socialista para las próximas autonómicas y municipales, o de cierre de filas, o de maniobra para desviar la atención de la sucesión de Zapatero, que como decía Rajoy,  está siendo sometido a un linchamiento público que sin duda se merece, pero que deberían cedernos a los ciudadanos.

Sin embargo la reunión de los dirigentes del PSOE ha aportado algo mucho más siniestro: nos ha permitido vislumbrar por dónde va a transcurrir la estrategia del PSOE derrotado.

El corrupto presidente de los socialistas, Manuel Chaves, lo ha expuesto muy claramente, algo insólito en este político sumidero:

“No estamos de acuerdo ni vamos a permitir una renacionalización de competencias".

Los corifeos que le escuchaban, la pléyade de los presidentes regionales del PSOE, se apresuraron a ponerse en pie, Sieg Heil!, conscientes de que la dirección del partido salvará sus nóminas y empantanará a quienes les echen del poder.

Ante el panorama de la debacle electoral, el PSOE vuelve al monte de la exacerbación identitaria: ¡Nadie tocará las competencias autonómicas! Como sucedió en 2003, se trata de profundizar en la división nacional, fomentando el enfrentamiento y el agravio comparativo, a base de soliviantar particularismos imaginarios y de reclamar lo que, de seguir el PSOE en el gobierno, no estaría dispuesto a contemplar.

Huelga decir que el PP, si es que llega a triunfar en las elecciones de 2012, no tocará una coma en el ámbito estatutario, ni se le pasa por la imaginación “reordenar”, como han anunciado estas semanas algunos de sus dirigentes, el caduco estado de las autonomías. Pero el trabajo ya estará hecho y servirá para hundirnos más:

  • Se profundizará la quiebra de la unidad nacional, que en la próxima generación dará paso al colapso del Estado y de cada una de sus regiones en particular, si no a algo peor todavía.
  • Se habrá reforzado la imagen de un PP nefasto: para la izquierda, por reaccionario y enemigo de las libertades y los nuevos “derechos” (el de secesión, por ejemplo); para la derecha, por cobarde y sobre todo por incapaz de representar de manera efectiva a su propia base electoral.

Claro que siempre será mejor que nos aticemos entre nosotros a que venga alguien a volar trenes de cercanías.

¿O no?



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3 comentarios

  1. Lo que hay detrás del tinglado autonómico es algo más mundano que chismes identitarios. Estos chismes no son más que el pretexto. La verdadera razón por la que el PSOE agita la bandera autonomista y por la que el PP se niega a renunciar a ella es que las autonomías se han convertido en auténticas maquinarias de asignar carguitos, de dar favores y de sostener a la clientela de los partidos. Ya en tiempos de Fraga, por poner un ejemplo, era escandaloso lo que ocurría a nivel de consellerías. Son auténticos caciques, viven de serlo y no están dispuestos a renunciar a la mamandurria autonómica aunque eso implique la ruina de toda España.

  2. Las autonomías son una máquina de tirar dinero y los que las apoyan es porque ganan algo. Pero además también tienen la llave de la gobernabilidad y eso sólo se soluciona cambiando la ley electoral.

  3. No veréis que haya un acuerdo entre el PSOE y el PP para cambiar el asunto autonómico por lo expuesto de las prebendas y porque el segundo partido mencionado obtiene gran parte de su poder en el ámbito autonómico, en donde supera al PSOE.
    No es una cuestión de economía o de ética, sino de estrategia política, que nos va a terminar de deshauciar los cuatro trastos que aún conservamos.

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