CiU se postula para liderar la fase 1 de la secesión

La casualidad pone el difunto: Heribert Barrera. El calendario aporta el tótem tribal: 11 de septiembre, día “nacional” de la región. Y Bruselas, la excusa: la reforma de la Constitución.


En los próximos días, el coctel de cadáver mitificado, fecha totémica y agravio constitucional desencadenará en Cataluña la conjunción planetaria de los que viven de la invención histórica y el cultivo de la histeria victimista.

Los sufridos (también cómplices) habitantes de las cuatro provincias catalanas van a vivir jornadas de histeria en dosis superiores a la habitual durante las próximas semanas. CiU, esa formación que la opinión publicada madrileña ha adulado sin medida desde los tiempos de Jordi Pujol, ha dado con la excusa que andaba buscando desde los tiempos del tripartito para agitar con mayor descaro el espantajo del secesionismo.

"Se rompe el proceso constituyente", aúlla el supuestamente moderado Durán i Lleida, ese aragonés partidario de que su pueblo y los limítrofes sean anexionados a Cataluña. El dirigente secesionista brama que PSOE y PP han roto el pacto constitucional y maneja con desvergüenza notable el término “deslealtad”, actividad esta en la que han sido precisamente los nacionalistas quienes siempre han destacado:

“No estamos dispuestos a ceder en nada que pueda limitar la capacidad financiera de Cataluña. La reforma no debe comportar una alteración del equilibrio de poder que la Constitución actual establece entre el Estado y las comunidades autónomas. Esta es nuestra línea roja” (Josep A. Durán i Lleida).

Desde su creación, y gracias a la deslealtad de los nacionalistas y a la irresponsable complicidad del PSOE y el PP, el estado de las autonomías ha sido de todo menos una fórmula de convivencia. Y con los años se ha convertido en una fábrica de odios.

La balcanización de España tiene nombres y apellidos y agentes activos que nunca se han ocultado. Basta con echar un vistazo a los titulares del rincón más triste de este sitio (Pedagogía del odio). Y esos agentes de la destrucción política de nuestra sociedad pertenecen en su mayoría a la clase política.

Los dirigentes de los partidos son, junto a los periodistas y a buena parte del mundo educativo y cultural, los culpables de que los vínculos afectivos entre los ciudadanos se estén rompiendo a gran velocidad y de manera harto difícil de recomponer en el plazo de una generación.  

Artur Mas, líder de CiU y presidente regional catalán:

“Ha habido un enfriamiento claro desde la óptica constitucional por parte de mucha gente en Cataluña, no porque nosotros hayamos querido, sino porque se nos ha ido sacando de ese espíritu a base de políticas cada vez más centralistas y de políticas que nos tienen claramente menos en cuenta. Cada vez estaremos más separados de España. Se nos excluye. No se nos quiere. Pasan de nosotros. Cada vez más irá creciendo la distancia emocional entre Cataluña y España”.

Josep Sánchez Llibre, portavoz económico de CiU:

“Las formaciones que participamos en el consenso del 78 vamos a ser expulsados de esta Constitución”.

Joan Ridao, portavoz de ERC:

“La reforma de la Constitución es un nuevo golpe de Estado que sigue la estela de la sentencia del Tribunal Constitucional contra el Estatuto catalán. PSOE y PP, tanto monta, monta tanto, han liquidado en una semana la concepción del Estado Social y Democrático de Derecho”.

Editorial del periódico El Punt-Avui:

“A raíz de esta situación los partidos catalanes que aún no se han entregado a los designios de Madrid tienen la opción de hacer frente a una batalla perdida, como es la del respeto a las otras realidades nacionales, o bien empezar un proceso de desconexión tan medido como se quiera pero inequívoco. En este modelo de estado español, una Cataluña con personalidad propia no cabría aunque quisiera” (Espanya es refunda, i Catalunya?).

Como en los Balcanes, también en Cataluña los dirigentes políticos aplican la técnica de la provocación retórica, que permite caldear el ambiente para poder pasar a la siguiente fase.

Estamos todavía en la primera parte del intento de secesión de las provincias catalanas. Es la fase pacífica y de apariencia democrática, y precisamente por ello va a ser liderada por CiU, que sigue aparentado ser una formación pacífica y democrática.

Pero el nacionalismo es pacífico y de apariencia democrática solo de manera circunstancial. Su estrategia depende en cada caso del momento histórico. Ahora “no toca” actuar como etarras. Más adelante, ya se verá. Porque para el nacionalismo, como para la izquierda, el fin justifica los medios.

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Más información en

Un ejemplo claro de lo poco que le importa a CiU lo que diga la Constitución

 

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