La vileza cotidiana del Gobierno PP y el egoísmo de sus dirigentes críticos

Al PP de Mariano Rajoy le falta tiempo para apoyar las políticas más conspicuas del zapaterismo. Ahora en la ONU, de la mano de Bibiana Aído y con el aborto. Ayer con EpC. Siempre con su sumisión a los valores de quienes tienen como único objetivo destruir nuestro modelo de sociedad.


El Gobierno de Mariano Rajoy no solo está manteniendo el apoyo económico a los programas que propugnan la ideología género en el tercer mundo (el principal instrumento del nuevo colonialismo), sino que quiere reforzar en España políticas  como las promovidas por personajes tan siniestros como Bibiana Aído.

El Ministerio de Ana Mato, uno de los miembros más lamentables del consejo de ministros, se ha reunido con Michelle Bachelet, la representante de ONU Mujeres, para asegurarle que no solo no tocará una coma de la legislación relativista impuesta por el anterior Gobierno socialista, sino que España seguirá siendo el país que más contribuye a los programas coloniales de ideología de género de ONU y para comprometerse a trasladar a nuestro país las últimas ocurrencias del departamento de Naciones Unidas que dirige la expresidenta chilena y asesora la exministra del aborto (Aído vuelve a aparecer en la política española).

A pesar de su abrumadora mayoría absoluta y de que lleva tan poco tiempo en el Gobierno, no hay un solo ámbito de la política nacional en el que el PP no nos haya traicionado:

  • La política antiterrorista.
  • La educación y EpC.
  • La legislación relativista que impregna todas las leyes promulgadas entre 2004 y 2011 y que no se han tocado.
  • La política de nombramientos de altos cargos, desde el Ministerio de Economía hasta RTVE.
  • La fiscalidad.
  • La complicidad con los nacionalismos.
  • La no derogación de la ley del aborto.

Que en el seno del PP la división no se haya explicitado todavía, que no sea pública y manifiesta y no haya empezado a acogotar a Mariano Rajoy y a los dirigentes de este PP desleal con sus electores, empieza a decir muy poco de quienes dicen sentirse incómodos dentro de esa formación.

Empiezo a pensar que a los buenos del PP les preocupa más diseñar la operación de manera que ellos mismos sobrevivan, que regenerar la política nacional.

Otra vez nos falla la clase política. Incluso aquella que parecía convertirse en nuestra última tabla de salvación.

¿A qué demonios estáis esperando?

 

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5 comentarios

  1. Supongo que esto significa dos cosas. Primero, se ha impuesto la cordura en el PP. Segundo, los ciudadanos que están en contra de esas políticas son una minoría. Muy movilizada, pero minoría al fin y al cabo.

  2. Yo lo llamo “pasar a limpio”…

  3. Vivimos tiempos en que o somos radicales (es decir, vamos a la raíz) o no somos nada. El PP es un perfecto hijo de su tiempo, la enésima muestra del nihilismo rampante que nos asola. El reto está en confrontar a la gente con la verdad de lo que nos está ocurriendo.
    De qué nos sirve verdaderamente que resolvamos la crisis económica, de que todos tengamos dinero en el bolsillo, de que haya pleno empleo, de que el consumo se reactive y nuestras exportaciones se disparen y que seamos, en fin, eso que es tan valorado, competitivos, si personalmente cada uno de nosotros vive sumido en la mentira.
    A esto me refería antes cuando decía que va a costar que los mejores prevalezcan. La excelencia no es simplemente un brillante currículum . La excelencia académica o incluso la profesional es sólo un tipo de la misma. El hombre es mucho más que un mero rendimiento de aprendizajes o desempeños. Si no se convierte en una persona plenamente consciente de la dimensión moral que le constituye como de la dimensión moral de la sociedad y el país al que pertenece, entonces de poco nos valdrá a los demás su excelencia.
    El reto en Occidente, y muy en particular en España, es cómo volver a hacer resplandecer la verdad en la realidad social y personal de cada uno. Quien lo haga será un auténtico líder y un auténtico “radical”, en el mejor sentido del término.
    El movimiento 15-M fracasó no sólo porque su más que legítima indignación acabara en manos de la ultraizquierda de toda laya, sino porque sólo fueron capaces de expresar un profundo malestar. No contaban con otra cosa. Pero sólo con malestar no podemos articular acción alguna que no vaya más allá de nuestro dolor. Será catártico, pero resultará impotente. Hay algo muy doloroso en este fracaso social: la inanidad de la ciudadanía, la carencia de recursos para pensar el momento por el que estamos pasando. La sociedad, consciente en cierto grado de su hastío, no consigue definir lo que le ocurre.
    Los católicos que intentamos ser coherentes con toda la doctrina de nuestra fe tenemos mucho que decir en el ámbito político. Un católico de tales características nunca podrá identificarse con esa manida clasificación de derechas e izquierdas. Se supone que habita en nosotros la inquietud por vivir en la Verdad, aunque nunca lo consigamos más que fragmentariamente. Esta inquietud debe tener una traducción en un pensamiento, un compromiso y una acción políticos. Pero para ello no debemos despegarnos lo más mínimo de ella. En este sentido, deberemos ser también radicales. Quien no ponga toda la carne en el asador, es decir, quienes no tengan nada que perder o no lo teman perder, absténganse.
    El reto último sobre el que se apoyan todos los demás es el de presentar a la sociedad que nuestra vida tiene un sentido que trasciende las circunstancias concretas que padecemos, y que tal sentido es un sentido de amor. La moral católica, que tanto odia la izquierda, buena parte de la derecha y una gran proporción de la ciudadanía, es una expresión de amor, y de un amor que nos precede. La conciencia de la propia dignidad y la de cualquier vida humana procede de esta fuente, como la magnífica obra de Cáritas. El cuidado por los débiles no se origina en que poseamos tendencias marxistas. Al contrario, la más genuina consciencia de lo profundamente injusto de la explotación de unos hombres por otros halla su fundamento en nuestra naturaleza de hijos de Dios. Y esto es lo que debemos anunciar y proponer con toda (su) radicalidad. En este sentido, no solo no es una realidad contradictoria la existencia de partidos políticos católicos, es que DEBEN existir.
    (Te pido disculpas por la longitud de mi comentario. Entenderé si no lo publicas o lo recortas).

  4. ¡Cómo no lo voy a publicar! Al contrario, muchas gracias por tu reflexión. Te dejo el enlace de una gente a la que he conocido recientemente y que me parecen muy interesantes e inspiradores, por no decir “copiables”: http://www.christianconcern.com/
    Un saludo.

  5. Gracias, Miguel. El enlace es de lo más interesante. En efecto, este es el espíritu y el desparpajo con el que hay que actuar y presentarnos ante el mundo. Es muy difícil, qué duda cabe, pero ¿tenemos fe o qué? No es irreflexión ni mero activismo: es coherencia. Nada más y nada menos.
    Un saludo, Miguel.

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